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Mateo 9: Estar a buenas con Dios

Aquellos escribas y fariseos tenían una idea de la religión que no está muerta ni mucho menos.

(i) Estaban más interesados en mantener su propia «santidad» que en ayudar a otro con sus pecados. Eran como médicos que se negaran a visitar a los enfermos por miedo a que les contagiaran la enfermedad. Se mantenían a .distancia del pecador con fastidioso puritanismo; no querían tener nada que ver con los tales. Su religión era egoísta en esencia. Les preocupaba mucho más salvar sus almas que contribuir a que se salvaran las de otros. Y habían olvidado que esa era la manera más segura de perder sus propias almas.

(ii) Estaban más interesados en criticar que en aniMarcos Estaban más interesados en señalar las faltas de otras personas que en ayudarlas a conquistarlas. Cuando un médico descubre una enfermedad especialmente repugnante, que le revolvería el estómago a cualquiera que la mirara, no se llena de repugnancia, sino de deseo de ayudar. Nuestra primera reacción no debería ser nunca el condenar al pecador, sino el ayudarle.

(iii) Profesaban una bondad que desembocaba en la condenación más bien que en el perdón y en la simpatía. Estaban más dispuestos a dejarle a uno en la cuneta que en tenderle una mano para que saliera de ella. Eran como médicos que estuvieran interesados en diagnosticar la enfermedad, pero que no tuvieran el menor interés en curarla.

(iv) Profesaban una religión que consistía en una ortodoxia externa más bien que en una ayuda práctica. A Jesús Le encantaba el dicho de Hos_6:6 que decía que Dios desea la misericordia más que el sacrificio, porque lo citó más de una vez (cp. Mat_12:7 ). Uno puede que cumpla diligentemente con todos los pasos de la piedad ortodoxa; pero, si nunca hace lo más mínimo para ayudar a otro ser humano en su necesidad, no es una persona cristiana.

EL PROBLEMA DE LA NUEVA IDEA

Mateo 9:16-17

Nadie le pone un remiendo de paño que no se haya lavado nunca a una ropa usada; porque el remiendo que se pone para tapar el agujero rasgaría el paño, y el desgarrón sería peor que el de antes. Ni se pone el vino nuevo es odres viejos; porque se reventarían, y se derramaría el vino y se echarían a perder completamente los odres. El vino nuevo se pone en odres nuevos para que se conserven las dos cosas.

Jesús era plenamente consciente de que había venido a la humanidad con nuevas ideas y con una nueva concepción de la verdad y se daba perfecta cuenta de lo difícil que es introducir una idea realmente nueva en las mentes humanas. Así es que usó dos ilustraciones que cualquier judío podría entender.

(i) « Nadie -dijo- pone un remiendo de paño nuevo en una ropa vieja. Porque si lo hace, a la primera que se moje la ropa, el remiendo nuevo encoge y rasga todo lo demás y se produce un desgarro peor que el del principio.»

A los judíos les encantaba apasionadamente ver las cosas tal como son. La Ley era para ellos la última y definitiva Palabra de Dios. El añadirle o el sustraerle una sola palabra era pecado mortal. El propósito del trabajo de los escribas y fariseos era « construir una valla alrededor de la Ley.» Para ellos una nueva idea no era tanto un error como un pecado.

Ese espíritu no ha muerto ni muchísimo menos. Muy a menudo en una iglesia, si se sugiere una nueva idea o un nuevo método o cualquier cambio, enseguida surge la objeción: « Eso no lo hemos .hecho nunca.»

Una vez oí hablar entre sí a dos teólogos. Uno era joven y estaba intensamente interesado en todo lo que los nuevos pensadores tuvieran que decir; el otro era un hombre mayor, de ortodoxia rígida y convencional. El mayor escuchaba al más joven con una especie de tolerancia medio despectiva, y por último acabó la conversación diciendo: « Lo viejo es mejor.»

A lo largo de toda su historia la Iglesia se ha aferrado a lo viejo. Lo que Jesús está diciendo aquí es que llega un momento en que poner parches es una estupidez, y cuando lo único que se puede hacer es desechar definitivamente algo y empezar de nuevo. Hay formas de gobierno eclesiástico, de culto, de expresar nuestras creencias, que a menudo tratamos de ajustar y lijar para ponerlas al día; tratamos de remendarlas. Nadie está dispuesto a abandonar despiadada e insensiblemente lo que las generaciones anteriores encontraron útil y provechoso; pero sigue siendo verdad que éste es un universo en constante crecimiento y expansión; y llega un momento cuando los parches son inútiles, y cuando una persona y una iglesia tienen que aceptar la aventura de lo nuevo, o quedarse empantanadas dando culto, no a Dios, sino al pasado.

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