Salmo 116:1 Amo al SEÑOR, porque oye mi voz y mis súplicas.
Amo a Jehová : Es exactamente la respuesta que Dios espera de aquellos en cuyas vidas ha obrado. Cumple con la regla de oro y constituye una perfecta expresión de gratitud. Pues ha oído : Este salmo ilustra el gozo de la oración que ha recibido respuesta, aquí probablemente la sanidad de una dolencia terminal.
Salmo 116:2 Porque a mí ha inclinado su oído; por tanto le invocaré mientras yo viva.
Dios no está tan lejos como para no alcanzarlo. El se inclina y escucha sus oraciones. El amor de este escritor hacia el Dios creció debido a que experimentó respuestas a sus oraciones. Si está desalentado, recuerde que Dios está cercano, escuchando atento cada oración y respondiéndola para darle lo mejor de El.
Salmo 116:3 Los lazos de la muerte me rodearon, y los terrores del Seol vinieron sobre mí; angustia y tristeza encontré.
Salmo 116:4 Invoqué entonces el nombre del SEÑOR, diciendo: Te ruego, oh SEÑOR: salva mi vida.
Salmo 116:5 Clemente y justo es el SEÑOR; sí, compasivo es nuestro Dios.
Salmo 116:6 El SEÑOR guarda a los sencillos; estaba yo postrado y me salvó.
Salmo 116:7 Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el SEÑOR te ha colmado de bienes.
Salmo 116:8 Pues tú has rescatado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, mis pies de tropezar.
Salmo 116:9 Andaré delante del SEÑOR en la tierra de los vivientes.
Salmo 116:10 Yo creía, aun cuando decía: Estoy muy afligido.
Creí : Pablo toma este salmo sobre la muerte próxima y lo aplica a los fieles ministros que están a un paso del martirio a causa de la persecución que sufren.
Salmo 116:11 Dije alarmado: Todo hombre es mentiroso.
Salmo 116:12 ¿Qué daré al SEÑOR por todos sus beneficios para conmigo?
Salmo 116:13 Alzaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del SEÑOR.
Salmo 116:14 Cumpliré mis votos al SEÑOR, sí, en presencia de todo su pueblo.
Salmo 116:15 Estimada a los ojos del SEÑOR es la muerte de sus santos.
Aun en la muerte, Dios permanece cerca de nosotros. Cuando alguien que amamos se acerca a la muerte, podemos enojarnos y sentirnos abandonados. Pero los creyentes (santos) son preciosos para Dios, quien elige con cuidado el momento cuando debe llamarlos a su presencia. Permita que esta verdad le consuele cuando pierda a un ser querido. Dios ve y cada vida es valiosa para El