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Salmo 51: Oración de arrepentimiento

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El salmista claramente acepta su propia responsabilidad, pues el pronombre mí o mis se usa siete veces en los versículos 1-3. En contraste el versículo  4 enfatiza ti y tú, pues el pecado ofendió a Dios. El primer paso a la verdadera penitencia es reconocer sus pecados y su propia responsabilidad delante de Dios.

La grandeza de la gracia solamente se experimenta cuando uno entiende la seriedad del pecado. Por eso David dice contra ti solo he pecado… . No es que no haya pecado contra seres humanos también, pero está enfatizando que lo principal es haber pecado contra el Dios justo y puro. Hemos de recordar que nuestro cuerpo pertenece a Dios y nuestro prójimo está hecho a la imagen de Dios.

En maldad he nacido. En el profundo conocimiento de Dios el pecado como ofensa particular señala hacia lo más profundo que es la perversa tendencia de la voluntad humana. Como dijo Calvino, esta “naturaleza pecaminosa” se extiende a cada parte del alma, tanto la mente como el corazón han Ilegado a ser completamente corrompidos.

El versículo  6 muestra que Dios penetra hasta lo más íntimo del ser. Calvino tenía razón en decir que para ser aprobado por Dios lo último del corazón tiene que ser purificado. Los pecados que se mantienen en secreto también desagradan a Dios.

Restauración

En este párrafo el salmista de nuevo pide limpieza, pide restauración, pide que Dios olvide sus pecados, pide un cambio en su vida, una comunión constante con Dios y gozo.

El hisopo fue usado en la Pascua para aplicar la sangre del cordero al dintel y postes de la casa. También se usaba en la limpieza ritual del leproso y para la purificación del que tocara a un muerto. La petición lávame nos hace recordar Isaias 1:18. Ciertamente la redención y la limpieza de pecados es el tema central de la Biblia.

Hazme oír es lit. “me harás oír”. ¡Qué importante es el perdón de pecados! ¡Y qué bendición la seguridad del perdón de pecados! Los que hemos sido creyentes muchos años a veces olvidamos la angustia y la inseguridad que otros viven. Pero el creyente también, cuando peca, sufre la falta de comunión con Dios; por eso el salmista lo expresa con la figura de huesos que has quebrantado, y pide de nuevo que Dios borre todas mis maldades.

La obra de restauración empieza con el perdón, pero además hace falta un cambio interno. Sólo Dios puede crear un corazón nuevo y puro. Renueva un espíritu firme o “noble” (no habla del Espíritu Santo sino de la vida interior) nos hace recordar 2Corintios 5:17, que en Cristo somos una nueva creación. El salmista reconoce que no puede hacer lo bueno por sus propios esfuerzos.

No me eches…. Este versículo puede indicar que David recordaba lo que había pasado a Saúl: Dios lo rechazó de ser rey, del servicio que Dios le había dado. No hay nada más lindo que ser útil a Dios para la bendición y salvación de otros, y el salmista lo sabía.

La segunda parte del versículo nos trae el tema de la obra del Espíritu Santo en el AT. Por cierto el AT no nos da muchos detalles en cuanto a la actividad del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. Nos habla de la unción especial para servicio especial como hacer el tabernáculo, o profetizar. o ser ungido como rey. Pero su actividad seguramente no estaba limitada a estos casos especiales. Creemos que tuvo un ministerio con todos los creyentes, como indicaría este Salmo. A la vez, hemos de reconocer que algo nuevo sucedió en el día de Pentecostés. Los mismos profetas miraron hacia el día cuando el Nuevo Pacto incluiría esta obra del Espíritu Santo en formar en cada creyente un nuevo corazón.

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