Zacarías 10: Jehová redimirá a su pueblo

La vindicación del pueblo tiene algunas facetas interesantes que el profeta pasa a describir en los versículos 6-12. El pueblo de Israel fue objeto de una elección que le concedió privilegios especiales. Los israelitas llegaron a ser el tesoro de Dios; pero si desobedecían, el castigo caería sobre ellos también. Y así sucedió: fueron llevados cautivos a tierras extrañas por causa de su desobediencia; el orgullo nacionalista del pueblo intocable fue pisoteado. Gracias al decreto del rey persa Ciro, declarado en Isaías como “siervo de Jehová”, nuevamente regresan a su tierra como una débil nación. Jehová, cumpliendo su promesa, como un Dios fiel, perdonador y lleno de misericordia, los hizo volver y les concedió nuevamente todos los privilegios anteriores. No todos los que fueron llevados al cautiverio volvieron; muchos se quedaron en tierras extrañas. Ellos también serían restaurados y volverían también a tener los mismos privilegios especiales que tenían antes del cautiverio. Ocuparían un lugar de honor, como héroes. Su corazón se alegraría en Jehová su Dios, y no solo ellos sino también las generaciones futuras se alegrarían y recordarían esta nueva bendición como el segundo éxodo. El Señor mismo los llamaría con un silbido, con el amor tierno de un pastor amante.

En Egipto los israelitas se multiplicaban mucho, de tal manera que los egipcios les tenían miedo. En su tierra prosperaron y se multiplicaron aun más, pero al ser llevados cautivos muchos murieron; el número de los que regresaron era mucho menor, así que la promesa de Dios en la multiplicación del pueblo era un hecho deseado.

Uno de los temas que están muy relacionados con la nación de Israel es el regreso a la tierra de promisión; aun si los padres no pudieran regresar, los hijos sí lo harían. El pasaje dice que serán reubicados en la tierra santa y liberados de sus enemigos, representados en este caso por Asiria y Egipto, los cuales fueron siempre sus enemigos. La justicia de Dios se hará sentir sobre Asiria, humillándolos, y en Egipto el cetro del faraón será quitado como símbolo de humillación. Esta profecía posiblemente se refiera a hechos consumados, pero puede tener aplicación para aquellas naciones que se levanten contra el pueblo de Dios.

Nadie podrá evitar el retorno del pueblo; ni el mar, ni mucho menos el río sagrado de los egipcios como lo era el Nilo. El pueblo será fortalecido para que pueda andar en los caminos del Señor, es decir, en sus preceptos, con lo cual darán gloria al nombre de Jehová.

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