Romanos 10: Un celo mal orientado

(ii) Hay que creer que Jesucristo ha resucitado. La Resurrección de Jesucristo era una parte esencial del credo cristiano. El cristiano cree, no solamente que Cristo vivió, sino también que vive. No sólo debe saber de Cristo, sino conocerle personalmente.

No se limita a estudiar un personaje histórico, por muy grande que fuera; sino que vive con una Presencia real. No sólo debe saber de Cristo el Mártir: debe también conocer a Cristo el Vencedor.

(iii) Pero el cristiano no sólo debe creer en su corazón, sino también confesar con sus labios. Ser cristiano es creer y confesar; como se dice en muchas declaraciones de fe evangélica, « Creemos y testificamos.» El creer supone testificar ante los demás. No es suficiente que Dios sepa de qué parte estamos, sino que hace falta que también lo sepa la gente.

A un judío le resultaría difícil creer que el acceso a Dios no era por medio de la Ley; este camino de la confianza y la aceptación era algo revolucionario e increíblemente nuevo para él. Además, le resultaría sumamente difícil creer que el acceso a Dios estaba abierto a todo el mundo. Le parecía que los gentiles no podían estar en la misma posición que los judíos. Así es que Pablo concluye su argumento citando dos pasajes del Antiguo Testamento como última demostración. Cita en primer lugar Isaías 28:16: « Nadie que crea en Él será defraudado.» No se dice nada de la Ley; todo se basa en la fe. Y en segundo lugar cita Joel 2:32; «Todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará.» No hay limitación aquí; la promesa es para todos; por tanto no hay diferencia entre judíos y gentiles.

En esencia, este pasaje es una apelación a los judíos para que abandonen el camino del legalismo y acepten el de la Gracia. Es una apelación para que reconozcan que su celo está descarriado, y para que presten atención a los profetas que declararon hace mucho tiempo que la fe es el único camino de acceso a Dios, y que está abierto a todo el mundo.

El final de las excusas

Pero, ¿cómo van a invocar a Uno en Quien no han creído? ¿Ycómo van a creer en Uno del Que ni siquiera han oído hablar? ¿Y cómo van a oír si no hay nadie que les proclame las Buenas Nuevas? ¿Y cómo va a proclamar nadie las Buenas Nuevas a menos que Dios le envíe? Pero todo esto es exactamente lo que ha sucedido, como está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que traen buenas noticias de cosas buenas!» Pero no todos han hecho caso de la Buena Nueva. Eso es verdad, porque Isaías dice: «Señor, ¿quién ha creído lo que ha oído de nosotros?» Así que la fe viene por el oír, y el oír viene de la Palabra que viene de Cristo y que habla de Él. Pero, suponed que yo todavía digo: «¿Será que todavía no han oído?» ¡Claro que han oído! «La voz de ellos ha salido por toda la Tierra, y sus palabras han llegado hasta el fin del mundo habitado. » Bien; entonces, suponed que digo: «¿Será que Israel no lo ha entendido?» Primero, Moisés dice: «Os haré tener celos de una nación que no es nación. Haré que os dé rabia de una nación que no tiene entendimiento.» Y más adelante se atreve a decir Isaías: «Me encontraron los que no Me buscaban. Me manifesté a los que no preguntaban por Mí. » Y, en cuanto a Israel, dice: «Me paso todo el día con los brazos abiertos, invitando a un pueblo que es desobediente y opuesto. »

Todos los intérpretes están de acuerdo en que éste es uno de los pasajes más difíciles y oscuros en la Carta a los Romanos. Nos produce la impresión de que lo que tenemos aquí no es una exposición completa sino un resumen. Tiene un estilo telegráfico. Puede ser que sean las notas de una predicación que Pablo tenía costumbre de dirigir a los judíos para convencerlos de su error.

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