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Salmo 122: Salutación a Jerusalén

Pastor Lionel

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Salmo 122:1 Cántico de ascenso gradual; de David. Yo me alegré cuando me dijeron: Vamos a la casa del SEÑOR.

Asistir a la casa de Dios puede ser un trabajo rutinario o una delicia. Para el salmista era una delicia. Como peregrino de una de las tres grandes fiestas religiosas, se regocijaba en alabar a Dios en su casa, junto a su pueblo. Quizás si hemos pecado o si se ha enfriado nuestro amor por Dios, la adoración nos resulte un trabajo rutinario. Pero si estamos cerca de El y disfrutamos de su presencia, necesitaremos adorarlo y alabarlo. La actitud hacia Dios determinará nuestro punto de vista en cuanto a la adoración.

Salmo 122:2 Plantados están nuestros pies dentro de tus puertas, oh Jerusalén.

Salmo 122:3 Jerusalén, que está edificada como ciudad compacta, bien unida,

Salmo 122:4 a la cual suben las tribus, las tribus del SEÑOR, (lo cual es ordenanza para Israel) para alabar el nombre del SEÑOR.

Salmo 122:5 Porque allí se establecieron tronos para juicio, los tronos de la casa de David.

Las «sillas del juicio» son las cortes de justicia en las puertas de la ciudad. En los tiempos bíblicos, los ancianos de una ciudad se sentaban para oír casos y administrar justicia en la puerta de la ciudad. A veces el mismo rey se sentaba allí para reunirse con sus súbditos y tomar decisiones legales. También se llevaban a cabo discursos y profecías.

Salmo 122:6 Orad por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman.

Pedid, shaal: Orar, averiguar, solicitar, desear, demandar. Shaal no es la palabra común hebrea para «orar», pero sugiere «pedir» o «averiguar» acerca de algo. En este salmo se nos instruye, a causa del pueblo de Dios y de la casa del Señor (vv. 8.9), a buscar el bien de Jerusalén, es decir, a preocuparnos con ahínco por su bienestar, orar por su paz, e interesarnos por su condición. De shaal viene el nombre propio Shaul (Saúl), que significa «Pedido», es decir, un niño deseado.

La profecía y el futuro de Israel. Teológicamente hay dos posiciones diferentes en cuanto a lo que puede esperarse del futuro de Israel. La diferencia se centra en la pregunta: ¿Tiene todavía Israel, como antiguo pueblo de Dios, un lugar predilecto en la economía divina, o perdió esa posición debido a su incredulidad?

Muchos ven una continuidad y un papel distintivo para Israel en los planes divinos hasta el fin de los tiempos. Creen que Romanos 9-11 indica que habrá una restauración de Israel («todo Israel será salvo») y que la Iglesia necesita reconocer sus raíces judías («no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti»). Este punto de vista también aceptaría el cumplimiento de algunas bendiciones y promesas del Antiguo Testamento con los creyentes individuales y por medio de la Iglesia. La Iglesia debe demostrar lo que significa disfrutar de la plena bendición de Dios para que Israel se anime a retornar a aquel que le ama eternamente.

Pero otros han visto a la Iglesia reemplazar a Israel en el plan divino, debido a que la mayoría del pueblo judío rehusó aceptar a Jesús como el Mesías. Por tanto, las bendiciones y las promesas, de las cuales Israel era objeto, hoy sólo pueden ser aplicadas a la Iglesia. Desde este punto de vista, el estado moderno de Israel y el pueblo judío representan simplemente lo mismo que las demás naciones o grupos étnicos, y Dios no los atenderá de una manera distinta que a otros pueblos.

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