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Mateo 8: La Muerte en vida

8.19, 20 Seguir a Jesús no siempre es fácil. Con frecuencia implica pagar un alto costo y sacrificio, sin recompensa terrena ni seguridad. Jesús no tuvo un lugar que pudiera haber llamado hogar. Quizás para usted el costo de seguir a Cristo será perder popularidad, amistades, tiempo de descanso o hábitos. Pero si bien el costo de seguir a Cristo puede ser alto, el valor de ser discípulo de Cristo es una inversión que repercute por la eternidad y rinde increíbles recompensas.

8.21, 22 Es posible que este discípulo no estaba pidiendo permiso para ir al funeral de su padre, sino que deseaba esperar que su anciano padre falleciera antes de seguir a Cristo. Tal vez era el primogénito y deseaba estar seguro de recibir su herencia. Tal vez no quería enfrentar el enojo de su padre por abandonar los negocios de la familia para seguir a un predicador itinerante. Sea que se tratara de una seguridad financiera, una aprobación familiar o cualquier otra cosa, no estaba dispuesto a seguir a Jesús en aquel preciso momento. Jesús no aceptó sus excusas.

8.21, 22 Jesús siempre fue directo con los que le seguían. Se aseguró de que calcularan el costo de seguirle y que no pusieran condiciones. Como Hijo de Dios, no titubeó en demandar lealtad total. Aun el dar sepultura al muerto no debía tener prioridad sobre sus demandas de obediencia. Su desafío directo nos fuerza a preguntarnos acerca de nuestras prioridades al seguirle. La decisión de seguir a Cristo no debiera ser relegada, aun cuando un acontecimiento importante esté a punto de tener lugar. Nada debiera ocupar el lugar de una entrega total a Cristo.

8.23 Pudo haber sido un bote de pesca porque muchos de los discípulos de Jesús eran pescadores. Josefo, un historiador de la época, escribió que usualmente había más de trescientos botes pesqueros en el Mar de Galilea. Este bote tenía espacio para dar cabida a Jesús y a sus doce discípulos y era impulsado por medio de remos y velas. Durante la tormenta, sin embargo, las velas se bajaban para que no se rompieran y facilitar el control del bote.

8.24 El mar de Galilea posee un caudal de agua poco común. Es relativamente pequeño (21 km de largo por 11 de ancho). Yace 208 m bajo el nivel del mar y su profundidad llega a 48 m. De un momento a otro pueden presentarse tormentas repentinas que agitan las aguas, originando olas de hasta siete metros de altura. Los discípulos se vieron atrapados sorpresivamente por la tormenta y el peligro era grande.

8.25 A pesar de que los discípulos habían sido testigos de muchos milagros, se llenaron de pánico en esta tormenta. Como navegantes experimentados, estaban conscientes del peligro existente; lo que no sabían era que Cristo podía dominar las fuerzas de la naturaleza. Hay siempre una dimensión de nuestras vidas en la que sentimos que Dios no puede obrar o no ha de obrar. Cuando comprendemos bien quién es El, entendemos que El calma lo mismo las tormentas de la naturaleza que las tormentas del corazón atribulado. El poder de Jesús que calmó esta tormenta puede también calmar las tormentas que braman en nuestras vidas. El está dispuesto a ayudarnos si se lo pedimos. No es necesario excluirlo de ningún aspecto de nuestra vida.

8.28 La región de los gadarenos estaba localizada al sudeste del mar de Galilea. El pueblo de Gádara, capital de la región, era una de las diez ciudades (o Decápolis, véase la nota a Mar_5:20). Eran diez ciudades con gobierno independiente y con población mayormente gentil, lo que explica lo del hato de puercos (Mar_8:30). Los judíos no criaban cerdos porque eran considerados inmundos y no los comían.

8.28 Los endemoniados están bajo el control de uno o más demonios. Los demonios son ángeles caídos que se unieron a Satanás en su rebelión en contra de Dios y ahora son espíritus malos a las órdenes del diablo. Ayudan a Satanás a tentar a la gente y desplegar su gran poder destructivo. Pero cada vez que se enfrentaban con Jesús, perdían su poder. Los demonios reconocen a Jesús como Hijo de Dios (8.29), pero piensan que no tienen que obedecerle. Usted puede creer que Jesús es el Hijo de Dios pero creer no basta (véase en Jam_2:19 mas información sobre la fe y los demonios). La fe es más que creer. Por la fe, debe aceptar lo que El ha hecho en su favor, recibirlo como el único que puede salvarlo de su pecado y mostrar su fe por medio de la obediencia a su Palabra.

8.28 Mateo dice que eran dos endemoniados, mientras que Marcos y Lucas se refieren sólo a uno. Aparentemente Marcos y Lucas se refieren sólo al hombre que tomó la palabra.

8.28 En concordancia con las leyes ceremoniales judías, los hombres que Jesús halló eran inmundos en tres sentidos: eran gentiles (no eran judíos), estaban poseídos por el demonio y vivían en un cementerio. Jesús les dio ayuda a pesar de todo. No debiéramos dar la espalda a las personas «inmundas» o que nos son repulsivas. Debemos llegar a la conclusión de que cada ser humano es una creación única de Dios que necesita de su amor.

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