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Romanos 9: El trágico fracaso

Pastor Lionel

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El alfarero y la arcilla

Pero entonces tú podrías preguntar: «Si esto es así, ¿cómo puede Dios seguir echándole las culpas a los hombres cuando no hacen lo que Él quiere? ¿Es que hay alguien que se pueda oponer a Su voluntad?» Amigo, ¿quién eres tú para ponerte a discutir con Dios? Sería tanto como que la arcilla le dijera al alfarero: « ¿Por qué me has dado esta forma?» El alfarero tiene autoridad total para hacer del mismo pegote de arcilla una vasija para un uso honorable u otra para un uso humilde. De la misma manera, ¿qué si Dios, aunque Su propósito fuera demostrar su ira y dar a conocer Su poder, sin embargo tratara con mucha paciencia a los que eran objeto de Su ira, que ya estaban maduros y listos para la destrucción? Sí; ¿y qué si lo hizo porque quería dar a conocer las riquezas de su gloria a los que son objeto de su misericordia, que Él había preparado de antemano para la gloria? Me refiero a nosotros, a los que Él ha llamado; no sólo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles. Como Él dice en Oseas: « A los que no eran pueblo los llamaré « Pueblo mío», y a la que nadie quería la llamaré «Amada mía». Y en el mismo lugar en que se les dijo: «¡Vosotros no sois mi pueblo!», se les dará el título de «hijos del Dios vivo». Y la proclamación profética de Isaías acerca de Israel es: «Los hijos de Israel puede que sean tan numerosos como la arena del mar, pero no se salvará nada más que el resto. Final y sumariamente: el Señor hará en la Tierra lo que dijo que haría. » Como dijo Isaías en un pasaje anterior: « Si el Señor de los Ejércitos no nos hubiera dejado hijos, habríamos llegado a ser como Sodoma, y semejantes a Gomorra. »

En el pasaje anterior Pablo ha mostrado que, a lo largo de toda la historia de Israel, se ha venido produciendo el proceso de elección y selección de Dios. Cuando el alfarero hace una vasija, ésta no puede hacerle sugerencias ni discutirle su destino; el alfarero tiene poder absoluto sobre la arcilla para hacer de ella algo destinado a un uso honorable o vulgar, y la arcilla no tiene derecho a protestar. Pablo en realidad tomó este ejemplo de Jeremías 18:1-6, que es un ejemplo de la paciencia de Dios, Que no descarta la masa rebelde, sino le da una nueva forma. Este pasaje ha inspirado un coro que se canta en muchas iglesias: Yo quiero ser, yo quiero ser, Señor amante, como el barro en manos del alfarero: toma mi vida, hazla de nuevo; yo quiero ser, yo quiero ser un vaso nuevo.

Conviene decir aquí un par de cosas. Pero debemos recordar una: fue con angustia de corazón como Pablo escribió este pasaje. Se enfrentaba con el hecho desconcertante de que el mismo pueblo de Dios, sus propios parientes, habían rechazado y crucificado al propio Hijo de Dios.

De todas maneras, Pablo no termina así su argumento. Continúa diciendo que el que los judíos hayan rechazado al Mesías ha sido con el fin de que se les abriera la puerta a los gentiles.

Pablo estaba discutiendo con los judíos, y sabía que la única manera de reforzar su argumento era con citas de sus Sagradas Escrituras; así es que pasa a citar textos que prueben que el que Cristo fuera rechazado por los judíos y aceptado por los gentiles había sido de hecho anunciado por los profetas. Oseas había dicho que Dios haría que fuera pueblo Suyo uno que no lo era (Oseas 2:23), y que serían llamados hijos de Dios (Oseas 1:10); e Isaías había previsto una situación en la que Israel sería obliterado si no fuera por un remanente (Isaías 10: 22s; 37:32). Su argumento es que Israel podría haber previsto su ruina si hubiera tenido entendimiento.

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