Romanos 10: Un celo mal orientado

En reglas generales se podría presentar así: En el pasaje anterior Pablo ha dicho que el acceso a Dios no depende de las obras ni del legalismo, sino de la fe y la confianza. La objeción es: « Pero, ¿qué pasa si los judíos nunca lo han oído?» Pablo se ocupa ahora de esa objeción de varias maneras, reforzando su argumento con citas de la Escritura. Vamos a tomar ahora las objeciones y los textos bíblicos que las contestan uno a uno.

(i) La primera objeción es: « Nadie puede invocar a Dios a menos que crea en El. Ni tampoco creer en Él a menos que haya oído hablar de Él. Ni tampoco oír nada acerca de El si no hay quien le anuncie la Buena Nueva. Y nadie puede pregonar la Buena Nueva a menos que Dios le envíe.» Pablo resuelve esa objeción citando Isaías 52:7. En ese pasaje el profeta expresa la bienvenida que se les da a los que traen buenas noticias de cosas buenas; así es que la primera respuesta de Pablo es: « No puedes decir que no ha habido mensajeros; porque Isaías los describe en este pasaje, e Isaías vivió hace mucho tiempo.»

(ii) La segunda objeción es: «Pero, el hecho es que Israel no hizo caso de la Buena Noticia, aunque tu argumento fuera cierto. ¿Qué dices tú a eso?» Y Pablo contesta: « Era normal esperar que Israel no creyera, porque hace mucho tiempo Isaías se sintió movido a decir desesperadamente: «Señor, ¿quién ha creído lo que hemos oído?» (Isaías 53:1). Es verdad que Israel no aceptó la Buena Noticia de Dios, y al rechazarla repitieron su historia.

(iii) La tercera objeción es una nueva formulación de la primera: «Pero, ¿qué si yo insisto en que nunca tuvieron oportunidad de oír?» Esta vez Pablo cita el Salmo 19:4: « La voz de ellos ha recorrido toda la Tierra, y sus palabras han llegado al fin del mundo»; lo cual es tanto como decir: «No puedes decir que Israel nunca tuvo oportunidad de oír, porque la Escritura dice claramente que el mensaje de Dios ha llegado a todo el mundo.»

(iv) La cuarta objeción es: «Pero, ¿qué si Israel no se enteró?» Aparentemente quería decir: «¿Qué si el mensaje era tan difícil de entender que, aunque Israel lo oyó, no pudo entender su significado?» Aquí es donde el pasaje se hace verdaderamente difícil. Pablo responde: « Israel puede que no se enterara; pero los gentiles sí: comprendieron perfectamente el sentido del ofrecimiento cuando les llegó, aunque no lo buscaban ni esperaban.» Para probarlo, Pablo cita dos pasajes. Uno es de Deuteronomio 65:1, en el que Dios dice que, por la desobediencia y rebeldía de Israel, transferirá Su favor a otro pueblo, e Israel se verá en la situación de tener celos de una gente que no son ni siquiera nación. Y el segundo pasaje es de Isaías 65:1, donde Dios dice que, inexplicablemente, Le ha encontrado un pueblo que ni siquiera Le estaba buscando.

Por último, Pablo insiste en que, a lo largo de toda su historia, Dios ha estado apelando a Israel con Sus brazos extendidos, e Israel siempre ha sido desobediente y perverso.

Un pasaje así puede resultarnos extraño y poco convincente; y puede parecernos que Pablo cita algunos de los textos fuera de contexto y con un sentido que no era el original. Sin embargo tenemos que reconocer que esa era la manera característica de los rabinos, de los cuales Pablo había sido uno; y que resultaría totalmente aceptable y convincente para sus objetores judíos. Lo que no se puede negar es que hay algo en este pasaje que es de permanente valor. Fluye por él la convicción de que hay ciertas clases de ignorancia que no se pueden excusar.

(i) Existe una ignorancia que viene del desprecio del conocimiento. Hay una máxima legal que dice que la ignorancia genuina puede ser una defensa; pero el no darle ninguna importancia al conocimiento, no. No se le puede echar en cara a una persona el que no sepa lo que no tuvo oportunidad de aprender; pero sí el no saber por haber desaprovechado las oportunidades que se le brindaron. Por ejemplo: si una persona firma un contrato sin haber leído las condiciones, no puede luego quejarse de que sean distintas de las que se imaginó. Si dejamos de prepararnos adecuadamente para una tarea cuando se nos han dado todas las facilidades, no tenemos disculpa. Uno es responsable por no saber lo que podía y debía haber sabido.

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