Parábola del sembrador

(iv) Esto nos trae a un punto que debemos recordar siempre en nuestros intentos de interpretar las parábolas. No eran, en primera instancia, para ser leídas, sino para ser escuchadas. Es decir: en primera instancia nadie se podía sentar a estudiarlas frase por frase y palabra por palabra. Se dijeron, no para ser estudiadas extensa y tranquilamente, sino para producir un impacto y una reacción inmediatos. Es decir: las parábolas no se deben tratar nunca como alegorías. En una alegoría, cada escena y personaje y detalle de la historia encierra un significado. El Peregrino de Juan Bunyan es una alegoría; en él, todos los acontecimientos y las personas tienen un sentido simbólico. Una alegoría es para ser leída y estudiada y examinada; pero una parábola es algo que se oye una vez y sólo una vez. Por tanto, lo que debemos buscar en una parábola no es una situación en la que todos los detalles representan algo, sino una situación en la que se presenta una gran idea que reluce como un relámpago. Siempre es erróneo intentar hacer que todos los detalles de una parábola quieran decir algo. Siempre es correcto decir: « ¿Qué idea única resaltaría en la mente de una persona que oyera esta historia por primera vez?»

En esta parábola Jesús se vale de un ejemplo que todos sus oyentes reconocerían. Es probable que hasta estuvieran viendo entonces a algún sembrador que estaba sembrando su campo mientras Jesús hablaba. La parábola nos presenta cuatro clases de terreno.

(i) Las parcelas solían ser más bien alargadas, y estaban separadas por senderos o caminos por los que se podía pasar; cuando la semilla caía en esa parte pisoteada y endurecida no tenía posibilidad de penetrar en el suelo.

(ii) Estaba el suelo rocoso, que no quiere decir aquí un sitio lleno de piedras, sino un terreno que no era más que una capita de tierra por encima de una lancha de roca caliza. Allí no había humedad ni nutrientes, así es que la planta, si nacía, pronto se secaba y moría.

(iii) El terreno que se llenó de espinos parecía entonces estar bastante limpio. Se puede hacer que un terreno parezca limpio simplemente labrándolo; pero quedaban allí las semillas de los espinos y las raíces fibrosas de las malas hierbas. Las buenas y las malas semillas crecieron juntas; pero las malas eran más fuertes y ahogaron a las buenas.

(iv) El buen terreno era profundo, y estaba limpio y bien labrado. Los versículos 9 y 10 siempre han presentado problemas. Parece como si Jesús dijera que hablaba en parábolas para que la gente no le entendiera; pero no podemos creer que ocultara deliberadamente el sentido de su mensaje a sus oyentes. Se han propuesto algunas explicaciones.

Mateo 13:13 lo expresa de manera un poco diferente. Dice que Jesús hablaba en parábolas porque la gente no podía ver y entender correctamente. Mateo parece decir que las parábolas no eran para impedir que la gente viera y entendiera, sino para ayudarla a entender.

Mateo cita inmediatamente después el dicho de Isaías, 6: 9-10, que en efecto dice: «Les he hablado la Palabra de Dios, y el único resultado es que no han entendido ni una palabra.» Según esto, el dicho de Jesús puede indicar, no el objetivo de su enseñanza por parábolas, sino su resultado.

Lo que Jesús realmente quería decir es que la gente puede llegar a ser tan obtusa y dura de mollera que no pueden entender la Palabra de Dios cuando les llega. No es culpa de Dios; es que se han vuelto tan perezosos mentalmente hablando, tan cegados por los prejuicios, tan indispuestos a ver lo que no quieren ver, que son incapaces de asimilar la Palabra de Dios.

Esta parábola tiene dos interpretaciones.

(i) Se sugiere que quiere decir que la suerte de la Palabra de Dios depende del corazón en el que se siembra.

(a) El sendero endurecido representa la mente cerrada que se niega a recibir la Palabra.

(b) El terreno superficial representa a los que aceptan la Palabra, pero que no la meditan ni se dan cuenta de lo que implica, y que se retiran cuando llegan los problemas.

(c) El terreno espinoso representa a los que están tan ocupados con otras cosas que desplazan las cosas de Dios de su vida. Debemos recordar siempre que las cosas que le quitan el sitio a lo más alto no tienen que ser malas de necesidad. El peor enemigo de lo mejor es lo que es un poco menos bueno.

(d) El buen terreno representa al corazón bueno. El buen entendedor se caracteriza por tres cosas: la primera es que escucha con atención; la segunda, que guarda lo que oye en su mente y corazón, y lo medita hasta encontrar su sentido para su propia vida; la tercera, que lo lleva a la acción, que traduce lo que ha oído en obras.

(ii) Se sugiere que la parábola es en realidad una advertencia contra la desesperación. Consideremos la situación: a Jesús le han expulsado de las sinagogas; los escribas y los fariseos y los líderes religiosos estaban en contra suya, y era inevitable que los discípulos se desanimaran. A ellos dirige Jesús la parábola, y es como si les dijera: «Todos los campesinos saben que una parte de su semilla se perderá; no toda crecerá y dará fruto. Pero eso no los desanima hasta hacer que dejen de sembrar, porque saben que, a pesar de todo, la cosecha es segura. Sé que tenemos nuestros reveses y desánimos; sé que tenemos enemigos y adversarios; pero, no desesperéis: al final, la cosecha es segura.»

Esta parábola puede ser una advertencia acerca de cómo debemos oír y recibir la Palabra de Dios, y un estímulo para desterrar todo desánimo, en la seguridad de que las dificultades no podrán destruir la cosecha de Dios.

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