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Surgimiento de Juan el Bautista

El mensaje de Juan: la demanda

En la predicación de Juan había una demanda básica: «¡Arrepentíos!» 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 3:2. Esa fue también la demanda básica del mismo Jesús, que inició Su ministerio proclamando: «¡Arrepentíos y creed la Buena Noticia!» Marcos 1:15. Haremos bien en tratar de entender lo que quiere decir esta demanda básica del Rey y de Su heraldo.

Hay que advertir que tanto Jesús como Juan usan la palabra arrepentíos sin explicar su significado. La usan con la seguridad de que los oyentes la conocen y entienden. Veamos cuál era la doctrina judía acerca del arrepentimiento. Para los judíos, el arrepentimiento era algo esencial en toda fe religiosa y en toda relación con Dios. G. F. Moore escribe: «El arrepentimiento es la sola, pero inexorable, condición para recibir el perdón de Dios y ser restaurados a Su favor, y el perdón y el favor divino nunca se le niega al que está genuinamente arrepentido.» Y también escribe: «Que Dios remite plena y gratuitamente los pecados del penitente es una doctrina cardinal del judaísmo.» Los rabinos decían: «Grande es el arrepentimiento, porque trae sanidad al mundo. Grande es el arrepentimiento, porque alcanza al trono de la gloria.» C. G. Montefiori escribió: «El arrepentimiento es el gran nexo mediatorial entre Dios y el hombre.»

La Ley fue creada dos mil años después de la Creación; pero los rabinos enseñaban que el arrepentimiento era una de las seis cosas que fueron creadas antes que la Ley; las seis eran: el arrepentimiento, el paraíso, el infierno, el glorioso trono de Dios, el templo celestial y el nombre del Mesías. «Uno -puede disparar una flecha a unos pocos estadios, pero el arrepentimiento alcanza hasta el trono de Dios.»

Hay un famoso pasaje rabínico que coloca el arrepentimiento por delante de todo lo demás: «¿Quién es como Dios un maestro de pecadores que los conduce al arrepentimiento?» Recorriendo las distintas partes del Antiguo Testamento, le preguntaron primero a la Sabiduría: «¿Cuál será el castigo de los pecadores?» La Sabiduría contestó: «El mal persigue a los pecadores» Proverbios 13:21. Entonces le preguntaron a la Profecía; y esta contestó: «El alma que peque esa morirá» Ezequiel 18:4. Después le preguntaron a la Ley, que contestó: «Que ofrezca un sacrificio» Levítico 1:4. Por último Le preguntaron directamente a Dios, y Él contestó: «Que se arrepienta, y obtendrá la expiación. Hijos Míos, ¿qué es lo que Yo os pido? Buscadme y viviréis Amós 5:4.»

Así es que, para los judíos, la única puerta de acceso a Dios es la del arrepentimiento. La palabra hebrea que se usa corrientemente para el arrepentimiento es teshúbá, que es el nombre de la raíz shúb que quiere decir volver. Arrepentirse es volverle la espalda al pecado y volverse hacia Dios.

George Fletcher Moore escribe: «El sentido primario transparente del arrepentimiento en el judaísmo es siempre un cambio de actitud del hombre hacia Dios; y, en la conducta de la vida, una reforma religiosa y moral del pueblo y del individuo.» C. G. Montefiore escribe: «Para los rabinos, la esencia del arrepentimiento radicaba en un total cambio de mentalidad tal que conducía a un cambio de vida y de conducta.» El cordobés Maimónides, la mayor autoridad judía de la Edad Media, define así el arrepentimiento: « ¿Qué es el arrepentimiento? Es que el pecador abandona su pecado y lo arroja de sus pensamientos y decide totalmente en su mente no cometerlo otra vez. Como está escrito: «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos» Isaías 55:7.

G. F. Moore señala muy interesante y certeramente que: «El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora por la cual el pecador, movido por un sincero sentimiento de pecado, y aprehensión de la misericordia de Dios (en Cristo), se vuelve de veras, con dolor y aborrecimiento de su pecado, se vuelve de él a Dios, con pleno propósito y esfuerzo de nueva obediencia.»

Una y otra vez la Biblia habla de este volver la espalda al pecado, y este volverse hacia Dios. Ezequiel lo expresa diciendo: «Vivo Yo, dice el Señor Dios, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino y que viva. ¡Volveos, volveos de vuestros malos caminos! ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?» Ezequiel 33:11. Jeremías 31:18 lo expresa de la siguiente manera: «Conviérteme, y seré convertido, porque Tú eres el Señor mi Dios». Y Oseas dice: «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios… Llevad con vosotros palabras de súplica, volved al Señor» Oseas 14:1.

En todo esto se ve claramente que, en el judaísmo, el arrepentimiento incluye una demanda ética. Es un volverse del mal hacia Dios, con un cambio correspondiente de conducta. Juan estaba claramente enmarcado en la tradición de su pueblo cuando demandaba que sus oyentes produjeran frutos dignos del arrepentimiento. Hay una hermosa oración sinagoga que dice: «Haznos volver, oh Padre, a Tu Ley; acércanos, oh Rey, a Tu servicio; devuélvenos a Tu presencia en perfecto arrepentimiento. Bendito seas Tú, oh Señor, que Te deleitas en el arrepentimiento.» Pero ese arrepentimiento había de mostrarse en un verdadero cambio de vida.

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