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Mayordomía forma parte del Evangelio

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La pequeña iglesia bautista de Zambia era pobre. Los miembros querían mucho a su pastor, Godfrey Mulando, pero no podían pagar su sueldo. Este amor era mutuo y el pastor se había dedicado por entero a guiar a su congregación en su diario caminar con Dios. Sin embargo, le habían advertido que no hablase acerca del dinero si no quería espantar a las gentes, haciendo que se alejasen.

Cuando Mulando fue a Singapur para el adiestramiento del liderazgo en lo que se refiere a cómo realizar la evangelización, se sintió tan profundamente conmovido por lo que escuchó acerca de los mandamientos y las promesas de Dios sobre el tema del dinero y las posesiones, que se sintió convencido de que su iglesia debía enterarse de la verdad.

Cuando regresó a Zambia, comenzó a enseñar a las gentes de su iglesia diciéndoles: «La mayordomía forma parte del evangelio y ninguna persona puede, en realidad, Tener un conocimiento completo de Dios a menos que conozca y practique el concepto de la mayordomía. La adoración no está completa a menos que demos algo. Cuando los sabios, por ejemplo, fueron a adorar al bebé Jesús, le llevaron dones preciosos.»

Los miembros de la congregación eran personas dedicadas y no se asustaron por el hecho de que Dios hubiese dado un mandamiento conforme al cual era preciso dar, sino que se mostraron encantados por lo que oyeron y se sintieron, además, avergonzados por su propia desobediencia. Preguntaron a su pastor por qué él no les había enseñado estas cosas con anterioridad y él se vio obligado a admitir que él mismo las desconocía.

Por primera vez en su vida, los miembros de la Iglesia Bautista de Masala, en Ndola, Zambia, comenzaron a dar el diezmo y a hacerlo con gozo, dando su dinero con satisfacción. Además de poder cubrir los gastos de la iglesia, aceptaron la responsabilidad de dar el sueldo a su pastor y pagar el alquiler de su casa. Le compraron al pastor una motocicleta con el fin de facilitarle las visitas y la obra evangelizadora y, además, escribieron a la sociedad misionera diciendo: «No nos envíe más dinero, solamente sus oraciones y su amor.»

Descubrieron que Dios les devolvía más de lo que daban, pues no solamente recibieron bendición en sus vidas personales, sino que Dios bendijo, además, a la iglesia. Esta creció, y al darse cuenta los miembros de que Dios honraba sus promesas, ellos mismos comenzaron a compartir su gozo, y a Cristo con sus amigos, con sus vecinos y familiares. Comenzaron a traer a otras personas a las reuniones de la iglesia, de modo que creció de tal manera que tuvieron que derrumbar las paredes y ampliar el edificio. Se fundó otra iglesia, hija de la primera, en un lugar donde faltaba el testimonio del Evangelio. Luego surgió otra y otra, hasta que hubo un total de cinco iglesias donde al principio solamente había habido una que a duras penas existía.

«Cuando mi gente comenzó a dar, se dieron cuenta de que tenían un papel muy importante que representar dentro de todo el ámbito de la evangelización. Con anterioridad no habían sido otra cosa que espectadores en el templo, pero cuando empezaron a dar el diezmo y a ofrendar para la obra de Dios, comenzaron a darse cuenta de la responsabilidad que tenían de dar testimonio, de atraer a las almas, de enseñarles y ayudarles, y se sintieron muy emocionados», dijo el pastor Mulando.

«Antes de mi viaje a Singapur, en 1974, éramos 134 miembros y (al cabo de cinco años) vi a la iglesia crecer a 300 miembros (sin contar con las otras congregaciones que surgieron de la primera y otros 200 simpatizantes que aún no son miembros).»

El pastor Mulando y su congregación habían experimentado la verdad de un importante principio del liderazgo: «Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir» (Lc. 6:38). Este es el principio de la inversión.

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