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Marcos 9: La Gloria de la cumbre

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No debemos pasar por alto la importante lección que aquí encontramos. Debemos esforzarnos en hacer bien a nuestros hijos desde sus años más tempranos. Si Satanás comienza tan pronto a hacerles mal, no debemos quedarnos rezagados y ser diligentes en guiarlos a Dios. Cuestión difícil de resolver es fijar a que edad principia un niño a ser responsable de sus acciones; quizás más temprano de lo que nos imaginamos. Una cosa sí que es muy clara de todas maneras: que nunca es demasiado pronto para luchar y orar por la salud de las almas de los niños; nunca demasiado temprano para dirigirnos a ellos y hablarles, como seres morales, de Dios, de Cristo, del mal y del bien. El diablo, estemos seguros de ello, no pierde tiempo en ejercer su influencia sobre las almas de los jóvenes; principia desde que son «niños.» Trabajemos por neutralizarla. Si los corazones juveniles pueden llenarse con el espíritu de Satanás, también podremos llenarlos con el Espíritu de Dios.

En tercer lugar aprendemos en estos versículos como la fe y la incredulidad pueden estar mezcladas en el mismo corazón. El padre del niño establece esta verdad con palabras que conmueven. «Señor,» exclamó, «creo; ayuda mi incredulidad..

Tenemos en estas palabras una vivida pintura del corazón de muchos que son verdaderos cristianos. Pocos se encuentran de los creyentes, en quienes la confianza y la duda, la esperanza y el temor no existan de consuno. Nada es perfecto en un hijo de Dios mientras permanece en el cuerpo. Su conocimiento, su San Marcos amor, y su humildad, son más o menos defectuosos, y están más o menos mezclados de corrupción. Como con las otras gracias, así sucede con la fe cree y a pesar de ello aun le queda un dejo de incredulidad.

¿Qué haremos con nuestra fe? Debemos hacer uso de ella; por débil, trémula y dudosa que sea, usémosla. No esperemos a que sea grande, perfecta y poderosa, sino como el hombre de que nos ocupamos, sirvámonos de ella, y esperemos que será un día más fuerte. «Señor,» dijo, « creo..

¿Qué deberemos hacer con nuestra incredulidad? Debemos resistirle, y orar contra ella. No debemos permitirle que nos aleje le Cristo. Presentémosla a Cristo, como le llevamos todos nuestros pecados y nuestras debilidades, y clamemos a El para que nos salve. Como el hombre que está ahora ante nosotros, exclamemos, «Señor, ayuda mi incredulidad..

Hay verdades de experiencia, y felices son los que las conocen, pues el mundo en general las ignora. Fe é incredulidad, dudas y temores, son necedades y tristerías para el hombre natural. Pero que el verdadero cristiano estudie estas cosas bien y trate de comprenderlas. Es de la mayor importancia para nuestro consuelo saber, que un verdadero creyente es reconocido tal tanto por sus luchas internas, como por la paz de su alma.

Fijemos nuestra atención, por último, en el completo dominio que nuestro Señor ejerce sobre Satanás y todos sus agentes. El espíritu, que era demasiado fuerte para los discípulos, fue inmediatamente lanzado por el Maestro. Habla con autoridad y poder, y Satanás se ve obligado a obedecer. «Te ordeno que salgas de él, y que no vuelvas a entrar en él..

Podemos concluir de meditar sobre este pasaje llenos de consuelo. El que está con nosotros es más grande que todos los que están contra nosotros. Satanás es fuerte, activo, malicioso, incansable, pero Jesús puede salvar a todos los que se acercan a Dios por medio de El, del diablo y del pecado, del diablo y del mundo. Tengamos paciencia, que Jesús vive todavía y no permitirá que Satanás nos arranque de sus manos. Jesús vive todavía, y volverá otra vez a protegernos de los dardos inflamados del maligno. Está preparada la gran cadena, con que Satanás será un día atado. Rev. 20.1. Dentro de breve tiempo el Dios de paz aplastará a Satanás bajo sus pies. Rom_16:20.

Marcos 9:30-37

Marquemos, en estos versículos, que nuestro Señor renueva el anuncio de su próxima muerte, y de su resurrección. «Enseñó a sus discípulos, y les dijo, el Hijo del hombre será entregado en manos da hombres, que lo matarán; y después que él sea muerto, resucitará al tercer día..

Aparente es una vez más la torpeza de los discípulos en comprender las cosas espirituales, tan pronto como se les hizo este anuncio. Algo de bueno había en la noticia, así como también mal aparente; algo de dulce y de amargo, de vida y de muerte, de resurrección y de cruz. Pero todo eso fue oscuridad para los confundidos discípulos. «No entendieron aquellas palabras, y tuvieron miedo de preguntar.» Tenían aún la cabeza llena de ideas equivocadas respecto al reino de su Maestro sobre la tierra. Creían que su reino terrenal iba a establecerse inmediatamente. Nunca nos cuesta más trabajo comprender como cuando preocupaciones y opiniones preconcebidas oscurecen nuestros ojos.

Se descubre en este nuevo anuncio que hace la inmensa importancia de la muerte y de la resurrección de nuestro Señor. Por algo nos recuerda que tenía que morir; deseaba hacernos comprender que su muerte era el gran objeto que se había propuesto al venir a este mundo. Quería recordarnos que con esa muerte quedaría resuelto el gran problema, como Dios podría ser justo, y justificar al mismo tiempo a los pecadores. No vino a la tierra tan solo para enseñar, predicar y hacer milagros; vino para dar satisfacción por el pecado con su propia sangre y sus sufrimientos en la cruz. No olvidemos esto nunca. La encarnación, el ejemplo, y las palabras de Cristo, son de gran importancia; pero el gran objeto que demanda toda nuestra atención en la historia de su ministerio terrenal, es su muerte en el Calvario.

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