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Salmo 101: El carácter del rey

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Salmo 101:1 Salmo de David. La misericordia y la justicia cantaré; a ti, oh SEÑOR, cantaré alabanzas.

Tal vez David escribió este salmo al comienzo de su reinado cuando estableció las normas que quería seguir. Sabía que si quería andar por el camino de la perfección, necesitaría la ayuda de Dios. Podemos andar por este camino intachable si evitamos:

(1) mirar la maldad («no pondré delante de mis ojos cosa injusta»
(2) asociarnos con malvados («corazón perverso se apartará de mí»
(3) difamación
(4) vanidad.

Si bien debemos evitar todo lo enumerado anteriormente, también debemos permitir que la Palabra de Dios nos enseñe a vivir en rectitud.

Salmo 101:2 Prestaré atención al camino de integridad. ¿Cuándo vendrás, Señor, a mí? En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa.

Algunos consideran que este salmo de David debe definirse como un «voto profesional», debido a que describe la forma como debe comportarse un funcionario público

Salmo 101:3 No pondré cosa indigna delante de mis ojos; aborrezco la obra de los que se desvían; no se aferrará a mí.

Injusta : La palabra hebrea es belial

Salmo 101:4 El corazón perverso se alejará de mí; no conoceré maldad.

Salmo 101:5 Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante.

Salmo 101:6 Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que moren conmigo; el que anda en camino de integridad me servirá.

David dijo que mantendría sus ojos en «los fieles de la tierra». En otras palabras, escogería como modelos y amigos a quienes son veraces y piadosos. Nuestros amigos y socios tienen una profunda influencia en nuestra vida. Asegúrese en mantener su mirada en los que son fieles a Dios y su Palabra.

Salmo 101:7 El que practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia.

Salmo 101:8 Cada mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, para extirpar de la ciudad del SEÑOR a todos los que hacen iniquidad.

De mañana : Al final de su vida, el rey David le dio instrucciones a Salomón para que se enfrentara a los impíos de la ciudad. Solamente en la «Nueva Jerusalén» será aplicado íntegramente este principio

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