Proverbios 3: Cómo vivir bien

El texto de la Septuaginta cambia el versículo 24 para incluir la frase “cuando te sientas”. Pero el texto hebreo afirma el texto como está traducido en versículo 24. El espanto repentino pone énfasis en el concepto de la naturaleza sorpresiva de la crisis aguda. Además en el versículo 26 se encuentra la palabra trampa, que literalmente significa “el guardará tu pie de ser atrapado”.

Construyendo una relación fraternal con el prójimo

Esta sección se puede analizar en dos partes. La primera nos entrega una serie de seis prohibiciones (versículos 27–31). A continuación se descubre el porqué de las prohibiciones y la actitud de Dios frente a ciertas personas (versículos 32–35).

Los versículos 27 y 28 muestran el pecado de omisión, es decir el pecado que se produce cuando no se cumple lo que Dios espera. En el versículo 27, se presenta alguien que merece ser ayudado, siendo él “el dueño o con el derecho de propiedad sobre” el bien. Así se excava el verdadero sentir de la palabra hebrea ba’al. Se expresa que el hombre tiene el poder para entregar el bien. Están dadas todas las condiciones:

(1) La persona ha de ser apoyada y

(2) el bien está disponible. El cristiano encuentra esta enseñanza en Romanos 13:7 y Gálatas 6:10.

El segundo mandato negativo también es un pecado de omisión (versículo 28). Se subraya la palabra prójimo, tan frecuente en el AT y tan conocida en las expresiones del NT. La palabra hebrea es re’ H7453, que viene de la raíz que significa “asociarse con”. Por lo tanto, se puede traducir como “vecino, compañero, amigo, colega”. Aquí se nota el pecado de la indiferencia hacia al prójimo. ¡Qué devastador ser el prójimo, estar en necesidad y escuchar las palabras en el versículo 28: Anda… mañana te lo daré! Mañana puede ser tarde si la emergencia es de una naturaleza que requiere una atención inmediata. Hay tiempos oportunos en la vida y hay que aprovecharlos. Tal como el prójimo se ha acercado a uno para ayuda en una crisis, el individuo podría verse en una emergencia y con la necesidad de solicitar el auxilio del prójimo. La actitud de indiferencia produce la tristeza del prójimo necesitado y conduce al rechazo de parte de Dios. El NT apoya ampliamente estos dos imperativos. Pablo toca el tema de ayudar cuando uno tiene cómo apoyar al hermano y subraya la importancia de una voluntad dispuesta. Sin duda la palabra de Dios condena las acciones que son demasiado comprometedoras e imposibles de cumplir.

El tercer mandato negativo se encuentra en el versículo 29. El pecado aquí es premeditado y se dirige a alguien que tiene confianza en el individuo. Nos trae a la mente el décimo mandamiento: No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo. Quizá el individuo desea algo que tiene su prójimo. De todas maneras, construir una relación requiere tiempo, mientras la reconstrucción de una relación donde se haya perdido la confianza requiere años, si fuera posible. Recuperar la confianza es una gran tarea que pocos logran.

Llevar a una persona ante un tribunal y acusarle de algún delito falsamente se prohíbe en el versículo 30. Son varios los proverbios que hablan en contra de la persona que produce contiendas contra los inocentesx. En el mismo espíritu, en este proverbio se rompe el noveno mandamiento: No darás falso testimonio en contra de tu prójimo.

Como los primeros dos mandatos son parecidos (versículos 27, 28) y los siguientes dos mandatos son parecidos (versículos 29, 30), así el versículo 31 contiene dos mandatos negativos, el quinto y el sexto. El hombre violento es como el hombre perverso. El Salmo 37:1–9 confronta la actitud que se presenta aquí en una versión resumida. La importancia de evitar la mala compañía es un tema frecuente de Proverbios, siendo este el primer tema tratado en el libro en una forma amplia. Además de rechazar lo que es y lo que tiene el hombre violento, hay que guardarse contra algunas de sus características. Hay que recordar la escena de Lucas 8:26, donde un hombre endemoniado y violento vino a Jesús y fue milagrosamente transformado por él. Nadie queda fuera del poder de Jesús si hay una disposición para seguir a Cristo.

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