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Un hombre y una mesa

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El origen de las “cosas” es por completo la obra de los que imaginan, de los que piensan, quieren, inventan. El concepto mismo de “cosa” tanto como sus propiedades, incluso “el sujeto” es algo creado de esta forma, una “cosa” como todas las otras: una simplificación para designar la fuerza que pone, interpreta, piensa, como tal, a diferencia de todo poner, inventar, pensar, singular y aislado.

“Tengo una preciosa mesita de caoba, me la hizo mi ex-suegro; era ebanista, murió hace dos años; no la hizo para su hijo sino para mí, por eso está en mi poder. Esa mesita a mí me habla y yo la amo, cuando la miro veo en ella, no el objeto brillante y valioso, veo a la persona que encontró en un vertedero de basura un trozo de madera hecho trizas, que lo recogió y, con mimo, lo restauró, lo limó y lijó hasta conseguir una materia prima bellísima, de la que pensó hacerme esta mesita, en la que su brillo refleja al hombre flaco y encorvado por la edad, al hombre tremendamente bueno y generoso que charlaba conmigo contándome sus sufrimientos en la vida y la belleza de su esposa.

Y, casi no necesitaba hablar, en su rostro se palpaba la desgracia de un hombre que combatió en la guerrra civil española, ese mismo rostro se iluminaba sonriente recordándome a su mujer cuando era su novia: era la mujer más hemosa del mundo y seguía siéndolo pese a sus setenta y cinco años; Fany -me decía- ¿tú has conocido a otra mujer como ésta? y me acostumbró a mirarla con sus ojos ….. Esa mesita, no tiene precio.”

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