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Pedro confiesa que Jesús es el Mesías

Se puede ver fácilmente lo judío que había de ser este nuevo mundo. El elemento nacionalista domina por todas partes.

(viii) Palestina sería el centro del mundo, y el resto del mundo le sería sometido. Todas las demás naciones serían subyugadas.

A veces se concebía como un dominio pacífico: Y todas las islas y las ciudades dirán: «¡Cómo ama el Eterno a estas personas!» Porque todas las cosas obran en armonía con ellas y las ayudan… ¡Venid, postrémonos en tierra y supliquemos al eterno Rey, el Todopoderoso, el Dios perdurable! Vayamos en procesión a Su Templo, porque Él es el único Potentado. (Oráculos Sibilinos 3,690ss).

Más corrientemente se presentaba el fin de los gentiles como una destrucción total, ante la que se regocijaría Israel. y Él aparecerá para castigar a los gentiles, y destruirá todos sus ídolos. Entonces tú, Israel, serás feliz. Te montarás sobre los cuellos y las alas de las águilas (es decir, Roma, el águila, será destruida) y ellos terminarán, y Dios te exaltará. Y tú .mirarás desde .las alturas . y verás a tus enemigos en la gehena, y los reconocerás y te regocijarás. (Asunción de Moisés 10,8-10).

Era una descripción sombría. Israel se regocijaría al ver a sus enemigos quebrantados y en el infierno. En cuanto a los israelitas que hubieren muerto, resucitarían para participar en el nuevo mundo.

(ix) Finalmente vendría una nueva edad de paz y de bondad que permanecería para siempre.

Estas eran las ideas mesiánicas que había en las mentes cuando vino Jesús: violentas, nacionalistas, destructivas, vengativas. Cierto que terminaban en el perfecto Reino de Dios; pero llegaban a él a través de un baño de sangre y una carrera de conquista. Figuraos a Jesús en un trasfondo así. No es extraño que tuviera que reciclar a Sus discípulos en el nuevo sentido del mesiazgo; ni tampoco que Le crucificaran al final como hereje. No había lugar en un panorama así para una Cruz, ni para el amor doliente.

Este es uno de los momentos más cruciales de la vida de Jesús. Les hizo esta pregunta a sus discípulos cuando ya había decidido ir a Jerusalén (Lucas 9:51). Sabía muy bien lo que le esperaba allí, y la respuesta que dieran a su pregunta tenía una importancia capital. Sabía que iba a morir en una cruz; y quería saber, antes de ponerse en camino, si había alguien que hubiera descubierto de veras Quién era Él. De la respuesta correcta dependía todo. Por otra parte, si delataba una incomprensión obtusa, toda la obra de Jesús habría sido inútil. Si se habían dado cuenta, aunque fuera incompletamente , eso quería decir que Jesús había encendido en sus corazones una antorcha tal que el tiempo no podría apagar nunca. ¡Qué gran alivio debe de haber sido para Jesús el escuchar de labios de Pedro el gran descubrimiento! «¡Tú eres el Mesías de Dios!» Cuando Jesús oyó aquello, se dio cuenta de que no había fracasado.

Pero los Doce tenían que descubrir, no sólo Quién era Jesús, sino lo que aquello significaba. Habían crecido en un ambiente en el que se esperaba que Dios mandara un Rey conquistador que llevara al pueblo de Israel a ser el amo del mundo. A Pedro le brillarían los ojos de emoción cuando hizo su gran confesión. Pero Jesús todavía tenía que enseñarles que el Mesías, el Ungido de Dios, había venido para morir en una cruz. Jesús tenía que darles la vuelta a todas las ideas que ellos tenían acerca de Dios y de los propósitos de Dios; y eso fue lo que se dedicó a hacer desde aquel momento. Habían descubierto Quién era Él; ahora tenían que descubrir lo que aquello quería decir.

Hay dos grandes verdades generales en este pasaje.

(i) Jesús empezó por preguntarles lo que la gente decía de Él; y a continuación, les preguntó directamente a los Doce: «Y, vosotros, ¿quién decís que soy?» No es bastante para nadie el saber lo que los demás dicen de Jesús. Podría ser que una persona pudiera aprobar un examen acerca de lo que se ha pensado y dicho acerca de Jesús; podría ser que hubiera leído todos los libros de cristología que se han escrito en el mundo, y todavía no ser cristiana. Jesús tiene que ser siempre nuestro descubrimiento personal. Nuestra religión no puede ser «lo que diga la gente». Jesús llega a preguntarnos a cada uno, no: «¿Me puedes decir lo que otros han dicho o escrito acerca de Mí?», sino: «¿Quién soy Yo para ti?» Pablo no dijo: «Yo sé lo que he creído», sino: «Yo sé en Quién he creído» (2 Timoteo 1:12). El Evangelio no consiste en recitar un credo, sino en conocer a una Persona.

(ii) Jesús dijo: «Es necesario que vaya a Jerusalén a morir.» Es del mayor interés el ver las veces que Jesús dice es necesario en el evangelio de Lucas. «Me era necesario estar en la casa de mi Padre» (2:49); «Me es necesario predicar el Reino» (4:43); «Es necesario que recorra mi camino hoy y mañana» (13:33). Una y otra vez les dijo a sus discípulos que le era necesario ir a la cruz (9:22; 17:25; 24:7). Jesús sabía que tenía que cumplir su misión. La voluntad de Dios era su voluntad.

No tenía otro propósito en la Tierra que hacer aquello para lo que el Padre le había mandado. El cristiano, como su Señor, es una persona a las órdenes de Dios.

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