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Salmo 103: El amor y perdón de Dios

Llamado universal  a la adoración

Este Dios cuya misericordia es eterna también posee el poder y la autoridad para cumplir su voluntad, pues su reino domina sobre todo. Este sobre todo abarca todo el universo. ¡Qué privilegio es ser parte de su reino! El NT aclara que los creyentes somos parte del reino de Dios.

El corazón del salmista está tan lleno de alabanza a este Dios tan grande que ahora invita a sus ángeles a participar. La alabanza humana no es suficiente; se agregan las huestes celestiales. Aquí se enfatiza el poder de los ángeles (“héroes de poder”); son poderosos y también adoran al Todopoderoso. Dos veces el salmista menciona que ellos obendecen la palabra de Dios.

Todos sus ejércitos. Keil sugiere que estos son los espíritus celestiales alrededor de los ángeles de rango más alto; que existe cierta jerarquía de seres espirituales que sirven a Dios. Además todas la obras de Dios deben bendecir a Dios.

El salmista da un círculo completo; termina como empezó: ¡Bendice, alma mía, a Jehová! ¿Cuánto tiempo dedicamos a la adoración de Dios? El merece más. Es un gran desafío y un privilegio participar con los ángeles, las huestes espirituales y toda la obra de Dios en honrar, adorar y glorificar a Dios. Un día lo haremos con perfección; este es uno de los grandes temas del libro de Apocalipsis.

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