Salmo 109: Oración imprecativa contra los impíos

Pastor Lionel

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Debemos usar las imprecaciones a la luz del NT. No podemos pronunciar maldiciones sobre nuestros enemigos personales; reservemos la artillería pesada para la casa de prostitución, la corrupción, los lugares de perversión, pero no olvidemos orar por la salvación de los individuos.

Además, el lenguaje de estos pasajes se adapta muy bien a la batalla espiritual. Según el NT nuestra lucha es contra poderes malignos; son los enemigos de Dios y del cristiano. El cristiano puede desear y pedir su destrucción: puede usar el lenguaje imprecatorio de los Salmos en este sentido. Vale notar que grandes líderes como Juan Calvino a menudo aplicaron estos pasajes a la lucha espiritual contra el diablo y los demonios.

La queja

El Salmo empieza y termina con alabanza. Mi alabanza indica que el salmista conoce a Dios. Con la frase no guardes silencio, quizá quiere llamar la atención al contraste: si él canta y habla en alabanza a Dios, pide que Dios también responda.

Los que se oponen son el impío y el engañador. Le atacan fuertemente y con la boca. Le odian sin causa. Además, él los había amado y había orado por ellos (v. 4), entonces se siente traicionado. Aunque yo oraba es lit. “yo oración”. Puede estar diciendo: “Mi único recurso es la oración” o mejor, “yo oraba por ellos”. Han acusado viene de la misma raíz (satan) que acusador en los versículos 6, 20 y 29.

La imprecación

Esta es la sección imprecatoria más larga de los Salmos. Parece extraño que se usa el singular para “el enemigo” en los versículos 6-19, pero antes, en los versículos 2-5, y después, en los versículos 20-29, se usa el plura, “los enemigos”. Algunos creen que las imprecaciones de los versículos 6-19 son las del enemigo hacia el salmista. (Esta interpretación evitaría el problema de encontrar estos deseos imprecatorios en el salmista.) Es mejor considerar que él usa el singular porque piensa en un enemigo específico como representante de todos; de modo que lo podemos tomar con significado colectivo.

No podemos evitar las preguntas que se mencionan arriba; el salmista ora para que Dios juzgue a estos enemigos; muchos de los verbos tienen el equivalente al subjuntivo (el deseo) en castellano. A la vez, la cadena de imprecaciones que sigue explica lo que sucederá, según las Escrituras, a los que se alejan de Dios y andan en maldad.

Empieza diciendo que el malo será acusado y sufrirá un sentido de culpa, y será mostrado culpable. Varios pasajes de la Biblia dicen que la oración del corazón no sincero no será oída: El que aparta su oído para no oír la ley, aun su oración es abominable.

En Hechos 1:20, Pedro combina parte del versículo 8 con parte del Job 69:25 y la ve como profecía de Judas. El malo perderá su largura de vida y su oficio, en el versículo 8; y en el versículo 11, perderá su propiedad. Dice Calvino: “De estas palabras aprendemos que no hay razón para que los impíos se enorgullezcan por una alta estima en este mundo, porque después de todo no pueden escapar de la condenación que, según lo que el Espíritu Santo dice aquí, les espera.” Aunque pueda parecer agradable, la vida del malo es insegura, y su familia sufre las consecuencias. Nótese el contraste con 37:25: Yo he sido joven y he envejecido; pero no he visto a un justo desamparado, ni a sus descendientes mendigando pan.

Los versículos 11-16 siguen hablando de la inseguridad de la vida del que se aparta de Dios. A menudo pierde todo que tenía; le hace falta una familia de amor, como la que provee (o debe proveer) la iglesia. La maldición del segundo mandamiento cae sobre sus descendientes; también sufre por causa de sus antepasados (pero el que confía en Cristo puede ser sanado de esta herencia). El versículo 16 es una descripción de lo que hacen los impíos.

Los verbos en los versículos 17 y 18 son pretéritos, no son subjuntivos. La idea es: “porque amó la maldición… y se vistió de maldición… entonces, séale la maldición como vestido…” El versículo 20 puede ser “Este será el pago…”; el verbo no está en el heb., es suplido por el traductor. El salmista no toma la venganza en sus propias manos; espera que Dios juzgue.

Oración

El Pero tú, como en varios otros salmos, marca un cambio de tono. El impío será juzgado según sus actos de maldad, pero el que acude a Dios confía en su misericordia. También apela a la honra de Dios, tu nombre. La combinación Jehová el Señor (Yahvé Adonai) sirve para mostrar la profundidad y la urgencia del clamor.

El salmista acepta su condición de pobre; se humilla delante de Dios; sabe que Dios tiene compasión del necesitado. Calvino dijo: “Cuanto más abundantemente el Señor me trata, cuanto menos debo estar dispuesto a tomar para mí parte del loor.”

Los enemigos lo atacan con todo. Los versículos 23 y 24 indican lo débil y escuálido que es. Habla de ayuno porque su profunda angustia le quita todo deseo de comer. Por falta de alimento dice lit: “sin aceite” o “sin grasa”, Está tan lánguido que no queda nada de gordura.

En el versículo 26, de nuevo clama a Dios por su liberación, y en el versículo 27 ya ve la salvación y quiere que sea para la gloria de Dios. Espera que todos entiendan que su liberación no es un accidente; es la intervención de Dios.

Que maldigan o “maldecirán” destaca el contraste entre lo que hacen los impíos y lo que hace Dios. Cuando los enemigos atacan y maldicen, Dios trae más bendición.

Voto de alabanza

El salmista está seguro de la liberación; empieza a hablar de la alabanza en agradecimiento por la salvación de Dios. Alabará con su boca y con fuerza; y lo hará públicamente; así Dios será glorificado.

El versículo 31 es el tema del Salmo. Seguramente el salmista tenía en mente el contraste con el versículo 6; en vez de un acusador a la mano derecha, Dios está a la derecha del necesitado. Este hecho en sí asegura lo de la última línea, la salvación de su vida de los que lo juzgan y de los que lo atacan.

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