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Zacarías 14: Victoria final de Jerusalén

Pastor Lionel

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Comparando la venida gloriosa de Jehová descrita por Zacarías con la segunda venida anunciada por el Señor Jesucristo notamos una gran similitud. La venida será grandiosa, los elementos naturales serán conmovidos, los habitantes de la tierra se darán por enterados al notar la grandeza del rey que ha de venir.

Los santos que vendrán con Jehová es un concepto difícil de explicar en el AT; probablemente se está refiriendo a los ángeles. En la teología del AT los ángeles eran los mensajeros de Jehová, además de formar parte de la corte celestial, así que la venida será la de un rey acompañado por la corte celestial formada por ángeles. Difícilmente está hablando de los santos como los concebimos en el NT porque no había una doctrina bien desarrollada que enseñara sobre la resurrección de los santos y mucho menos que acompañaran al Señor en su venida, aunque bajo la dirección del Espíritu Santo el profeta pudo haber concebido y aceptado por fe que se llevaría a cabo. Es en la enseñanza paulina en donde se menciona claramente la venida de los santos con el Señor, enseñanza que llena de gozo, y que Zacarías pudo percibir por la fe, aunque no de una manera clara.

Del versículo 6 en adelante hay una interrupción brusca. Lo que sigue es la descripción de un solo día. En los versículos anteriores se ha anunciado la venida del día de Jehová, pero no se ha hablado de las características de ese día. La expectativa con respecto a ese día siempre fue de restauración y de gloria, pero el profeta ha dejado hasta el final la descripción breve de cómo será ese día final. He aquí algunas de sus características:

1) Los fenómenos atmosféricos a los que estamos acostumbrados ya no existirán. No habrá día, ni noche, ni frío, ni calor. La luz provendrá de alguna fuente que aún no conocemos. Las leyes naturales que conocemos no gobernarán más; un nuevo orden universal será impuesto.

2) De Jerusalén saldrán aguas vivas para toda la humanidad.

3) Jehová establecerá su reino sobre la tierra.

4) Jehová será el único Dios sobre la tierra.

El libro de Revelaciones 21:23 también nos presenta un cuadro similar al que presenta Zacarías: la gloria de Dios iluminará la ciudad; no habrá necesidad del sol ni de la luna.

El Señor Jesucristo le habló a la mujer samaritana de la necesidad de agua viva, que es una necesidad universal del hombre sin Cristo. El reinado de Dios se enuncia como monoteísmo universal, combinando las características 3 y 4.

Los versículos 10 al 15 nuevamente enfocan la atención en la ciudad de Jerusalén. Si hay algo que caracteriza al profeta es su énfasis sobre Jerusalén, reflejando su teología sacerdotal centrada en el templo. La primera promesa sobre Jerusalén es que será habitada con seguridad y nunca más será destruida. La nueva Jerusalén será tan grande desde Geba, en la tierra de Benjamín, a 10 km al norte de Jerusalén, hasta Rimón ubicada a 56 km al sudoeste de la ciudad. Es sin duda una clara referencia a la nueva Jerusalén del Apocalipsis, no a la ciudad que conoció Zacarías, que sí fue destruida. Quizás la destrucción más cruel que ha conocido el monte de Sion sea la que se registró en el año 70 de nuestra era bajo el mando de Tito.

La condenación que sufrirán los enemigos de Jerusalén, que son enemigos de Dios mismo, será de una plaga mortal que los consumirá aún estando ellos vivos. Esto nos trae a la memoria el mal de nuestro siglo, el SIDA que está consumiendo a un gran número de personas; muchas de éstas han contraído el mal por sus prácticas contrarias a las normas divinas, y se consumen sin que la medicina actualmente pueda hacer algo por ellos.

El gran final del mensaje es la coronación de Jehová como el único Dios de la tierra. Como lo mencionó anteriormente el profeta, el nombre de Jehová será el único, no tanto como nombre, más bien es como el establecimiento de su reino basado en el monoteísmo universal. La escena que presenta el profeta es la representación gráfica del reinado de Dios donde los pueblos, sin distinción de razas, se reunirán para tributar adoración al único que merece toda honra y toda gloria. El profeta, como buen sacerdote, tiene en mente las leyes y los ritos de la religión judía. Los judíos devotos subían cada año a Jerusalén para adorar en el templo, pero nunca se había visto a gentiles desfilar para celebrar la fiesta solemne a Jehová, mucho menos los egipcios, enemigos de los judíos. Pero el mensaje apocalíptico se caracteriza por su universalismo; toda la tierra habrá de abrazar la fe en el único Dios, y la maldición caerá sobre aquellos que se nieguen a hacerlo.

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