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Miqueas 3: Acusación contra los dirigentes de Israel

En cambio, Miqueas es diferente (versículo 8); él ha sido fortalecido por Dios, por el Espíritu Santo, para proclamar la verdad. Esta es la segunda y última vez donde se menciona al Espíritu de Dios en Miqueas. En el 2:7 el pueblo tenía un concepto errado del carácter y la obra del Espíritu de Jehová. Pero el Espíritu es Santo y no aprueba el pecado. Los falsos profetas capitulaban frente a sus instintos. Pero la fuerza que viene de Dios, del Espíritu Santo, reconoce y proclama la verdadera condición del pueblo. Miqueas lo llama “mi pueblo” nueve veces en el libro (ver versículo 3); se identifica con su pueblo y lo ama. Al proclamar su verdadera condición no los amaba menos sino más. “Fieles son las heridas que causa el que ama, pero engañosos son los besos del que aborrece”. Muchos padres encontrarían provechosas estas indicaciones. Los niños consentidos y mimados, sin disciplina, realmente no son amados. Alguien ha dicho “la inconstancia en el amor prueba evidentemente que no es amor”. El amor radica constantemente en la verdad.

Aplicación a la vida

1. En la balanza divina los valores humanos tienen una importancia muy alta. En la actualidad hay quienes roban a la gente por medio del tráfico de drogas, propaganda falsa y engaño. Son culpables hoy día de los pecados descritos en Miqueas.

2. Los líderes del día de Miqueas se jactaban de su religión diciendo: ¿Acaso no está Jehová entre nosotros?. Sin embargo, habían divorciado la religión de la moralidad social. Nuestras iglesias son llamadas para ser una influencia determinante en la cultura. De nada vale el crecimiento numérico si no somos luz y sal en la sociedad.

3. Describe una cultura en la cual los líderes construyeron edificios a precio de la sangre del pueblo. Es decir que los edificios habían sido construidos con sueldos demasiado bajos. Las instituciones cristianas, incluyendo las iglesias locales, deben estar seguras de que pagan un sueldo justo.

(3) Jefes y magistrados Aquí tenemos los mismos términos usados en Deuteronomio 3:1. Pero es evidente que este resumen incluye también a los sacerdotes y profetas (versículo 11). Se dirige a los líderes de Israel en el norte pero incluye a Sion y a Jerusalén en el sur. Así es una continuación de lo que antecede y a la vez es una fuerte y apropiada conclusión. Se ve aquí el estilo escabroso y cargado de Miqueas.

Su pecado fue abominar la justicia que debían haber defendido, y juntamente con esto pervertían lo recto y derecho. La palabra “pervertir” se usa en Isaías 42:16 donde se traduce “escabroso” o chueco. Es algo que tiene muchas curvas. La misma condición denuncian Isaías y Miqueas. En Isaías 5:20 dice: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo!”. Alguien escribió una vez: “El negro es oscuro. Oscuro quiere decir oscuro y esto significa oculto. Oculto es escondido y escondido quiere decir ‘acomodado’. Pero acomodado significa también cómodo o confortable. Confortable tiene el significado de fácil, y fácil también es facilitado. Lo facilitado es sencillo y si algo es sencillo es puro. Puro quiere decir blanco. Así que el negro es blanco”. Tenían habilidad para torcer lo bueno y recto.

Volvamos a los judíos (versículo 10); los acusa de edificar con la sangre del pueblo, como si fuera su mezcla para la albañilería. No les importaba matar o destruir para edificarse palacios. Iniquidad (aolah) es justamente “distorsión”. ¡Qué contraste aquí entre lo que era Jerusalén y lo que había llegado a ser!

A estos líderes no les faltaba la religión; sus sacerdotes y profetas funcionaban (versículo 11), pero la habían cambiado en fuente de ganancia. Los líderes pedían soborno, lo cual era terminantemente prohibido por la Ley en Deuteronomio 16:19. Los sacerdotes vendían sus servicios (la palabra paga tiene este sentido), lo que también era prohibido por la ley en Deuteronomio 17:11. Los profetas recibían dinero para predecir (la palabra que se usa aquí se puede traducir por “adivinación”, y es especialmente usada con referencia a los falsos profetas).

A principios del siglo XX, Guillermo Booth, fundador del conocido Ejército de Salvación en Inglaterra, previó estos peligros para el nuevo siglo: Religión sin el Espíritu Santo, cristianismo sin Cristo, perdón sin arrepentimiento, salvación sin regeneración, la política sin Dios y el cielo sin el infierno. En los días de Miqueas los religiosos habían divorciado la religión de la moralidad. ¿Es de sorprenderse que los modernos lo hagan también?

Termina la sección con un versículo que más adelante le salvó la vida a Jeremías.

Aproximadamente unos 120 años después de Miqueas, Jeremías (Deuteronomio 26:18), profetizó la destrucción de Jerusalén. Los sacerdotes y los falsos profetas querían matar a Jeremías pero algunos ancianos se apoyaron en el precedente de Miqueas y salvaron la vida de Jeremías. El término el monte del templo (o de la casa) se menciona para destruir la confianza del pueblo en un lugar en vez de la persona de Jehová. Judá había abandonado su fe en la persona de Jehová, y por lo tanto el lugar visible de su morada sería removido. Es imposible exagerar la importancia de este lugar en la adoración y el culto de los judíos. El peligro fue siempre la tendencia de adorar el lugar en vez del Dios que habitaba en el lugar.

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