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Romanos 9: El trágico fracaso

Pastor Lionel

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(viii) Y aquí viene la culminación: de Israel vino el Mesías, el Ungido de Dios. Todo lo demás había sido la preparación; y sin embargo, cuando vino, Le rechazaron. El mayor pesar que puede sentir una persona es haberle dado a un hijo todas las oportunidades de éxito, el haberlo dedicado y sacrificado todo para darle las mejores oportunidades, y descubrir que el hijo, por desobediencia o rebeldía o dejadez, ha dejado de aprovecharlas. Ahí está la tragedia; porque se hacen baldíos los esfuerzos del amor, y no se hacen realidad sus sueños. La tragedia de Israel consistió en que Dios le había preparado para el día de la venida de Su Hijo, y toda aquella preparación resultó frustrada. No es que fuera quebrantada la Ley de Dios, sino que Su amor fue desdeñado. No es la ira de Dios la que se oculta tras las palabras de Pablo, sino el corazón quebrantado de Dios.

La elección de dios

Pero esto no quiere decir que la Palabra de Dios haya quedado completamente frustrada. Porque no todos los israelitas son el verdadero Israel; ni todos los que se consideran descendientes naturales de Abraham son plenamente sus hijos. Por el contrario, escrito está: «Por medio de Isaac tendrás descendencia.» Es decir: que no son realmente hijos de Dios todos los que se consideran descendientes naturales de Abraham. ¡No! Son los hijos de la promesa los que forman la verdadera descendencia de Abraham; porque la palabra de la promesa fue esta: «Vendré a este tiempo, y Sara tendrá un hijo.» Y no hubo sólo este caso, sino también Rebeca, cuando concibió de uno, es decir, de nuestro antepasado Isaac. -Nótese bien que los hijos no habían nacido todavía, ni habían hecho nada ni bueno ni malo, para que la elección de Dios no fuera la consecuencia de obras, sino simplemente porque Dios los llamó-. Se le dijo a ella: «El mayor servirá al más joven.» Y también ‹ está escrito: «He amado a Jacob, pero he aborrecido a Esaú. »

El que los judíos rechazaran y crucificaran a Jesús, el Hijo de Dios, ¿quiere decir que el propósito de Dios quedó frustrado, y fracasado Su plan? Pablo está convencido de que eso no puede ser. De hecho, no todos los judíos rechazaron a Jesús; algunos Le aceptaron, porque no cabe duda que todos Sus primeros seguidores eran judíos, lo mismo que Pablo.

«Ahora bien dice-, a lo largo de la historia de Israel vemos el proceso de selección una y otra vez en funcionamiento. Una y otra vez vemos que no eran todos los judíos los que estaban en el designio de Dios. Algunos estaban, y otros no. La línea de la nación con la que Dios contaba, y por medio de la cual obraba para llevar adelante Su plan, no eran todos los descendientes de Abraham. No es la mera descendencia física la que cuenta, sino la selección, la elección de Dios.

Como demostración de esta verdad cita Pablo dos ejemplos de la historia de Israel, y los refuerza con citas bíblicas:

(a) Abraham tuvo dos hijos: Ismael, que le nació de la esclava Agar, e Isaac, que tuvo con su esposa Sara. Los dos eran igualmente descendientes de Abraham. Cuando les nació Isaac, Abraham y Sara eran ya de edad avanzada; tanto es así que, humanamente hablando, ya era imposible que tuvieran un hijo. Cuando Isaac era muchacho, un día Ismael se burló de él; a Sara le dio tanta rabia, que le pidió a Abraham que echara de casa a la esclava y a su hijo, para que Isaac fuera el único heredero. Abraham no quería; pero Dios le dijo que lo hiciera, porque sería la descendencia que tuviera a través de Isaac la que preservaría su nombre (Génesis 21:12). Ahora bien: Ismael había nacido por un proceso humano natural, mientras que Isaac había nacido en cumplimiento de la promesa de Dios (Génesis 18:10-14). Fue al hijo de la promesa al que se le concedió transmitir la herencia de la elección de Dios. Aquí tenemos la prueba de que no todos los descendientes naturales de Abraham se pueden considerar elegidos. Y dentro de la nación siguió manifestándose la selección y elección de Dios.

(b) Pablo pasa a citar otro ejemplo. Cuando Rebeca, la mujer de Isaac, estaba embarazada, Dios le hizo saber que iba a tener mellizos que serían los patriarcas de dos naciones; pero que, en el tiempo venidero, el que naciera primero serviría y estaría sometido al segundo (Génesis 25:23). Cuando nacieron los mellizos, Esaú nació el primero, y sin embargo la elección de Dios recayó en Jacob; y fue por la línea de Jacob por la que Dios siguió llevando a cabo su plan. Para remachar bien su argumento, Pablo cita Madaquías 1:2s, donde Dios le dice al profeta: « He amado a Jacob y aborrecido a Esaú.»

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