Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Romanos 2: La responsabilidad del privilegio

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

(ii) Pablo les decía a los judíos que estaban tomando la misericordia de Dios como una invitación a pecar más que como un incentivo a arrepentirse. Fue Heine el que hizo una famosa y cínica afirmación. No cabe duda de que no le preocupaba el otro mundo. Le preguntaron por qué estaba tan confiado, y contestó: « Dios me perdonará.» Y cuando le preguntaron que cómo estaba tan seguro, contestó: «C›est son métier», « Para eso está.» Considerémoslo en términos humanos: hay dos actitudes ante el perdón humano. Supongamos que un joven hace algo vergonzoso, que les produce tristeza y dolor a sus padres, y supongamos que se le perdona totalmente por amor, y aquello se olvida. Puede hacer una de dos cosas: puede ir y hacer lo mismo otra vez, asumiendo que se le perdonará otra vez; o puede sentirse movido a un agradecimiento tan grande por el generoso perdón que ha recibido, que pasa la vida tratando de ser digno de él. Una de las cosas más vergonzosas del mundo es el tomar el perdón que ha inspirado el amor como excusa para seguir pecando. Eso era lo que estaban haciendo los judíos. Y eso es lo que sigue haciendo mucha gente. La misericordia y el amor de Dios no han de hacernos pensar que podemos pecar porque no nos pasará nada; sino quebrantarnos el corazón de tal manera que procuremos no pecar nunca más.

(iii) Pablo insiste en que no hay nación que sea más favorecida que las demás en la economía divina. Puede que haya naciones a las que se les asigne una tarea o una responsabilidad especiales, pero ninguna a la que se le asigne un privilegio o una consideración especiales. Puede que sea verdad lo que dijo Milton de que, «Cuando Dios tiene una gran obra, se la encarga a Sus ingleses»; pero se tratará de una gran obra, no de un gran privilegio. Toda la religión judía se basaba en la convicción de que los judíos ocupaban una posición privilegiada y favorecida a los ojos de Dios. Puede que consideremos que esa es una actitud del pasado; pero, ¿lo es? ¿Es que no existe la barrera del color? ¿Es que ya no se da tal cosa como el sentimiento de superioridad sobre los que llamaba Kipling «las castas inferiores fuera de la ley»? Esto no es decir que todas las naciones tengan el mismo talento; pero sí que las más avanzadas no deberían mirar por encima del hombro a las otras, sino ayudarlas a avanzar.

(iv) Este es el pasaje de Pablo que deberíamos estudiar más a fondo para comprender exactamente lo que él pensaba; porque muchas veces se dice que a Pablo lo único que le importaba era la fe; y se suele marginar despectivamente como ajena al Nuevo Testamento una religión que haga hincapié en la importancia de las obras. Nada más lejos de la verdad. «Dios -decía Pablo tratará a cada uno según sus obras.» Para Pablo, una fe que no producía obras era una fe de pega, o no era fe ni era nada. Él habría dicho que sólo se puede ver la fe de alguien en sus obras. Una de las tendencias religiosas más peligrosas es hablar de la fe y las obras como si fueran cosas diferentes. No hay tal cosa como una fe que no produce obras, ni obras que no sean el resultado de la fe. La fe y las obras van inseparablemente unidas. ¿Cómo va a poder juzgar Diosa nadie fuera de sus obras? No podemos decir cómodamente: «Yo tengo fe», y dejarlo ahí. Nuestra fe tiene que producir obras, porque es por las obras por lo que somos aceptados o condenados.

La ley que no está escrita

Cuantos han pecado fuera de la Ley, perecerán fuera de la Ley; y cuantos han pecado estando dentro de la Ley, serán juzgados según la Ley; porque los que serán considerados íntegros a los ojos de Dios el día que juzgue las cosas ocultas de los hombres según mi Evangelio mediante Jesucristo no serán los que no han hecho más que oír la Ley, sino los que la han cumplido. Porque siempre que los gentiles que no poseen la Ley hacen por naturaleza las obras de la Ley, aunque no posean la Ley son una ley para sí mismos; dan muestras de poseer la Ley escrita en sus corazones, y su conciencia les da testimonio y sus pensamientos más íntimos los acusan o los excusan.

En la traducción hemos cambiado ligeramente el orden de los versículos. El sentido del pasaje requiere que el versículo 16 siga inmediatamente al 13, y los versículos 14 y 15 son un largo paréntesis. Hay que tener presente que Pablo no estaba escribiendo esta carta sentado a la mesa y pensando las palabras y frases. Estaría paseándose por la habitación mientras se la dictaba a Tercio (Romanos 16:22), que hacía todo lo posible por no perder palabra. Eso explica el largo paréntesis; pero es más fácil seguir el sentido en español si seguimos el orden que hemos dicho, poniendo los versículos 14 y 15 después de 13 y 16. En este pasaje, Pablo se dirige a los gentiles. Antes se ha referido a los judíos y a su pretensión de un privilegio especial.

Pero es verdad que los judíos tenían una ventaja, que era la Ley. Un gentil podía objetar: « Es justo que Dios condene a los judíos, porque tenían la Ley y deberían saber mejor lo que hacían; pero nosotros nos libraremos del juicio porque no hemos tenido oportunidad de conocer la Ley, y no sabíamos nada.» En respuesta a esto Pablo establece dos grandes principios.

(i) Cada uno será juzgado por lo que tuvo oportunidad de saber. Si no conocía la Ley, se le juzgará como a uno que no conocía la Ley. Dios es justo. Y aquí tienen la respuesta los que preguntan qué les va a pasar a los que vivieron en el mundo antes que Jesús viniera, y no tuvieron oportunidad de conocer el Evangelio. Cada uno será juzgado por su fidelidad a lo más elevado que pudo conocer.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Salto al vacío

Cierta oportunidad, el pequeño hijo le preguntaba a su padre: — Papá… ¿Qué es la fe? Para explicárselo, el papá trajo al niño hasta la

Artículo Completo

Apocalipsis 2: La carta a Éfeso

Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso: Estas cosas las dice el Que sostiene las siete estrellas en Su mano derecha y anda en medio de los siete candelabros de oro. Yo conozco tus obras; es decir, tu brega y tu firme constancia; y sé que no puedes soportar a los malos, y que has puesto a prueba a los que se llaman…

Artículo Completo

No juzgar a otros

Será difícil encontrar alguien que no haya sido culpable de algún grave juicio erróneo; o que lo haya sufrido de otras personas. Y sin embargo,

Artículo Completo