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Salmo 123: La humillación del pueblo de Dios

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Salmo 123:1  Cántico de ascenso gradual. A ti levanto mis ojos, ¡oh tú que reinas en los cielos!

El salmista levantó sus ojos a Dios, observándolo y esperando que enviara su misericordia. Mientras más esperó, más clamó a Dios porque sabía que el mal y la soberbia no ofrecen ninguna ayuda, solo menosprecian a Dios.

Salmo 123:2  He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor, como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran al SEÑOR nuestro Dios hasta que se apiade de nosotros.

Salmo 123:3  Ten piedad de nosotros, oh SEÑOR, ten piedad de nosotros, porque muy hartos estamos de desprecio.

Salmo 123:4  Harta en extremo está nuestra alma del escarnio de los que están en holgura, y del desprecio de los soberbios

Las palabras de menosprecio y escarnio hieren a veces nuestros sentimientos más que las heridas de la carne.

Suplica comunitaria frente al menosprecio

Este canto gradual expresa el clamor de los peregrinos que han estado sufriendo desprecio y escarnio de sus enemigos. Algunos piensan que fue escrito hacia el final del cautiverio babilónico; pero es más probable que se originó en el período persa, quizá cerca del tiempo de Esdras y Nehemías. A la vez, como casi todos los salmos, el cántico expresa el sentir del pueblo de Dios en muchas ocasiones. Dios está consciente de las burlas que sus hijos sufren; siempre pueden pedirle socorro.

Clamor con confianza

El salmista empieza en primera persona, porque representa a toda la comunidad. Al principio sólo levanta la mirada a Dios; reconoce la grandeza, la majestad y el señorío de Dios.

El salmista y todo el pueblo toman una actitud de humildad; aceptan su posición de siervos de Dios y confían en su ayuda. “Mirar la mano del amo” es una figura gráfica de esta dependencia de Dios. La expresión, “mirar a la mano de Dios” se usa varias veces en Esdras y Nehemías.

Clamor frente a las burlas

Aunque no involucre daño físico el desprecio es una persecución y una opresión. En todas las épocas los siervos de Dios lo han sufrido frente a los que no se someten al señorío divino. El pueblo pide compasión: que Dios intervenga y que haga algo para aliviarles. Hoy los opresores pueden usar los medios masivos de comunicación, cosa que el diablo ha aprovechado en muchos lugares.

Para hacer peor el asunto, los que se burlan de los creyentes son los que están en holgura; a menudo los fieles están sufriendo alguna enfermedad o pobreza mientras los opresores gozan de riquezas. Otros salmos se dirigen a este enigma.

El Salmo no dice en qué forma se manifestará la compasión y la intervención de Dios, pero el pueblo fiel sabe que Dios escucha y puede dejar toda su vida en sus manos.

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