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Proverbios 26: Cómo tratar al necio

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Proverbios 26:1  Como nieve en el verano y como lluvia en la siega, así la honra no es apropiada para el necio.

Proverbios 26:2  Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo así la maldición no viene sin causa.

Proverbios 26:3  El látigo es para el caballo, la brida para el asno, y la vara para la espalda de los necios.

Proverbios 26:4  No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él.

Proverbios 26:5  Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos.

Estos proverbios, aparentemente contradictorios, aparecen como complementarios si nos fijamos en que enseñan dos verdades distintas. Si imitas al necio, te igualas a él; pero si le respondes como si fuera un sabio, se creerá sabio.

Estos dos versículos parecen contradictorios. Pero el autor dice que no deberíamos tomar al necio en serio ni tratar de razonar con sus argumentos huecos. Esto solo lo enorgullecerá y se dispondrá a ganar la discusión. A veces no debería siquiera tratar de contestar a un necio, porque no hay manera de penetrar en su mente cerrada. Es más, bajaría al nivel de esa persona si decide contestar. Tal tipo de persona abusará de usted y se verá tentado a responder de la misma manera. Existen otras situaciones donde su sentido común le dirá que responda a fin de exponer el orgullo y disparate del necio.

Proverbios 26:6  Se corta los pies y bebe violencia el que envía recado por mano de necio.

Proverbios 26:7  Como las piernas que penden del lisiado, así es el proverbio en boca de los necios.

En la boca del necio, un proverbio se vuelve inútil como una pierna paralizada. Algunos son tan ciegos que no adquirirán mucha sabiduría por leer estos proverbios. Solo los que quieren ser sabios tienen la actitud receptiva necesaria para sacar el mejor provecho de ellos. Si queremos aprender de Dios, El responderá y derramará su corazón en nosotros

Proverbios 26:8  Como el que ata la piedra a la honda así es el que da honor al necio.

Algunas veces cuando alguien en un grupo provoca discordia o disensión, el líder trata de lograr su lealtad y productividad al darle una posición de privilegio o responsabilidad. Por lo general, esto no da resultados. En realidad, es como atar una piedra a la honda: no irá a ninguna parte y volverá, le golpeará y lo lastimará. El nuevo poder del disidente quizás sea solo lo que necesita para manipular al grupo.

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