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Nuevamente Jesús acusa a los escribas y fariseos

Pastor Lionel

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La primera frase de este pasaje, lo más probable es que vaya con lo que la sigue, y no con el pasaje anterior, como aparece en la Reina-Valera. Las divisiones en versículos del Nuevo Testamento las introdujo en primer lugar Stephanus en el siglo XVI. Se dice que las puso mientras iba cabalgando desde su casa a su imprenta. No son siempre las divisiones más convenientes ni mucho menos, y este parece ser uno de los cambios que se hacen necesarios. Es mucho más probable que la masa de gente Le escuchara con deleite una denuncia de los escribas que un argumento teológico. Hay algunas mentes para las que lo más divertido es que se metan con los de arriba.

En este pasaje Jesús hace una serie de acusaciones contra los escribas. Les gustaba andar por ahí con ropas solemnes. Un ropaje largo, que se mecía al andar, era una señal de dignidad. Era la clase de atuendo en que uno no podía ni correr ni trabajar, y era la señal del ocioso honorable. Puede ser que la frase tenga otro significado. Obedeciendo Números 15:38, los judíos usaban pompones en los bordes de sus túnicas exteriores, que tenían por objeto recordarles que pertenecían al pueblo de Dios.

Posiblemente estos expertos legales llevaban borlas externas de un tamaño desmesurado (Cf. Mateo 23:5). En todo caso, les gustaba llamar la atención.

Les encantaban los saludos en el mercado. Les encantaba que los saludaran con respeto y admiración. El mismo título rabbí quiere decir «mi grande.» El que se dirigieran a ellos de esa manera satisfacía su vanidad.

Les encantaban los asientos delanteros de las sinagogas. En la sinagoga, delante del arca donde se guardaban los volúmenes sagrados, había un banco mirando a la congregación en el que se sentaban personas especialmente distinguidas. Tenía la ventaja de que ninguno de los que se sentaran allí pasaría inadvertido, sino que estaba bien a la vista de la admirada congregación.

Les encantaban los lugares más honorables en las fiestas. Los asientos en los banquetes se fijaban rigurosamente. El primer lugar estaba a la mano derecha del anfitrión; el segundo, a su izquierda, y así, alternativamente, a derecha y a izquierda alrededor de la mesa. Era muy fácil decir el honor en que se tenía al hombre por el lugar que ocupaba.

Devoraban las casa de las viudas. Esa era una acusación imponente. Josefo, que era fariseo, dice de algunos tiempos de intriga en la historia judía que «los fariseos se valoraban altamente por su habilidad extraordinaria en lo referente a la ley de sus antepasados, y hacían creer a la gente que ellos, los fariseos, eran especialmente apreciados por Dios,» y que «engatusaban» a ciertas mujeres en sus maquinaciones y conjuras. La idea que hay detrás de esto parece ser que un maestro de la Ley no podía recibir ninguna paga por su enseñanza. Se suponía que tenía una profesión secular en la que se ganaba la vida. Pero estos expertos legales se las arreglaban para convencer a la gente de que no había obligación ni privilegio más altos que el mantener a un rabino cómodamente, y que de hecho tal sostenimiento les granjeaba un puesto más elevado en la academia celestial. Es un hecho lamentable que muchas veces se han aprovechado de las mujeres los charlatanes religiosos, y parecería que estos escribas y fariseos le› exigían a la gente sencilla que los mantuviera.

Las oraciones interminables de los escribas y fariseos eran célebres. Se ha dicho que las oraciones no se Le ofrecían tanto a Dios como a la audiencia. Se hacían en lugares y maneras que nadie pudiera por menos de ver, constatando lo piadosos que eran los orantes.

Estas palabras, entre las más serias de todas las de Jesús, advierten de tres cosas.

(i) Advierten contra el deseo de la prominencia. Sigue siendo verdad que muchas personas aceptan un puesto en la iglesia porque creen que se lo han ganado, más bien que porque deseen prestar un servicio desinteresado a la casa y al servicio de Dios. Algunos puede que todavía consideren una posición en la iglesia como un privilegio más que como una responsabilidad.

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