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Salmos 12: Clamor por ayuda ante los malos

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Salmos 12:1 Sálvanos, Señor, pues ya no hay creyentes fieles; ya no hay hombres sinceros.

Salva : Es algo triste cuando los hombres y mujeres de Dios no ejercen influencia sobre su comunidad.

Vivir para Dios en un mundo engañoso puede ser una batalla difícil y solitaria. En un momento, el gran profeta Elías se sintió tan solo que quiso morir. Pero Dios le dijo que quedaban otros siete mil siervos fieles. Nunca estamos solos en nuestra batalla en contra del mal. Cuando se sienta solo, busque a otros creyentes de los que pueda obtener fortaleza y apoyo.

Salmos 12:2 Unos a otros se mienten; hablan con hipocresía y doble sentido.

Habla mentira : Comentarios calumniosos y rumores escandalosos no son cosa propia del creyente.

Podemos vernos tentados a creer que las mentiras son relativamente inofensivas, hasta incluso pueden parecernos útiles en algún momento. Pero Dios no pasa por alto el engaño, la adulación, el alarde y las mentiras. Cada uno de estos pecados surgen de una mala actitud que a la larga se expresa con palabras. La lengua puede ser nuestro mayor enemigo; aunque pequeña, puede hacer un gran daño. Tenga cuidado con la forma en que utiliza la suya.

Salmos 12:3 Arranca, Señor, de raíz a los hipócritas y fanfarrones,

Salmos 12:4 a los que dicen: «Con tener boca nos basta; nuestra lengua nos defiende. ¿Quién se atreve a darnos órdenes?»

Salmos 12:5 Esto ha dicho el Señor: «A los pobres y débiles se les oprime y se les hace sufrir. Por eso voy ahora a levantarme, y les daré la ayuda que tanto anhelan.»

Dios cuida del débil y necesitado. Aquí promete proteger al oprimido y confrontar a sus opresores. Deberíamos identificarnos con la actitud de Dios. Su trabajo no está concluido hasta que nosotros nos interesemos por las necesidades de los pobres.

La falta de respeto a la autoridad y la autosuficiencia (v. 4) no son expresiones de independencia; conducen a excesos y a una conducta irresponsable que traen como consecuencia la opresión de otras personas.

Salmos 12:6 Las promesas del Señor son puras; ¡son como la plata más pura, refinada en el horno siete veces!

Dios hablará en favor del pobre; tenemos la garantía de sus palabras

La sinceridad y la verdad son extremadamente valiosas porque no abundan. Muchas personas engañan, mienten, adulan. Creen que obtendrán lo que quieren por medio del engaño. Como rey, David seguramente se enfrentó con personas que esperaban ganar favores y ascensos por medio de la adulación. Cuando sintamos que la sinceridad y la verdad ya casi no existen, tenemos una esperanza: la Palabra de Dios. Las Palabras de Dios son tan puras como la plata refinada. Así que escuche con cuidado cuando El hable.

Salmos 12:7 Tú, Señor, nos cuidarás; ¡siempre nos protegerás de tales gentes!

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