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Zacarías 7: Instrucción sobre el ayuno

Zacarías 7:11 Pero no quisieron escuchar, sino que volvieron la espalda y se taparon los oídos para no oir;

Zacarías 7:12 endurecieron su corazón como diamante,[i] para no oir la Ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su espíritu, por medio de los primeros profetas.[j]

Zacarías explicó al pueblo que sus antepasados provocaron el gran enojo de Dios sobre ellos mismos al endurecer sus corazones. Cualquier pecado parece más natural la segunda vez que se comete, cuando nos vamos endureciendo, cada repetición es más fácil de realizar. Pasar por alto o rechazar la advertencia de Dios lo endurece más cada vez que hace algo malo. Zacarías comparó las actitudes provocadas por esto con la sustancia más dura que los judíos conocían: el pedernal. Lea la Palabra de Dios y aplíquela a su vida. Identifíquese con la Palabra de Dios y sométase a ella que puede ablandar su corazón y le permite vivir como debe.

Por tanto, Jehová de los ejércitos se enojó mucho.

Zacarías 7:13 «Y aconteció que, así como él clamó y no escucharon, también ellos clamaron y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos,

Zacarías 7:14 sino que los esparcí como con un torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y la tierra fue desolada tras ellos, sin quedar quien fuera ni viniera; pues convirtieron en desierto la tierra deseable».[k]

Al rehusar poner oídos a la Palabra del Señor, Dios los esparció con torbellino por todas las naciones

Consulta sobre el ayuno por Sion

Consulta de los líderes, 7:1-7. Los líderes de Israel se acercan a los sacerdotes para consultar sobre el ayuno. Resulta irónico que el pueblo de Israel formulara una pregunta como esa. Ellos habían sido enseñados a llevar una vida religiosa apegada a normas estrictas que debían cumplir rigurosamente. Este rigor religioso parece que había producido un vacío espiritual; el ayuno llegó a tener un significado tan pueril que Dios no jugaba ningún papel en todas estas prácticas.

Los ayunos especificados en este capítulo se refieren a ayunos que recordaban hechos trágicos en la vida del pueblo. En el ayuno del mes quinto se recordaba la destrucción de Jerusalén y del templo a manos del rey Nabucodonosor de Babilonia. En el mes séptimo recordaban el asesinato de Gedalías a manos de Ismael, hijo de Netanías, con el cual había muerto también el remanente que había quedado en su tierra.

Además de estos dos ayunos también celebraban ayuno en el mes cuarto, cuando el muro fue destruido y los guerreros salieron huyendo por las brechas del muro, y el ayuno del mes décimo, que lo realizaban para conmemorar el comienzo del ataque contra Jerusalén.

Ninguno de estos ayunos se hacía con el objeto de agradar a Dios; todos fueron para recordar la aflicción, el dolor producido por esos momentos de tragedia nacional. Seguirlos practicando era como seguir viviendo en la desesperación de la derrota. El profeta Zacarías llega para anunciar al pueblo que Jehová se ha acordado de su pueblo; no deben guardar más estos ayunos. Es tiempo de fiesta, de restauración, nadie debería estar en aflicción.

Jehová responde al cuestionamiento con dos preguntas clave que están entrelazadas: las personas cuando comen, ¿lo hacen para su propio beneficio? La respuesta es “sí”; pero cuando ayunan, ¿qué motivación tienen para hacerlo? Si es para recordar las desgracias sufridas, entonces ya no deben seguir esta práctica. El ayuno debía ser practicado como lo enseñaron los profetas que antecedieron a Zacarías. Recordemos la enseñanza de Isaías en el capítulo 58:3-8, en cuanto a que el ayuno debe llevar consigo un cambio de actitud, no caer en el ritualismo que no toma en cuenta la forma de vida que el devoto lleva.

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