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No estás solo

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Hay momentos en la vida en los que la soledad nos invade por completo y hace de nuestra alma su guarida secreta. Sentimos no hay más nada por lo que deberíamos luchar ni hay más nadie que esté allí para ayudarnos a continuar. Es como si viviéramos en un mar, compuesto por personas, que por más agua que bebemos la sed no cesa y cada vez se va convirtiendo más insaciable.

Duele sentirse sólo aún rodeado de personas, duele secar lágrimas y que nadie esté allí para secarte las tuyas, sentir que todo es diferente, saber que no puedes hacer nada para evitarlo… Todo se torna gris y no hay forma de volver al pasado. Pasa el tiempo y continuamos tomando de aquella agua salada y nos encerramos en un mundo donde solo ella tiene cabida.

Nos cerramos ante la posibilidad de que gotas dulces viajen desde el cielo para saciar nuestra sed. Y cuando ésta al fin cae, la pasamos por alto sin detenernos tan siquiera a darle una oportunidad. No estamos solos en este mundo, allá afuera siempre habrá una persona dispuesta a escucharnos y a brindarnos su regazo, una persona que con fervor desee formar parte de nuestras vidas.

Así que dejemos de beber aquella agua salada, que solo nos hace sentir vacíos, y démosle una oportunidad al agua dulce para que nos llene por completo.

Preguntémonos cada día si las personas con las que estamos nos llenan o en verdad nos quitan, pues eso solo conduce a que nos sintamos vacíos.

En la vida siempre encontraremos personas que sabrán valorarnos, pero si nos encerramos con un solo grupo jamás la identificaremos… ¡Vive tu vida! que no estás solo, siempre hay alguien más… y cuando sientas que ya nada ni nadie hay para ti, recuerda que eres importante para Dios y que te espera con los brazos abiertos.

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