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Muchos discípulos abandonan a Jesús

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Al oír estas enseñanzas, muchos de los que seguían a Jesús dijeron: –Esto que dice es muy difícil de aceptar; ¿quién puede hacerle caso? Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó: –¿Esto les ofende? ¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir adonde antes estaba? El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen. Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar, y añadió: –Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede. Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y a no andaban con él. Jesús les preguntó a los doce discípulos: –¿También ustedes quieren irse? Simón Pedro le contestó: –Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios. Jesús les contestó: –¿No los he escogido yo a ustedes doce? Sin embargo, uno de ustedes es un diablo. Al decir esto, Jesús hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque Judas iba a traicionarlo, aunque era uno de los doce discípulos. Juan 6: 60-71

Aquí tenemos un pasaje henchido de tragedia, porque es el principio del fin. Había habido un tiempo cuando la gente venía a Jesús en grandes multitudes. Cuando estuvo en Jerusalén para la Pascua, muchos vieron Sus milagros y creyeron en Su nombre . Tantos vinieron a que los bautizaran los discípulos de Jesús que su número creaba problemas. En Galilea, la muchedumbre había salido en Su seguimiento el día antes. Pero ahora el cariz había cambiado; desde ahora en adelante habría un odio creciente que culminaría en la Cruz. Juan nos introduce en el último acto de la tragedia. Son circunstancias así las que revelan los corazones de las personas y las muestran tal como son en realidad. En estas circunstancias había tres actitudes ante Jesús.

(i) Hubo defección. Algunos se volvieron atrás y dejaron de andar con Jesús. Se fueron separando por varias razones.

Algunos vieron claramente hacia dónde se dirigía Jesús. Uno no podía desafiar a las autoridades como Él lo estaba haciendo y salirse con la suya. Estaba abocado a un desastre, y ellos querían desmarcarse a tiempo. Eran seguidores de conveniencia. Se ha dicho que el temple de un ejército se ve en cómo pelea cuando está cansado. Los que se marcharon habrían permanecido con Jesús siempre que Su carrera hubiera estado en ascendente; pero a la primera sombra de la Cruz Le dejaron.

Algunos esquivaron el desafío de Jesús. Su punto de vista era que habían venido a Jesús para sacar algo; cuando se barruntaba el sufrir por Él y darle a Él, se salieron. Nadie puede dar tanto como Jesús; pero, si acudimos a Él solamente para recibir y nunca para dar, seguro que acabaremos por volverle la espalda. La persona que quiera seguir a Jesús debe tener presente que en Su seguimiento hay siempre una cruz.

(ii) Hubo deterioro. Esto lo vemos especialmente en Judas. Jesús debe de haber visto en él un hombre que Él podía usar en Su obra. Pero Judas, que podría haber llegado a ser un héroe, resultó un villano; podría. haber sido un santo y dejó su nombre a la ignominia.

Hay una terrible historia de un artista que estaba pintando la última Cena. Era un gran cuadro, y le llevó muchos años. Como modelo para el rostro de Cristo usó a un joven de rostro transparente en su nobleza y pureza. Poco a poco fue completando el cuadro con los rostros de cada uno de los discípulos, hasta que le llegó el día en que necesitaba un modelo para Judas, al que había dejado para el final. Salió a buscar su tipo en los barrios más bajos de la ciudad y en las guaridas del vicio. Por fin encontró a uno cuya cara era tan depravada y viciosa que cumplía los requisitos. Cuando estaba para terminar el tiempo que tenía que posar, aquel hombre le dijo al artista: «Tú me habías pintado ya antes.» «¡Que va!» -exclamó el artista-. «¡Claro que sí! Yo fui el modelo para tu Cristo.» Los años habían obrado un terrible deterioro.

Los años pueden ser crueles. Pueden arrebatarnos los ideales, entusiasmos, sueños y lealtades. Pueden dejarnos con una vida empequeñecida y empobrecida. Pueden dejarnos con un corazón marchito en vez de henchido del amor de Cristo. Puede perderse el encanto de la vida. ¡Que Dios nos libre de ello!

(iii) Hubo resolución. Esta es la versión que Juan nos da de la gran confesión de Pedro en Cesarea de Filipo (Marcos 8:27; Mateo 16:13; Lucas 9:18). Fue precisamente una situación así la que produjo la lealtad del corazón de Pedro. Para él, el hecho era que no había absolutamente nadie al que ir después de haber estado con Jesús. Por decirlo de alguna manera, Jesús era el único que tenía palabras de vida eterna.

La lealtad de Pedro tenía sus raíces en su relación personal con Jesucristo. Habría muchas cosas que Pedro no entendía; estaría a veces tan confuso y despistado como cualquier otro. Pero había algo en Jesús por lo que habría estado dispuesto a morir. En último análisis, el Cristianismo no es una filosofía que podemos aceptar, ni una teoría a la que nos adherimos. Es una respuesta personal a Jesucristo. Es la lealtad y el amor que da una persona porque el corazón no le deja hacer otra cosa.[/private]

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