Números 35: Herencia de los levitas

Este capítulo trata de la porción de los levitas que han de recibir 48 ciudades, de las cuales seis serán de refugio. Las ciudades levíticas, y las de refugio mencionadas, corresponden a las que aparecen en Josué.

Núm 35:1 Habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo:

Núm 35:2 Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten; también daréis a los levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas.

Los ejidos : Eran tierras de uso común, utilizadas principalmente para pastoreo. Pero lo más importante es que se indica que estas tierras no deben ser consideradas propiedad individual, sino entregadas en usufructo a todos los levitas de la ciudad.

Núm 35:3 Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, para sus ganados y para todas sus bestias.

Los levitas eran ministros. Se sostenían de los diezmos del pueblo que, además, les proveía de casas, rebaños y pastizales. Hoy en día, tenemos la responsabilidad de proveer para las necesidades de nuestros ministros y misioneros para que ellos tengan libertad de abocarse a la tarea que Dios les encomendó.

Núm 35:4 Y los ejidos de las ciudades que daréis a los levitas serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera.

Núm 35:5 Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto tendrán por los ejidos de las ciudades.

Aparentemente, los mil codos de espacio de que se habla en v. 4 debían permanecer como tierra común, mientras los dos mil codos de v. 5 podían dedicarse a los cultivos.

Núm 35:6 Y de las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allá; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.

De las cuarenta y ocho ciudades dadas a los levitas por el pueblo, seis de ellas eran ciudades de refugio. Estas probablemente estaban bajo la supervisión de los levitas, ya que serían los jueces más imparciales. Estas ciudades eran necesarias debido a que la costumbre antigua de justicia clamaba por venganza en la ocasión de la muerte de un pariente o ser amado. Los levitas sostenían una audiencia preliminar afuera de las puertas mientras el acusado era retenido en la ciudad hasta el momento de su juicio. Si el asesinato había sido accidental, la persona permanecía en la ciudad hasta la muerte del sumo sacerdote. Para ese entonces, se le daría la libertad, y podría comenzar una nueva vida sin preocuparse por los vengadores. Si no hubiera sido accidental, la persona era enviada a los vengadores de la persona asesinada. Este sistema de justicia muestra cómo la ley de Dios y su misericordia van tomadas de la mano.

Núm 35:7 Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos.

Núm 35:8 Y en cuanto a las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que tiene mucho tomaréis mucho, y del que tiene poco tomaréis poco; cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la posesión que heredará.(A)

Ciudades de refugio

Núm 35:9 Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Núm 35:10 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra de Canaán,

Núm 35:11 os señalaréis ciudades, ciudades de refugio(B) tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención.

Núm 35:12 Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación.

La congregación : es la autoridad legal que puede juzgar el caso

Núm 35:13 De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio.

Núm 35:14 Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio.

Núm 35:15 Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.

Núm 35:16 Si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá.

Núm 35:17 Y si con piedra en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá.

Núm 35:18 Y si con instrumento de palo en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá.

Núm 35:19 El vengador de la sangre, él dará muerte al homicida; cuando lo encontrare, él lo matará.

El vengador de la sangre: Responsabilidad legal que correspondía al pariente más cercano de la víctima, quien debía ejecutar al victimario.

Núm 35:20 Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere;

Núm 35:21 o por enemistad lo hirió con su mano, y murió, el heridor morirá; es homicida; el vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encontrare.

Núm 35:22 Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas,

Núm 35:23 o bien, sin verlo hizo caer sobre él alguna piedra que pudo matarlo, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal;

Núm 35:24 entonces la congregación juzgará entre el que causó la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes;

La distinción legal entre un crimen y un homicidio, se ilustra con una serie de ejemplos.

Núm 35:25 y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo.

Está implícito que el juicio se celebraba en el lugar donde vivía el victimario. Si éste era encontrado culpable de homicidio, se le devolvía a la ciudad de refugio hacia la cual había escapado.

La muerte del sumo sacerdote no es una referencia arbitraria. La muerte debía ser expiada con la muerte. Aparentemente, la muerte del sumo sacerdote reemplazaba la del homicida.

Núm 35:26 Mas si el homicida saliere fuera de los límites de su ciudad de refugio, en la cual se refugió,

Núm 35:27 y el vengador de la sangre le hallare fuera del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no se le culpará por ello;

Núm 35:28 pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote; y después que haya muerto el sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.

Si cualquiera moría por un acto de violencia, por lo general se asumía que la persona había sido asesinada, pero el sospechoso del crimen no era acusado automáticamente como culpable. Las ciudades de refugio aseguraban al acusado que se haría justicia. Pero si él o ella dejaban la ciudad, entonces serían considerados culpables y podrían ser matados por la parte vengadora. El pueblo no debía tolerar el pecado, sin embargo, debía ser imparcial hacia el acusado para que él o ella pudiera tener un juicio justo. Las ciudades de refugio representaban la preocupación y provisión de Dios de justicia en una cultura que no siempre protegía al inocente. Es tan injusto pasar por alto malas acciones como concluir precipitadamente acerca de la culpabilidad de una persona. Cuando alguien es acusado de haber hecho algo incorrecto, tome partido por la justicia, proteja a los que no han sido hallados culpables y escuche con cuidado toda las versiones de la historia.

Ciudades de refugio: Seis de las ciudades de los levitas fueron designadas como ciudades de refugio. Estaban distribuidas a lo largo de la tierra y protegían a aquellos que habían cometido accidentalmente algún crimen o que estaban esperando un juicio.

Ley sobre los testigos y sobre el rescate

Núm 35:29 Estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones.

Núm 35:30 Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera.(C)

Núm 35:31 Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá.

Núm 35:32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote.

Una indemnización monetaria no era compensación adecuada por la muerte de una persona. Las sentencias por crimen o por homicidio no podían ser anuladas con dinero.

Núm 35:33 Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.

Núm 35:34 No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.

Aquí no se especifica el lugar donde se hallaban las ciudades de refugio, pero sí se regula su función. Tras causarle la muerte a otro ser humano, el homicida tenía que huir a la ciudad-santuario hasta que fuese llevado a juicio. Si era encontrado culpable de asesinato, sería ejecutado por el pariente más próximo de la víctima. Si era hallado culpable de homicidio casual, hallaría refugio en la ciudad santuario hasta que muriera el sumo sacerdote. En ese momento podría regresar a su casa. No hay distinciones entre la legislación civil y la religiosa. Toda la tierra es del Señor, y ellos son su pueblo.

El asesinato contaminaba la tierra y exigía expiación, o la tierra quedaría mancillada.

Ciudades para los levitas en la tierra

Después de mencionar la repartición de Canaán entre las tribus seculares, se dirige nuestra atención a la situación de la tribu de Leví, que no recibe una porción grande de la tierra como herencia. Se instruye a las tribus seculares que aparten algunas ciudades de su heredad para que los levitas vivan en ellas. Los levitas también reciben los campos inmediatamente alrededor de estas ciudades para poder cuidar algunos animales. Aun con los campos, el comentarista Wenham dice que el área asignada a los levitas era como 0, 1 por ciento de la tierra de Canaán. En una sociedad agrícola, generalmente se ganaba la vida labrando la tierra o cuidando ganado. Pero los levitas no reciben terrenos suficientes para mantenerse con estas actividades; por eso, dependen de las ofrendas y los diezmos del pueblo. La función espiritual de los levitas es tan importante que las otras tribus deben darles lugar para vivir entre ellas y sostenerlos para que puedan dedicarse enteramente a su trabajo.

Este trabajo incluye los deberes de enseñar al pueblo la ley de Dios para que se mantenga como el pueblo santo de Jehovah. Como el campamento de Israel debía ser santo mientras estaba en la marchax, así el pueblo debe mantener la tierra en la cual habita como una tierra santa, porque Jehová habita en medio de su pueblo. Los levitas y sacerdotes tienen un papel central en mantener la santidad del pueblo y de la tierra. El esparcimiento de los levitas entre todo el pueblo facilita esta función.

Las dimensiones de los campos apartados para los levitas causan problemas. Sus campos se extienden 1.000 codos (unos 450 m.) desde el muro de la ciudad hacia afuera. Pero se interpreta como significando que los campos de los sacerdotes miden 2.000 codos (unos 900 m.) en cada lado. Si es así, no deja lugar para la ciudad misma. Aparentemente debemos suponer que las ciudades ocuparon una área pequeña. Los terrenos de los levitas entonces medirían un poco más de 2.000 codos en cada lado, pero no mucho más. La cifra de 2.000 se da entonces como un número redondo.

El número total de las ciudades de los levitas es 48, de las cuales 6 son ciudades de refugio. Las tribus que reciben una herencia más grande deben apartar más ciudades para los levitas. Así se garantiza que ningún israelita está demasiado lejos de los levitas para beneficiarse de su ministerio.

La purificación de la tierra: ciudades de refugio y leyes sobre el homicidio

Ya hemos dicho que Israel debe mantener su heredad como una tierra santa porque Jehová habita en medio de su pueblo. Uno de los agentes de contaminación más poderosos es la sangre humana derramadax. Todo este pasaje trata de cómo expiar la tierra de la mancha de la sangre cuando hay un homicidio.

Las ciudades de refugio

Cuando un hombre era asesinado, su pariente más cercano(go’el ) tenía la obligación de matar al asesino, y así vengar la sangre del difunto. (Este pariente también tenía la responsabilidad de redimir de la esclavitud a su parentela. Por eso se llama a veces el pariente redentor.) Pero, ¿qué de los casos de homicidio accidental? Aparentemente el vengador mataría al homicida aun en estos casos si lo podía alcanzar. Pero esta ley provee para seis ciudades donde el homicida accidental puede huir para escapar del vengador. Esto no significa que evite toda consecuencia de su acción, sino que tiene la oportunidad de comparecer en un proceso delante de la congregación de la ciudad para determinar si realmente es culpable de asesinato o no. Debe haber tres ciudades de refugio en cada lado del Jordán para que una esté al alcance de todos. Estas ciudades se nombran como Quedes, Siquem y Hebrón en Canaán, y Golán, Ramotgalaad y Beser en Cisjordania. En cada lado del Jordán, había una ciudad en el norte, una en el centro y una en el sur del territorio de Israel.

Reglas para diferenciar entre asesinato y homicidio accidental

Puede que alguien matara a otro intencionalmente y después huyera a la ciudad de refugio diciendo que fue un homicidio accidental. Debe haber alguna manera de determinar cuando una persona es culpable del asesinato, porque el asesino debe morir para limpiar la tierra de la mancha de la sangre inocente. Si uno golpea a otro con un instrumento de hierro, piedra o madera que puede causar una herida mortal, esto se interpreta como evidencia de una intención de matarle. Si hay evidencia de odio u hostilidad, el homicida es culpable de asesinato, cualquiera que sea el instrumento o método empleado. El asesino entonces será entregado al vengador.

Pero si no hay ninguna evidencia de hostilidad ni premeditación, entonces es un caso de homicidio accidental. En tales casos el homicida es protegido del vengador, pero debe quedarse en la ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. Si sale de la ciudad antes de la muerte del sumo sacerdote, el vengador puede matarlo sin incurrir en culpa. Entonces aun el homicida accidental paga un precio por haber derramado la sangre humana: debe estar en exilio de su familia y comunidad durante el resto de la vida del sumo sacerdote. Sólo la muerte puede expiar la muerte. En el caso del asesinato, se requiere la muerte del asesino. En el caso del homicidio accidental, es la muerte del sumo sacerdote que limpia la tierra de la sangre inocente. La muerte del sumo sacerdote tiene entonces un valor expiatorio. Aquí vemos un tipo de la muerte expiatoria de nuestro sumo sacerdote, Jesucristo, que tiene el poder de limpiarnos de todo pecado.

Reglas sobre los testigos y el rescate

En los procesos legales, el testimonio de uno no es suficiente para imponer la sentencia de muerte; debe haber por lo menos dos testigos que concuerden en su testimonio. Pero una vez establecida la culpa de un asesino, tiene que pagar con su vida. En Israel no se puede pagar un rescate por la vida del asesino, como en varias otras culturas de la antigüedad. Tampoco se puede pagar un rescate para comprar la libertad del homicida accidental. Sólo la sangre puede expiar la sangre derramada. Así la Biblia afirma varias veces la santidad de la vida humana. El hombre es creado a la imagen de Dios, y sólo el Creador puede dar la vida. Por eso, el hombre, actuando individualmente, no tiene el derecho de quitarle la vida a otro hombre. No obstante, la comunidad sí puede tomar la vida de un delincuente, o en tiempos de guerra. En tales casos la comunidad actúa (en teoría por lo menos) como el agente de Dios para ejecutar la justicia de Dios.

Todo este pasaje expresa la verdad de que Israel debe ser un pueblo santo que vive en una tierra santa. Como siempre en el libro de Números son los levitas y los sacerdotes los que tienen el papel central en mantener la santidad del pueblo y hacer la expiación por los pecados. Aquí, los levitas deben vivir entre las tribus para enseñarles la ley de Dios. Como las ciudades de refugio son todas ciudades levíticas, los levitas llevan una responsabilidad especial en recibir a los homicidas y juzgar sus casos. Finalmente, es la muerte del sumo sacerdote que hace expiación por la sangre de los muertos accidentalmente.

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