Romanos 6: Muertos al pecado a través de la unión con Cristo

Pastor Lionel

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La vara de Aarón florece

» Esto es interesante. Recuerda que este pasaje ha surgido de una conversación acerca del bautismo; por tanto quiere decir que al bautismo se llegaba después de una preparación. Ya hemos visto que en la Iglesia Primitiva el bautismo era de adultos, es decir, de creyentes, previa confesión de fe. Está
claro, por tanto, que uno no ingresaba en la iglesia en un momento de emoción. Se le instruía. Tenía que saber lo que estaba haciendo. Se le enseñaba lo que Cristo ofrecía y demandaba. Entonces, y sólo entonces, tomaba la decisión de incorporarse.

Cuando uno quiere ingresar en la gran orden benedictina se le acepta por un año de prueba. Todo ese tiempo tiene colgada en su celda la ropa que usaba en el mundo. En cualquier momento se puede quitar el hábito y ponerse la otra ropa y salir, y nadie se lo impedirá. Sólo después de aquel año se llevan definitivamente de su celda la ropa del mundo. Con los ojos abiertos y sabiendo lo que hace entra en la orden.

Así sucede con el Evangelio. Jesús no quiere seguidores que no se hayan parado a considerar el precio. No se conforma con una persona que hace protestas de lealtad en la cresta de una ola de emoción. La Iglesia tiene el deber de presentar la fe en toda su riqueza, y las exigencias en toda su seriedad, a los que quieren hacerse miembros.

Pablo traza una diferencia entre la vida vieja y la nueva. La vida vieja se caracterizaba por la suciedad y la iniquidad. El mundo pagano era un mundo sucio; no conocía la castidad. Justino Mártir lanza un dicterio terrible cuando habla de la exposición de los bebés. En Roma, los niños que no se querían, especialmente las niñas, literalmente se tiraban a la basura.

Todas las noches había muchas tiradas en el foro. A algunas las recogían ciertos tipos repugnantes que regentaban burdeles y las criaban para emplearlas en ellos. Justino presenta a sus detractores paganos la posibilidad de que, en su inmoralidad, cuando fueran a un burdel de la ciudad, podría ser que les correspondiera su propia hija.

El mundo pagano era inicuo en el sentido de que la concupiscencia era la única ley, y el crimen producía más crimen. Esa y no otra es la ley del pecado: el pecado engendra pecado. La primera vez que se comete un acto indigno, tal vez se hace con vergüenza y temblor. La segunda vez es más fácil; y, si se sigue así, ya no hay que vencer ningún escrúpulo ni realizar ningún esfuerzo. El pecado pierde su horror. La primera vez puede que nos permitamos alguna indulgencia y que nos conformemos con muy poco; pero luego se llega a querer más y más para conseguir el mismo o más placer. El pecado conduce al pecado; el libertinaje, al libertinaje. Una vez que se entra en el camino del pecado, se va cada vez más lejos.

La nueva vida es diferente: es la vida de la integridad. Los griegos definían la integridad como darles al hombre y a Dios lo que se les debe. La vida cristiana le da a Dios Su lugar y respeta los derechos de las personas. El cristiano nunca desobedecerá a Dios ni usará a una persona humana para satisfacer su deseo de placer. La vida cristiana conduce a la santificación. La palabra griega es haguiasmós. Todas las palabras griegas que terminan por -asmós describen, no un estado, sino un proceso. La santificación es el camino que conduce a la santidad. Cuando una persona le entrega su vida a Cristo, eso no la hace perfecta instantáneamente; la lucha no ha terminado ni mucho menos; pero el Cristianismo siempre ha considerado más importante la dirección en que se marcha que la etapa particular que se ha alcanzado. Una vez que se pertenece a Cristo se ha empezado el proceso de la santificación, el camino a la santidad. « Lo único que hago, dejando de pensar en lo que queda atrás y estirándome a lo que tengo por delante, es proseguir hacia la meta, al premio del supremo llamamiento que Dios me ha dirigido en la Persona de Jesucristo» (Filipenses 3:13s). Robert Louis Stevenson decía: « Viajar con esperanza es mejor que llegar.» Lo que no se puede negar es que es una gran cosa ponerse en camino hacia una meta gloriosa.

Pablo termina con una gran frase que contiene una doble metáfora: «La paga del pecado es la muerte, pero el regalo gratuito e inmerecido de Dios es la Vida eterna.» Pablo usa dos palabras militares: Para paga usa la palabra opsónia, que quiere decir literalmente la paga del soldado – la soldada (N-C)- , lo que se ha ganado arriesgando la vida y con mucho sudor y dolor, algo que se le debe y que no se le debe escatimar; y para regalo usa járisma -en latín donativum-, que es algo que no se ha ganado, que el ejército recibía a veces. En ocasiones especiales -por ejemplo, en su cumpleaños, el día que ascendía al puesto supremo o en el aniversario-, el emperador les repartía a los soldados un regalo en dinero. No se había ganado, sino que el emperador lo daba por generosidad y gracia. Así que Pablo dice: « Si se nos da lo que nos hemos ganado, no vamos a recibir nada más que la muerte; pero Dios nos da la Vida eterna por pura Gracia y generosidad.»

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