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Zacarías 14: Victoria final de Jerusalén

Pastor Lionel

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Los judíos celebraban tres fiestas importantes: la Pascua, que la celebraban en conmemoración de la salida de Egipto, mientras que el Pentecostés era celebrada 50 días después de la Pascua; los oferentes presentaban las primicias a Dios y se celebraba al final de las cosechas; la fiesta de los Tabernáculos se celebraba para recordar el peregrinaje de Israel por el desierto durante 40 años, por el cuidado excepcional de Dios en un medio tan árido como era el desierto. Además servía para concluir el año agrario, con la celebración por la recolección de los frutos del verano.

Todos los pueblos estarán invitados para asistir a esta solemne convocación, no estará limitada al remanente. Simbólicamente aceptar esta invitación es la salvación misma, pero rechazarla también es la condenación misma. Hay invitaciones que no deben ser rechazadas por ningún motivo, y ésta es una de ellas: “¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?”.

Se da la posibilidad de que en el remanente todavía haya gentiles rebeldes que no subirán y que se negarán a asistir; estos son tipificados por Egipto, y sobre ellos caerá la maldición de Jehová. No vendrá la lluvia. En el Oriente la falta de lluvia provocaba una serie de calamidades; la lluvia era símbolo de la misericordia de Dios.

El recuerdo de las diez plagas que afectaron a Egipto permanecieron en la mente de muchas generaciones, pero quizás el castigo más grande para Egipto fue la carencia o la escasez de lluvia porque la vida misma del país dependía totalmente de ella; su sistema de agricultura dependía de las inundaciones que provocaba el río Nilo. La falta de lluvia era símbolo de muerte y desolación como la que vendrá sobre los pueblos que deliberadamente rechacen esta invitación.

Uno de los distintivos de la era escatológica será la consagración total de las personas, animales y objetos a Dios. Las campanillas que llevaban los caballos eran ornamentos, pero a veces eran utilizadas por la superstición. Estas serán transformadas llevando la inscripción Consagrado a Jehová, como una demostración del cambio radical que tendrán los pueblos. Los caballos, que son animales de guerra, servirán para fines sagrados; los utensilios en Judá y en Jerusalén serán tan sagrados como los mismos utensilios del altar.

La adoración sincera no necesitará de elementos físicos o materiales; cada adorador lo hará de corazón, en espíritu y en verdad. Los mercaderes posiblemente se refiera al mercantilismo de los sacerdotes o propiamente a los mercaderes; ninguno de éstos tendrá lugar en la era final. Los evangelistas nos relatan cómo Jesús purificó el templo echando fuera a los que vendían y compraban en el templo y dijo que su casa no sería más cueva de ladrones, sino casa de oración.

Este mensaje final es sumamente impresionante porque eleva el culto ritual a un culto de verdadera adoración, en donde el centro de atención es y será el único y sublime Dios, Jehová de los Ejércitos.

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