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Santiago 3: Importancia de dominar la lengua

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(iii) Es demoníaca. Su origen no está en Dios, sino en el demonio. Crea la clase de situaciones que le gustan al demonio, no a Dios. Santiago pasa a describir esta sabiduría arrogante y agresiva por sus efectos. Lo más característico de ella es que desemboca en desorden. Es decir: en lugar de relacionar a las personas, las separa; en vez de producir la paz, produce incompatibilidad y enemistad. Hay una clase de personas que son indudablemente inteligentes y que tienen una mente aguda y una lengua hábil; pero sus efectos, a pesar de todo, en cualquier compañía (ya sea una junta directiva, una iglesia o cualquier grupo) son siempre actitudes que causan problemas y que hacen difíciles las relaciones personales. Es humillante el tener que reconocer que la sabiduría que despliegan esas personas es demoníaca más que divina.

…pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios, llevan ante todo una vida pura; y además son pacíficos, bondadosos y dóciles. Son también compasivos, imparciales y sinceros, y hacen el bien, los que procuran la paz, siembran en paz para recoger como fruto la justicia.

La sabiduría que procede de lo Alto es, en primer lugar, pura; también, pacificadora, considerada, dispuesta a ceder, llena de misericordia y de buenos frutos, sin doblez ni hipocresía. Porque la semilla que en su día produce la cosecha que lleva consigo la integridad sólo se puede sembrar cuando las relaciones humanas son como es debido, y por aquellos cuya conducta produce esas relaciones.

Los sabios judíos siempre estuvieron de acuerdo en que la verdadera sabiduría venía de Arriba. No era un logro humano, sino un don de Dios. El libro de la Sabiduría describe a esta sabiduría como «el aliento del poder de Dios, y una influencia pura que fluye de la gloria del Todopoderoso» (Sabiduría de Salomón 7:25). El mismo libro Le pide a Dios: «Dame la sabiduría que se sienta junto a Tu trono» (Sabiduría 9:4); y otra vez: «Oh, envíala desde Tu santo Cielo, y desde el trono de Tu gloria» (Sabiduría 9:8). Ben Sirá empezó su libro con la frase: «Toda sabiduría viene del Señor, y está con Él para siempre» (Eclesiástico 1:1); y hace decir a la Sabiduría: «Yo procedía de la boca del Altísimo» (Eclesiástico 24:3). Los sabios judíos proclamaban a una voz que la sabiduría les viene a los seres humanos de Dios. Santiago usa ocho palabras para describir esta sabiduría, en cada una de las cuales hay toda una escena.

(i) La verdadera sabiduría es pura. En griego, hágnos y el sentido de esa raíz contiene la idea de suficientemente puro para acercarse a los dioses. En un principio tenía sólo un sentido ceremonial, y se refería exclusivamente a la persona que había pasado por el ritual correcto de la purificación. Así, por ejemplo, Eurípides hace decir a uno de sus personajes: «Mis manos están purificadas, pero mi corazón no.» En esta etapa, hágnos describe una pureza ritual, pero no necesariamente moral; pero, conforme el tiempo fue avanzando, llegó a describir la pureza moral que es necesaria para tener acceso a los dioses. A la entrada del templo de Esculapio en Epidauro había esta inscripción: «El que quiera entrar este templo divino debe ser puro (hágnos); y la pureza consiste en tener una mente que sólo tiene pensamientos santos.» La verdadera sabiduría está tan limpia de todo motivo bastardo o egoísta que ha llegado a ser suficientemente pura para ver a Dios. La sabiduría humana desearía escapar de la vista de Dios; la verdadera sabiduría puede soportar Su escrutinio.

(ii) La verdadera sabiduría es eirénikós. Hemos traducido pacificadora, pero tiene un sentido muy especial. Eiréné quiere decir paz, y cuando se usa en un contexto humano tiene el sentido básico de la correcta relación entre hombre y hombre y entre hombre y Dios. La verdadera sabiduría produce relaciones correctas. Hay una clase de sabiduría aguda y arrogante que separa a las personas, y que hace que se mire con desprecio a los demás. Hay también una clase de sabiduría cruel que se deleita en asaetear a otras personas con palabras agudas e hirientes. Y hay una clase de sabiduría depravada que aparta seductoramente a las personas de su lealtad a Dios. Pero la verdadera sabiduría atrae a las personas más cerca de sus semejantes y de Dios.

(iii) La verdadera sabiduría es epieikés. Esta es la palabra griega más difícil de traducir de todas las del Nuevo Testamento. Aristóteles la definía como «lo que está más allá de la ley establecida» , y como cuna justicia que es mejor que la justicia,» y como «aquella actitud que interviene para corregir las cosas cuando la misma ley se hace injusta.» La persona que es epieikéses la que sabe cuándo sería injusto aplicar la estricta letra de la ley. Sabe perdonar cuando la justicia implacable le da perfecto derecho a condenar. Sabe hacer concesiones, no insistir en sus derechos, temperar la justicia con la misericordia, acordarse siempre de que hay cosas en el mundo que son más importantes que las normas y las reglas. Es prácticamente imposible encontrar una palabra castellana que traduzca esta cualidad. Matthew Amold la llamaba en inglés «sweet reasonableness», ser «dulcemente razonable» -, y es la habilidad de extender a los demás la amable consideración que querríamos que se tuviera con nosotros.

(iv) La verdadera sabiduría es eupeithés. Aquí tenemos que escoger entre dos significados.

(a) Eupeithés puede que quiera decir siempre listo para obedecer. La primera de las leyes para la vida de William Law era: «Tener bien grabado en la mente que no tengo más que una empresa entre manos: buscar la felicidad eterna haciendo la voluntad de Dios.» Si tomamos la palabra en este sentido, quiere decir que la persona verdaderamente sabia está dispuesta a obedecer siempre que le llegue la voz de Dios.

(b) Eupeithés puede querer decir fácil de persuadir, no en el sentido de ser voluble y manejable, sino en el de no ser testarudo y atender a razones. Viniendo como viene a continuación de epieikés, probablemente tiene este segundo significado. La verdadera sabiduría no es rígida, sino está dispuesta a tomar las cosas en consideración, y es experta en saber cuando tiene que ceder sabiamente.

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