Parábola del sembrador

No quiere asumir la responsabilidad por nadie, sino que cada uno la asuma por sí. Así es que usó el método parabólico, no para pensar por nadie, sino para animar a cada uno a pensar por sí’mismo.
Presentaba la verdad de manera que, si hacía el debido esfuerzo con la debida actitud, cada uno podía descubrirla por sí, y por tanto poseerla de una manera que la hacía real y verdaderamente suya propia.

De la tierra al cielo

¡Escuchad! ¡Fijaos! El sembrador salió a sembrar. Cuando estaba sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del sendero, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte de la semilla cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra; y brotó en seguida, porque no tenía profundidad de tierra, pero cuando salió el sol se agostó y se secó completamente porque no tenía raíz. Otra parte de la semilla cayó entre espinos; y los espinos la ahogaron hasta el punto de quitarle la vida, y no produjo nada. Y otra parte cayó en buena tierra; y como crepió y se desarrolló bien produjo fruto, dando treinta, sesenta y ciento por uno. -Y añadió Jesús- : El que tenga oídos para oír, que oiga.

Dejamos la interpretación de esta parábola para cuando lleguemos a la interpretación que nos da Marcos, y de momento la consideramos sólo como un ejemplo de la enseñanza parabólica de Jesús en acción. La escena es a la orilla del lago; Jesús está sentado en la barca, un poco separada de la orilla. La costa desciende suavemente hasta el borde del agua, y forma un anfiteatro natural para la multitud. Mientras está hablando, Jesús ve a un sembrador trabajando en su campo cerca del lago.

«¡Fijaos! -dijo-. El sembrador ha salido a sembrar.» Aquí encontramos toda la esencia del método parabólico.

(i) Jesús partió del aquí y ahora para llegar al allí y entonces. Partió de algo que estaba sucediendo en aquel preciso momento en la tierra a fin de conducir los pensamientos de Sus oyentes al Cielo. Partió de algo que todos podían ver para llegar a cosas que no eran visibles; partió de algo que todos conocían para llegar a algo que no se figuraban. Esa era la misma esencia de la enseñanza de Jesús. El no alucinaba a la gente empezando con cosas que fueran extrañas y abstrusas y rebuscadas; empezaba por cosas tan sencillas que hasta un niño las podía entender.

(ii) A1 hacerlo así, Jesús mostraba que creía que hay un parentesco real entre la Tierra y el Cielo.

Jesús no habría estado de acuerdo en que «La tierra es un valle de lágrimas.» Jesús creía que en las cosas normales y corrientes de cada día se podía ver a Dios. Como decía William Temple: «Jesús enseñó a la gente a ver la obra de Dios en lo regular y en lo normal -en la salida del sol y en la caída de la lluvia y en el crecimiento de la planta.» Hace mucho ya Pablo tuvo la misma idea cuando dijo que el mundo visible está diseñado para darnos a conocer las cosas invisibles de Dios (Romanos 1:20). Para Jesús este mundo no era un lugar malo y perdido, sino la vestidura del Dios viviente. Sir Christopher Wren fue enterrado en la catedral de San Pablo, la gran iglesia que su propio genio había planificado y construido. En su tumba hay una sencilla inscripción en latín que quiere decir: «Si quieres ver su monumento, mira a tu alrededor.» Jesús habría dicho: «Si quieres ver a Dios, mira a tu alrededor.»

Jesús encuentra en las cosas normales de la vida una mina inagotable de señales que conducen a las personas a Dios si quieren leerlas como es debido.

(iii) La verdadera esencia de las parábolas consiste en que eran espontáneas, improvisadas y no ensayadas. Jesús mira a Su alrededor buscando un punto de contacto con la multitud. Ve al sembrador, y al instante lo toma como su texto de predicación. Las parábolas no eran historias elaboradas en la tranquilidad de un estudio; no eran cuidadosamente pensadas y pulimentadas y ensayadas. Su suprema grandeza consiste en que Jesús compuso estas breves historias inmortales en un instante, ante la demanda de la ocasión y en el fragor del debate.

C. J. Cadoux dijo de las parábolas: «Una parábola es arte enjaezado para el servicio y el conflicto.
Aquí tenemos la razón de que las parábolas sean tan poco frecuentes. Requiere un grado considerable de arte, pero de arte ejercitado en condiciones difíciles. En tres parábolas típicas de la Biblia, el que las dijo se estaba jugando la vida. Jotam (Jueces 9:8-15) refirió su parábola de Los Árboles a los hombres de Siquem, e inmediatamente después salió huyendo. Natán (2 Samuel 12:1-7) con la parábola de La Corderita le declaró a un déspota oriental su pecado. Jesús, en la parábola de Los Viñadores Malvados usó Su propia sentencia de muerte como un argumento a Su favor …. En su utilización más característica, la parábola es un arma de controversia, no pulida como un soneto en la ininterrumpida concentración del despacho, sino improvisada en el conflicto para salir al paso de una situación imprevista. En su uso más elevado, muestra la sensibilidad del poeta; la iniciativa, rapidez e imaginación del protagonista, y el valor que permite a tal mente obrar, sin trabas en la refriega y el peligro de los conflictos mortales.»

Cuando tenemos presente que las parábolas de Jesús son repentinas o, improvisadas, su encanto se multiplica por cien.

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