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Salmo 129: Las tribulaciones de Israel

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El versículo 2 es una nota de victoria, no han prevalecido. “No pudieron contra mí”. El versículo 4 amplía esta nota de victoria. Jehová es justo, es fiel a su pacto con su pueblo. La metáfora, cortó las cuerdas… puede tener doble significado. Por un lado señala que Dios liberó a los oprimidos, como el buey es librado cuando se cortan las cuerdas del arado. También señala que Dios cortó el poder de los angustiadores.

La figura de “arar sobre las espaldas” indica sufrimiento horrible. Isaías usa una figura semejante en 1:6 y en 50:6 la misma figura describe el sufrimiento del Siervo de Jehová, lo que nos hace recordar cuánto el Mesías sufrió por nosotros.

Las opresiones hicieron daño físico a los israelitas, pues los golpes de los capataces hicieron surcos en sus espaldas. Pero nunca acabaron con el pueblo de Dios, porque Dios es justo y fiel. Su pueblo ha sobrevivido a través de más de 30 siglos. Una vez preguntaron a Martín Lutero cómo se puede comprobar que la Biblia es la Palabra de Dios. Su respuesta fue: “los judíos”.

Dios defiende a su pueblo

Esta estrofa es una oración de confianza en la acción justa de Dios. La forma imprecatoria provoca interrogantes. Hemos de tomar en cuenta que el salmista no toma venganza sino pide que Dios haga justicia. El lenguaje nos sirve bien en la batalla contra las fuerzas malignas; podemos pedir su derrota. La gran respuesta, y la única, a esta oposición es la oración.

Los impíos en el versículo 4 y los que aborrecen a Sion en el versículo 5 hacen un eslabón entre las dos estrofas. Los verbos de los versículos 5 y 6, sean… sean, pueden ser traducidos como subjuntivos, como en RVA, o como indicativos, “serán”. Es claro que el pueblo está orando, intercediendo, por la derrota de los enemigos y por la victoria de su ciudad. Lo que Dios ha hecho en el pasado les da confianza para el futuro.

El salmista usa figuras dinámicas. La hierba que crece en las pequeñas roturas de los techos, se seca en seguida; así son los que se oponen a Dios, los que no beben de la fuente de agua viva.

El versículo 7 sigue explicando lo inútil de aquella vida en enemistad contra Dios; no da fruto, es estéril. Y, según el versículo 8, tales personas no pueden bendecir a nadie. Dios quiere que sus hijos se bendigan unos a otros y oren unos por otros, pero los impíos no pueden gozar de este gran privilegio.

La última frase, os bendecimos… podría ser parte de la oración anterior; pero es mejor verla como una bendición de los que están cantando el Salmo. Los enemigos de Dios no os pueden bendecir, pero nosotros os bendecimos en el nombre de Jehová.

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