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julio 13, 2020 10:03 AM

Romanos 4: Creer en la palabra de Dios

(iii) Tenemos la ira. Pensad en la ley, y en la transgresión, e inevitablemente el siguiente pensamiento será la ira. Pensad en Dios en términos de ley, y no podréis evitar el pensar en Él en términos de justicia ofendida. Pensad en una persona en términos de ley, y no podréis considerarla más que como culpable y destinada a la condenación de Dios.

Así es que Pablo pone ante los romanos dos caminos: uno es el del que trata de relacionarse debidamente con Dios mediante su propio esfuerzo; y el otro, el del que entra por la fe en una relación con Dios que ya existe por la gracia de Dios para que él pueda entrar con confianza.

La fe en un dios que hace posible lo imposible

Abraham tuvo esperanza para creer contra toda esperanza que él podía llegar a ser el padre de muchas naciones, como dice la Escritura en el pasaje de «Así será tu descendencia. » No tuvo una fe raquítica, aunque se daba perfecta cuenta de que, ya entonces, había perdido la vitalidad corporal, porque era casi centenario, y que Sara tampoco podía dar la vida a hijos. No vaciló ante la promesa de Dios por incredulidad, sino se vitalizó por medio de la fe, dio gloria a Dios, y se mantuvo firmemente convencido de que el Que le había hecho la promesa era también capaz de cumplirla. Así es que la fe se le contó como si fuera justo. Y no fue sólo por él por quien dice la Escritura que «se le contó como si fuera justo», sino también por nosotros, que creemos en el Que resucitó a nuestro Señor Jesús, Que fue entregado por nuestro pecado y resucitado para introducirnos en la perfecta relación con Dios.

El pasaje anterior acababa diciendo que Abraham creyó en el Dios que llama a los muertos a la vida y que hace ser lo que no era.

En este pasaje, el pensamiento de Pablo vuelve a otro ejemplo sobresaliente de la disposición de Abraham a cogerle la palabra a Dios. La promesa de que todas las familias de la Tierra serían benditas en su descendencia se le dio a Abraham cuando ya era viejo. Su mujer, Sara, siempre había sido estéril; y entonces, cuando él tenía cien años y ella noventa (Génesis 17:17), les llegó la promesa de que tendrían un hijo. A todas luces parecía totalmente increíble e irrealizable, porque a él ya se le había pasado la edad de engendrar y a ella la de concebir y dar a luz. Pero, una vez más, Abraham le tomó la palabra a Dios, y de nuevo fue la fe lo que se le contó a Abraham por justicia.

Lo que puso a Abraham en relación con Dios fue el creer Su palabra. Los rabinos judíos tenían un dicho que aquí cita Pablo.

Decían: « Lo que está escrito de Abraham está escrito de sus hijos.» Querían decir que las promesas que Dios le hizo a Abraham se aplican también a sus hijos. Por tanto, si lo que le puso en la debida relación con Dios fue estar dispuesto a dar crédito a Su palabra, lo mismo nos sucederá a nosotros. No fueron las obras que mandaba la Ley, sino la fe que confía lo que estableció la relación que debe existir entre Dios y el hombre.

La esencia de la fe de Abraham en este caso fue que creyó que Dios puede hacer posible lo imposible. Mientras creamos que todo depende de nuestro esfuerzo no tenemos más remedio que ser pesimistas, porque la triste lección de la experiencia es que es muy poco lo que podemos lograr con nuestro esfuerzo. Cuando nos damos cuenta de que no es nuestro esfuerzo sino la Gracia y el poder de Dios lo que importa, entonces podemos ser optimistas, porque podemos creer que no hay imposibles para Dios.

Se dice que una vez santa Teresa quería construir un convento, y no tenía más que una cantidad insignificante de dinero.

Alguien le dijo: « Ni siquiera Teresa puede hacer tanto con tan poco.» Y ella contestó: «Cierto; pero Teresa, con tan poco y Dios puede hacerlo todo.» Uno puede dudar de emprender una gran tarea por sí mismo; pero no tiene por qué dudar si Dios está con él. La gran misionera maestra Ann Hynter Small cuenta que su padre, que también había sido misionero, solía decir: «¡Qué malvados y qué estúpidos son los que no hacen más que gruñir!» Y el dicho favorito de ella era: «Una iglesia que está viva se atreve con todo.» El atreverse sólo es posible cuando una persona o una iglesia confía en la Palabra de Dios.

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