Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Tito 1: Las fuentes del apostolado

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Los puros de corazón

Por esa misma razón corrígelos con severidad para que crezcan sanos en la fe y no presten atención a fábulas judías ni a reglas y normas hechas por los hombres que se empeñan en volver la espalda a la verdad. «Todas las cosas son limpias para los limpios.» Pero a los que están contaminados por la incredulidad nada les es limpio, porque tienen contaminadas la mente y la conciencia. Profesan conocer a Dios, pero lo desmienten con sus obras, porque son repulsivos y desobedientes e inútiles para ningún trabajo.

La peculiaridad de la fe judía era la multiplicación de reglas y normas. Esto, lo otro y lo de más allá estaban catalogados como inmundos; este, ese y aquel alimentos se mantenía que eran tabú. Cuando se aliaban el judaísmo y el gnosticismo, hasta el cuerpo se volvía inmundo, y los instintos naturales del cuerpo se tenían por malos. El resultado inevitable era que se estaban creando constantemente listas interminables de pecados. Era pecado tocar esto o aquello; o comer este o aquel alimento; hasta casarse y tener hijos era pecado. Cosas que eran buenas en sí mismas o completamente naturales se consideraban inmundas.

Así es que Pablo acuña el gran principio: « Todas las cosas son limpias para los limpios. » Ya había dicho eso, hasta más enfáticamente, en Romanos 14:20, cuando dijo a los que estaban discutiendo interminablemente acerca de alimentos limpios e inmundos: «Todas las cosas son limpias.» Puede que esta frase no sea sólo un proverbio, sino un dicho de Jesús. Cuando estaba hablando de las innumerables reglas y normas de los judíos dijo: «Nada hay fuera de la persona que la pueda contaminar entrando en ella; pero lo que sale de la persona, eso es lo que la contamina» (Marcos 7:15).

Lo que cambia las cosas es el corazón. Si uno es puro de corazón, todas las cosas le son puras; si es inmundo de corazón, entonces hace inmundo todo lo que piensa o dice o toca. Este es un principio que expresaron a menudo los grandes autores clásicos. « A menos que el vaso esté limpio -decía Horacio-,todo lo que eches en él se corromperá.» Y Séneca decía: «Lo mismo que un estómago enfermo altera la comida que recibe, así una mente tenebrosa convierte todo lo que le confías en su propia carga y ruina. Nada puede venirle a las personas que son malas que sea un bien para ellas; no, ni nada puede venirles que no les haga daño. Vuelven de su misma naturaleza todo lo que los toca. Y hasta las cosas que serían de provecho a otros, les resultan dañinas.» El que tiene una mente sucia lo ve todo sucio. Puede tomar las cosas más inocentes, y cubrirlas de tizne. Pero el que tiene la mente limpia, encuentra limpias todas las cosas.

Se dice de aquellos hombres que tenían contaminadas tanto la mente como la conciencia. Una persona llega a sus decisiones y conclusiones usando dos facultades. Una, la inteligencia, para pensar las cosas; y otra, la conciencia, para escuchar la voz de Dios. Pero si tiene la inteligencia pervertida hasta tal punto que no ve más que el lado sucio de todo, y si tiene la conciencia oscurecida y enmudecida por consentir continuamente el mal, no puede tomar ninguna decisión correcta.

Cada uno tiene que mantener limpio el escudo blanco de su inocencia. Si deja que la impureza le infecte la mente, lo verá todo a través de una niebla sucia. La mente le ensuciará todos los pensamientos que entren en ella; la imaginación le llenará de concupiscencia todas las imágenes que forme; malentenderá todos los motivos; le dará un doble sentido a todo lo que se diga. Para huir de esa impureza debemos caminar en la presencia purificadora de Jesucristo.

La vida fea e inútil

Cuando una persona cae en ese estado de impureza, puede que conozca a Dios intelectualmente, pero su vida desmiente ese conocimiento. Aquí se especifican tres cosas acerca de esa persona.

(i) Es repulsiva. La palabra original es bdelyktós, que se usa especialmente para caracterizar las imágenes y los ídolos paganos. Es la palabra de la que se deriva bdélygma, abominación. Hay algo repelente en la persona que tiene una mente obscena, que hace chistes lascivos y es un maestro en insinuaciones sucias.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Saber escuchar

Una pareja celebraba sus bodas de oro, y estuvieron todo el dí­a de fiesta, celebrando con cantidad de familiares y amigos que acudieron a felicitarle.

Artículo Completo

El jardinero

Se trataba de un científico serio. Le habían pedido que estudiara los problemas de una planta de rosa que estaba pasando por dificultades en su

Artículo Completo