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Marcos 9: La Gloria de la cumbre

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Finalmente, las últimas palabras de la voz que se oyó del cielo deben estar siempre presentes a la memoria de todos los cristianos verdaderos. Deben « oír a Cristo.» Es el gran Maestro; los que desean ser sabios deben aprender de El. Es la luz del mundo; los que desean no equivocarse deben seguirlo. Es la cabeza de la iglesia; los que desean ser miembros vivos de su cuerpo místico deben siempre tener la vista fija en EL La gran cuestión que a todos nos interesa más no es tanto averiguar lo que los hombres dicen, o los ministros, lo que la iglesia, o los concilios dicen, sino lo que Cristo dice.

Escuchémoslo. Moremos en EL Apoyémonos en El. Fijemos nuestros ojos en El. El y solo El no nos faltará nunca, nunca nos chasqueará, nunca nos extraviará. Felices los que saben de una manera práctica lo que significa este texto, «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; y Yo les doy la vida eterna ; y nunca perecerán, ni ningún hombre las arrebatará de mis manos.» Juan 10 2Sa_27:28.

Marcos 9:14-29

El contraste entre estos versículos y los precedentes es muy pronunciado. Del monte de la transfiguración pasamos a la narración de una historia melancólica, obra del demonio. Descendemos de la visión de la gloria a una lucha con un poseído de Satanás. Dejamos la compañía bendita de Moisés y Elías para entrar en lucha con los escribas incrédulos. Abandonamos el gusto anticipado de la gloria del milenio para volver a escenas de dolores, debilidades y miseria; para encontrarnos con un muchacho en la agonía, con un padre loco de dolor, con una tropa pequeña de débiles discípulos de quienes Satanás se burla y que no pueden aliviarlo. El contraste, como vemos, es grande; pero no es, sin embargo, sino pálido emblema del cambio de escena a que Jesús voluntariamente quiso someterse, cuando, al despojarse de su gloria, vino a este mundo; y es también la vivida pintura de la existencia de todos los cristianos verdaderos. Para ellos, como para el Maestro, como regla general, se reservan los trabajos, los conflictos, las escenas de angustias y dolores. Para ellos, también, como excepciones se guardan las visiones de la gloria, la contemplación anticipada del cielo, las temporadas en el monte.

Aprendamos en estos versículos cuan dependientes están los discípulos de Cristo de la compañía y ayuda de su Maestro.

Vemos esta verdad presentada en relieve en la escena que se ofreció a la vista de nuestro Señor, cuando bajó del monte. Como Moisés cuando descendió del Sinaí, encuentra a su pequeño rebaño en confusión. Ve a sus nueve apóstoles asediados por una partida de escribas maliciosos, y burlados en su intento de curar a uno que les habían presentado poseído de Satanás. Los mismos discípulos que poco tiempo antes habían hecho muchos milagros, y « lanzado mucho diablos,» se encuentran ahora con un caso muy difícil para ellos. Aprendieron por una experiencia humillante la gran lección, encerrada en estas palabras, «sin mí nada podéis hacer.» Juan 15.5. Era una lección útil, a no dudarlo, y que tendía a su bien espiritual. Probablemente la recordarían todos los días de su vida.

Lo que aprendemos con una experiencia dolorosa se fija en nuestra memoria, mientras se olvidan las verdades que solo nos entran por los oídos. Pero seguro es que fue entonces para ellos una lección muy amarga. No nos gusta saber que nada podemos hacer sin Cristo.

No tenemos que ir muy lejos a buscar comprobantes de esta verdad en la historia del pueblo de Cristo en todas épocas. Los mismos que en una época hicieron grandes cosas en la causa del Evangelio, en otra fracasan por completo, y parecen débiles y mudables como el agua. Las retractaciones temporales de Cranmer y de Jewell son ejemplos muy notables de lo que venimos probando. El más santo y el mejor de los cristianos no tiene nada de que gloriarse. La fuerza que posee no es suya; nada tiene que no haya recibido, y solo tiene que provocar al Señor para que lo abandone por algún tiempo, y descubrirá pronto que su poder se ha desvanecido. Como Sansón, cuando tenía el cabello cortado, es tan débil como otro hombre cualquiera.

Aprendamos una lección de humildad en el fracaso de los discípulos. Procuremos robustecer en nosotros cada día más la convicción de la necesidad que tenemos de la gracia y de la presencia de Cristo. Con El probable es que todo lo podamos; sin El es seguro que nada podemos realizar. Con El venceremos las mayores tentaciones, y sin El la más pequeña nos dejará vencidos Clamemos todas las mañanas pidiéndole a Dios que « no nos deje abandonados a nosotros mismos;»diciéndole que no sabemos lo que en un día puede acontecemos,» que «si no nos acompañas con tu presencia no podemos ascender..

Aprendamos, en segundo lugar, en estos versículos, cuan temprano en la vida estamos expuestos a ser dañados por Satanás. Leemos aquí una descripción terrible de las miserias que Satanás ocasionó al joven de quien se habla en este pasaje; y se nos dice que sus sufrimientos comenzaron desde su infancia; el mal le principió «siendo niño..

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