Romanos 5: Confiando en Dios, resultados de la justificación

(c) A pesar de que no se les podía atribuir pecado, sin embargo morían. Estaban sujetos al régimen de la muerte, aunque no se los podía acusar de haber quebrantado una ley que no existía.

(d) Entonces, ¿por qué morían? Era porque habían pecado en Adán. El estar implicados en el pecado les producía la muerte, aunque no había una ley que pudieran quebrantar. De hecho, esa es la prueba para Pablo de que toda la humanidad pecó en Adán.

Hemos resumido la esencia de una parte del pensamiento de Pablo. A causa de esta idea de la completa solidaridad de la humanidad, literalmente todos los seres humanos pecamos en Adán; y como la muerte es la consecuencia del pecado, ejerce su dominio sobre todos nosotros.

Pero esta misma concepción, que se puede usar para producir una visión desesperada de la situación humana, se puede usar también a la inversa para llenarla de un resplandor de gloria. En esta situación entra Jesús. Jesús Le ofreció a Dios la perfecta bondad. Y, exactamente de la misma manera que todos los seres humanos estuvieron implicados en el pecado de Adán, todos están implicados en la perfecta bondad de Jesús; y, de la misma manera que el pecado de Adán fue la causa de la muerte, la perfecta bondad de Jesús conquista la muerte y da a los humanos la vida eterna. El razonamiento triunfal de Pablo es que, como la humanidad estaba implicada en Adán y quedó por tanto condenada a muerte, así está ahora en Cristo, y queda absuelta para poder vivir. Así que, aunque ha venido la Ley y ha hecho el pecado mucho más terrible, la Gracia de Cristo sobrepuja la condenación que traía le Ley (R-V 1909).

Ese es el razonamiento de Pablo, y es inapelable para la mentalidad judía. Contiene dos grandes verdades.

(i) La primera es la siguiente: Supongamos que asumimos el sentido literal de la historia de Adán: nuestra conexión con Adán es puramente fisica. No nos queda otra posibilidad; de la misma manera que no se le deja al niño escoger su padre. Pero, por otra parte, nuestra conexión con Cristo es voluntaria. La unión con Cristo es algo que uno puede aceptar o rechazar. Se trata de una conexión distinta en ambos casos. No se nos dio la opción de elegir o no nuestra relación con Adán, en cuya naturaleza hemos recibido una herencia con muchas cosas buenas, pero también con una mala: nuestra condición de pecadores, y la paga del pecado, que es la muerte. Para darnos una salida victoriosa a una vida abundante y de renovada relación con Dios, Cristo vino al mundo y murió por nosotros. Si bien esta relación es optativa y no impuesta como la que tenemos con Adán, la invitación a aceptar el Evangelio debe llegar a toda la raza humana. Esta es la misión de la Iglesia.

(ii) La segunda es la siguiente: Pablo conserva la verdad de que la humanidad está sumida en una situación de la que no puede escapar; el pecado tiene al ser humano en su poder, y no hay esperanza. Jesucristo entra en esta situación trayendo algo que corta el nudo gordiano que existía. Por lo que Él hizo, por Quien Él es y por lo que El da, permite al hombre salir de una situación en la que se encontraba desesperadamente dominado por el pecado. Sea lo que sea lo que digamos del razonamiento de Pablo, es absolutamente cierto que el pecado ha sumido al hombre en la ruina, y que Cristo le rescata.

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