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Tito 2: El carácter cristiano

Pastor Lionel

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Aquí se establecen las cualidades que las caracterizan. Su porte debe ser el que corresponde a las que se dedican a las cosas sagradas. Como bien se ha dicho: «Deben aportar a la vida diaria el porte de las sacerdotisas en un templo.» Como decía Clemente de Alejandría: «El cristiano debe vivir como si toda la vida fuera una convocación sagrada.» Es fácil comprender la diferencia que harían a la paz y a la comunión de la Iglesia el que se recordara siempre que nos dedicamos a cosas santas.

Mucho de las discusiones amargadas y de las suspicacias y la intolerancia que caracterizan tan a menudo las actividades de las iglesias se desvanecería como la niebla al salir el sol. No deben divulgar historias difamatorias. Es una pésima característica de la naturaleza humana el que la mayor parte de la gente prefiere escuchar y repetir una historia maliciosa antes que una que haga pensar bien de alguien. No es mala resolución el comprometernos interiormente a no decir nada en absoluto acerca de nadie a menos que sea una cosa buena.

Las ancianas deben enseñar y entrenar a las más jóvenes. Algunas veces parece que el único don que les aporta la experiencia a algunos es el de echar un jarro de agua fría a los sueños y los planes de los demás. Es un deber cristiano el usar siempre la experiencia para guiar y animar, y no para acobardar y desalentar.

Las mujeres más jóvenes

A las mujeres más jóvenes se las exhorta a dedicarse a sus maridos e hijos; a ser prudentes, castas, buenas amas de casa; a portarse bien con sus criadas y obedecer a sus maridos; y el objeto de tal conducta es que nadie tenga razones para hablar mal de la Palabra de Dios.

En este pasaje tenemos algo coyuntural y algo que tiene un carácter permanente. En el antiguo mundo griego la mujer respetable llevaba una vida completamente recluida. Tenía sus propias habitaciones en la casa, y rara vez salía de ellas, ni siquiera para comer con los varones de la familia; y no entraba en sus habitaciones nada más que su marido. Nunca asistía a las asambleas y las reuniones públicas; rara vez aparecía en la calle, y desde luego nunca sola. De hecho se ha dicho que una mujer no tenía ninguna manera decente de ganarse la vida. Ningún oficio ni profesión le estaban permitidos; si trataba de ganarse la vida, no tenía más salida que la prostitución. Si las mujeres de la Iglesia hubieran salido de repente al mundo rompiendo las limitaciones impuestas desde siempre, el único resultado habría sido el descrédito de la Iglesia y el que se dijera que el Cristianismo corrompía a las mujeres. La vida que se les fija aquí parece estrecha y limitada; pero hay que leer esto sobre el trasfondo de las circunstancias de aquel tiempo.

En ese sentido este pasaje tiene un carácter temporal; pero en otro sentido tiene un carácter permanente. Es un hecho que no hay tarea, responsabilidad ni privilegio más importante que el de formar un hogar. Puede ser que, cuando las mujeres están agobiadas bajo la carga de las mil y una responsabilidades que conllevan el hogar y los hijos, digan: «Si me pudiera librar de todo esto, podría vivir una vida realmente religiosa.» Pero es un hecho que no hay ningún lugar en el mundo donde se pueda vivir una vida realmente religiosa mejor que en el hogar. En último análisis no hay carrera más importante que la de hacer un hogar. A muchos hombres que han llegado lejos en su profesión y en su vida, les ha sido posible sencillamente porque había alguien en casa que los amaba y los atendía. Es infinitamente más importante el que la madre esté en casa para acostar a sus hijos y oírles decir sus oraciones, que el que asista a todas las reuniones públicas y de la iglesia del mundo.

Los hombres más jóvenes

De la misma manera, impón a los hombres más jóvenes el deber de la prudencia. El deber de los hombres más jóvenes se resume en una sola frase, aunque henchida. Se les encarga recordar el deber de la prudencia. Como ya hemos visto, el que es prudente, sófrón, tiene la cualidad personal que mantiene la vida a salvo. Tiene la seguridad que viene de tener todas las cosas bajo control.

La juventud es por necesidad un tiempo de peligros.

(i) En la juventud se tiene la sangre más caliente y las pasiones pretenden dar las órdenes. La marea de la vida fluye más arrolladoramente en la juventud, y amenaza con arrasarlo todo, incluida la propia persona.

(ii) En la juventud se tienen más oportunidades de cometer errores. Los jóvenes se encuentran en los ambientes en los que la tentación habla con voz más dominante. A menudo tienen que estudiar o que trabajar lejos de casa y de las influencias que los pueden proteger. No han asumido todavía las responsabilidades del hogar y la familia, ni se han cargado con las hipotecas de la fortuna; todavía no poseen el timón y las anclas que mantienen a los mayores en posición o en ruta mediante un simple sentimiento de obligación. En la juventud hay muchas más oportunidades de naufragar en la vida. En la juventud se tiene a veces la confianza que viene de la falta de experiencia. En casi todas las esferas de la vida, un joven será más temerario que sus mayores, por la sencilla razón de que todavía no ha descubierto todas las cosas que pueden fallar.

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