Oseas 14: Súplica a Israel para que vuelva a Jehová

La última parte de estas últimas palabras de Oseas trae lo que es más sorprendente. Si Israel se arrepintiera, entonces Dios salvaría a su pueblo. La sorpresa no es que Dios los sanaría o los amaría; más bien, reside en los términos que Dios utiliza para describirse. En los versículos 5 al 8 Dios se describe a sí mismo con dos símiles: como el rocío y como el ciprés verde. Las dos figuras son una adaptación del lenguaje del baalismo y muestran la hermenéutica audaz de Oseas de aplicar los símbolos del baalismo al Dios de Israel. Declaran que Dios es el Señor y que solamente el Señor es quien puede proveer la fecundidad en cada aspecto de la vida.

El rocío puede ser la diferencia entre la vida y la muerte en el desierto. Dios es esta diferencia, y solamente mediante su presencia divina Israel crecerá. Las figuras del lirio, (el cedro de) Líbano, y el olivo son metáforas que se utilizan en la poesía de amor (¡ver Cantares!). El lirio blanco de Galilea simboliza belleza y fertilidad, y las raíces del cedro de Líbano simbolizan poder y permanencia. El olivo, que puede vivir y producir fruto por mil años, también es un símbolo de fertilidad y permanencia. Israel tendrá en Dios todo lo que buscó en vano en Baal.

El versículo 7 anticipa el símil del versículo 8 cuando habla de la sombra de Dios. Es mejor aceptar la sugerencia de la nota en la RVA y leer: “Se sentarán bajo mi sombra”. Empleando los símbolos del trigo, la vid y el vino de Líbano, una vez más Dios promete a Israel una vida abundante bajo su protección. ¿Por qué Israel pensaría en ídolos si en realidad puede recibir todo lo que necesita del Señor? Entonces en una manera única del AT, Dios se compara con un árbol: Yo soy como el ciprés verde. En los lugares altos del baalismo el árbol sagrado (’asherah) representó a la diosa de fertilidad. Aquí el Señor declara en una manera inolvidable que él mismo, y solo él, es la fuente de vida para Israel. Además, el ciprés verde crecía en abundancia en las montañas de Israel y Judá. Este árbol nativo entonces es el símbolo perfecto para decir que Israel no tiene necesidad de importar a un dios extranjero; es del Señor que Efraín recibirá su fruto (en hebreo hay un juego de palabras entre “Efraín” y “fruto”). Si se arrepienten, la promesa es segura.

Joyas bíblicas

…Nunca más diremos a la obra de nuestras manos: ‘Dioses nuestros’; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia

Yo los sanaré de su infidelidad. Los amaré generosamente, porque mi furor se habrá apartado de ellos.

El último versículo del libro de Oseas forma una conclusión de todo el libro que desafía al lector a actualizar su mensaje en una manera sabia. El versículo 9 se escribió específicamente para el libro porque utiliza rebeldes (posheim) en vez de “malos” (reshaim), y emplea de nuevo “tropezar” (kashal) como en 5:5 y 14:1. Afirma que el libro es la palabra de Dios que muestra los caminos rectos del Señor no solo a Israel sino también a todos que lo leen con fe. Este texto aclara que la persona que entiende la profecía de Oseas cambiará tanto su actitud como sus acciones. Vivir en relación con Dios consiste en aprender los caminos del Señor y poner en práctica lo que se aprende.

Debemos recordar que el versículo 9 presenta un desafío a toda generación para hacer esta actualización del mensaje de Oseas. No es la palabra de Dios solo cuando Oseas la predicó a Israel, el reino del Norte; ni se limitó su aplicación a Judá en el próximo siglo. El NT utiliza a Oseas, y la contextualización que hace Pablo merece atención. Pablo cita a Oseas dos veces: en Romanos 9:25-26 y en 1 de Corintios 15:55. En cada caso hace una reinterpretación radical, lo que hace aun más profundo el mensaje del profeta.

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