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Miqueas 3: Acusación contra los dirigentes de Israel

Miqueas 3:9 Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho;

Miqueas 3:10 que edificáis a Sion con sangre, y a Jerusalén con injusticia.

Edificáis a Sion con sangre : Esta es una ironía que alude a lo que impide mejorar la vida en una ciudad. Los judíos se trataban unos a otros como enemigos y no como hermanos. Para Dios las personas son mucho más importantes que las ciudades, el territorio, o las manifestaciones de poder.

Miqueas 3:11 Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.

Miqueas condenó severamente a los líderes religiosos que ministraban solo si les pagaban. Jesús vino para servir, no para promover un gran negocio con el evangelio. Cuando la gente «ministra» para obtener un beneficio personal, se pierde la bendición. La predicación y la enseñanza nunca debe ser motivada por la promesa de un beneficio personal. Cuando Dios lo llame a realizar algo, obedézcalo, incluso cuando no haya recompensa monetaria. Miqueas advirtió a los ministros de sus días que evitaran el soborno. Los pastores aceptan sobornos cuando permiten que aquellos que contribuyen en grandes cantidades controlen la iglesia. Si el temor de perder dinero influye en un pastor para permanecer en silencio cuando debe hablar lo que es correcto, la iglesia está en peligro. Recordemos que Judá fue finalmente destruida debido al comportamiento de sus líderes religiosos. Una advertencia similar debe dirigirse a aquellos que tienen dinero: nunca utilicen sus recursos para influenciar o manipular a los ministros de Dios. Eso es soborno.

Miqueas 3:12 Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque.(A)

Jerusalén sería destruida del mismo modo en que lo fue Samaria (1.6). Esto ocurrió en el año 586 a.C., cuando Nabucodonosor y el ejército babilónico atacó la ciudad (2 Reyes 25). A pesar de que Miqueas culpó a los líderes corruptos, el pueblo no era inocente. Ellos permitieron que la corrupción continuara, sin volverse a Dios ni clamar por justicia.

Juicio a personas

Líderes

Jefes y magistrados son los dos términos empleados. Ellos tienen que saber más que los demás lo que es justo, por lo tanto el juicio contra ellos será sumamente severo, pues habían cambiado lo bueno por lo malo. En términos pastorales, flagelaban a las ovejas hasta arrancarles la piel (versículo 2). Es difícil concebir abusos tan despiadados, pero los líderes habían despedazado al pueblo común, despojándolo de todo; trataban al pueblo como animales destinados al matadero. Por lo tanto en el día de tribulación no recibirían respuesta alguna del Señor (versículo 4). Dios no contesta las oraciones de los que proceden con injusticia.

Tampoco contesta Dios a los que no andan de acuerdo con su voluntad. “Si en mi corazón yo hubiese consentido la iniquidad, el Señor no me habría escuchado”.

Dios esconderá su rostro (versículo 4). Según Job 104:29 el rostro de Dios da vida; esconder su rostro no solo significaría desagrado, sino muerte y destrucción. La bendición de Dios es lo mismo que “haga resplandecer su rostro sobre ti”. En el día de la tribulación Dios dejará perecer a estos malos líderes; será demasiado tarde para que ellos reciban ayuda de él.

Profetas

Los profetas servían por puro interés. La expresión muerden con sus dientes describe su afición a la gula. Eran comilones cuyo apetito regía su conducta. Si el pueblo no les daba para sus desenfrenos, sería motivo de declarar la guerra santa, o sea la guerra contra los enemigos de Dios para defender su honor. Pero estos profetas abusaban del concepto porque no era para la honra de Dios sino para la de ellos.

Por lo tanto, habrá noche sin visión para estos profetas. Dios les daría oscuridad para que no pudieran profetizar. Por cierto, oscuridad (versículo 6) es muchas veces un símbolo para calamidad. El profeta verdadero se reconocería por el cumplimiento de su profecía; si su predicación resultaba en el acercamiento del pueblo a Dios, sería reconocido como verdadero profeta. Aquí por ser falsos y malos, se manifestaría su vergüenza. El término se cubrirán… sus labios (versículo 7) estaba relacionado con la cultura, y era señal de duelo y deshonra. Evidentemente, era lo mismo que cubrirse la cabeza. Así que estos profetas impúdicos serían completamente desacreditados por Dios.

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