Peregrino

—Que dirección tomaste peregrino?

—Vengo por las sendas de la Ley, Hermano.

—Por cuantas encrucijadas has pasado?

—Cinco veces tuve que detenerme para descubrir hacia donde ir. A lo largo del recorrido recibí muchas invitaciones y generosas promesas para ingresar por vías secundarias. Sin embargo, no las acepté, pues en el pasado conocí el sabor amargo del desvío. Aprendí hermano, que para seguir el Camino de la Ley tendría que tener humildad y fe, tendría que entregarme al Supremo. También aprendí, con el sufrimiento y con el dolor, que sin perseverancia ni sinceridad no podría emprender tan osado viaje.

Camino sin igual: estrecho como es, por poco que me distraiga, puedo extraviarme; rectilíneo, en el horizonte oculta su principio y su fin. A cada paso, aporta un nuevo aprendizaje, una tarea y una prueba. He vivido mis días transitándolo, y por ellos le doy gracias al Supremo.

—Se perfectamente que dices la verdad. Ahora que pasaste por las cinco grandes pruebas: la soberbia, la lasitud, la mentira, el hurto sutil –o el uso incorrecto de la energía– y la cobardía; y que también te mantuviste fiel en medio de los pequeños desafíos, llegarás a un nuevo estrecho portal; al cruzarlo, una gran estrella se te revelará y, con su luz transparente, iluminará tu senda.

Llegado el momento Peregrino alcanzó llegar al estrecho Portal, una inmensa luz se reveló ante él y no lo pensó dos veces. Decidió seguir a Cristo.

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