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Mateo 6: Lo correcto por un motivo erróneo

NECESIDAD DE UNA VISIÓN GENEROSA

Pero aquí Jesús habla de una virtud especial que ilumina la visión, y un defecto especial que la ensombrece. La versión Reina-Valera habla aquí del ojo bueno y del malo. No cabe duda de que ese es el sentido literal del original; pero las palabras bueno y malo se usan aquí con un sentido especial que era bastante corriente en el griego en que se escribió el Nuevo Testamento.

La palabra para bueno es haplus, con su nombre correspondiente haplotés. En el griego de la Biblia, por lo general estas palabras quieren decir generoso y generosidad. SantiagoJas. nos dice que Dios da generosamente (Jam_1:5 ), y el adverbio que usa es haplós. En Rom_12:8 , Pablo exhorta a sus amigos a dar con generosidad (haplós); y le recuerda a la iglesia corintia la liberalidad (haplotés) de las iglesias de Macedonia, y los exhorta a tener generosidad con todos los hombres (2Co_9:11 ). Es el ojo generoso lo que Jesús recomienda aquí.

La palabra que la Reina-Valera traduce por malo es ponérós. No cabe duda de que ese es el sentido normal de la palabra; pero tanto en el Nuevo Testamento como en la Septuaginta ponérós quiere decir corrientemente tacaño o avaricioso. Deuteronomio habla del deber de prestarle a un hermano que tiene necesidad. Pero la cosa se complicaba por el hecho de que cada siete años había uno cuando se cancelaban todas las deudas. Podría ser, por tanto, que estuviera cerca ese séptimo año, y que un hombre calculador se negara a ayudar, no fuera que el otro se aprovechara del séptimo año para no devolver su deuda. Por eso la ley establece: «Guárdate de albergar en tu corazón este pensamiento perverso: «Cerca está el séptimo año, el de la remisión,» para mirar con malos ojos a tu hermano pobre y no darle nada, pues él podría clamar contra ti al Señor y se te contaría como pecado» (Deu_15:9 ). Está claro que ponérós aquí quiere decir tacaño, avaricioso, egoísta. El consejo del proverbio es: «No comas pan con el avaro ni codicies sus manjares, porque como son sus pensamientos íntimos, así es él. «Come y bebe» -te dirá, pero su corazón no está contigo. Vomitarás el bocado que comiste, y habrás malgastado tus suaves palabras» (Pro_23:6 ). Es decir: «No aceptes la hospitalidad de uno que hace que se te atragante cada bocado.» Otro proverbio dice: «El avaro se apresura a enriquecerse, sin saber que caerá en la indigencia» (Pro_28:22 ).

Así es que Jesús está diciendo: «No hay nada como la generosidad para darte una visión clara y sin deformaciones de la vida y de las personas; y no hay nada como un espíritu tacaño y mezquino para deformar tu visión de la vida y de las demás personas.»

(i) Debemos ser generosos en nuestro juicio de los demás. «Piensa mal y acertarás,» proclama con deleite malicioso el dicho español una tendencia general de la naturaleza humana a pensar lo peor. Todos los días de la vida se masacran reputaciones de personas inocentes mientras se toman unas cañas, o en grupos chismosos cuyos juicios están empapados de veneno. El mundo se libraría de muchos quebraderos de cabeza y de corazón si atribuyéramos a las acciones de nuestros semejantes, no las peores, sino las mejores intenciones.

(ii) En su biografía de Mark Rutherford, Catherinne Macdonald Maclean habla de los días cuando Mark Rutherford vino a trabajar en Londres: «Fue por aquel tiempo cuando se puede notar en él el principio de esa «entrañable piedad por las almas humanas,» que había de llegar a ser algo habitual en él… La pregunta ardiente que se hacía, asediado como estaba a veces por la fatalidad de muchos en el distrito en que vivía, era: «¿Qué puedo yo hacer? ¿En qué puedo yo ayudarlos?» Le parecía entonces, como siempre, que cualquier clase de acción tenía más valor que la indignación más vehemente que se pudiera derrochar en palabras.» Cuando Mark Rutherford estaba con el editor Chapman, George Eliot =o Marian Evans, como se llamaba realmente- vivía y trabajaba en el mismo sitio. Algo le impresionó acerca de ella: «Era pobre. Tenía unos ingresos muy reducidos; y, aunque esperaba ganarse la vida como mujer de letras, su futuro era muy incierto. Pero era fantásticamente generosa. Siempre estaba ayudando a los perros cojos en las cercas, y la pobreza de los demás la acongojaba más que la suya propia. Lloraba más amargamente por no poder aliviar debidamente la pobreza de su hermana que por ninguna de sus propias privaciones.»

Es cuando empezamos a tener estos sentimientos cuando empezamos a ver a las personas y las cosas claramente. Es entonces cuando nuestro ojo, y con él todo nuestro cuerpo, llega a estar lleno de luz.

El ojo tacaño, o el espíritu egoísta y mezquino produce tres grandes males.

(i) Nos hace imposible vivir con nosotros mismos. Si uno está siempre envidiando el éxito de otros, y lamentando la felicidad de otros, cerrándole el corazón a la necesidad de otros, llega a ser la más digna de compasión de todas las criaturas: una persona rencorosa, resentida. Le crece dentro una amargura y un resentimiento que le roba su propia felicidad, la priva de su paz y le destruye toda satisfacción.

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