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Mateo 5 El sermón del monte

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El mundo puede ganar sus goces, y los puede igualmente perder. Los cambios de la fortuna, el colapso de la salud, el fracaso de un plan, la desilusión de una ambición, hasta un cambio atmosférico pueden llevarse el gozo frágil que el mundo puede dar. Pero el cristiano tiene el gozo sereno e inalterable que viene de caminar para siempre en la compañía y en la presencia de Jesucristo. La grandeza de las bienaventuranzas es que no son vislumbres imaginadas de alguna futura belleza; no son promesas doradas de alguna gloria distante; son gritos triunfantes de bendición por un gozo permanente que nada en el mundo puede arrebatar.

LA BENDICIÓN DE LOS INDIGENTES

Parece una manera sorprendente de empezar a hablar acerca de la felicidad el decir: «¡Benditos los pobres en espíritu!» Hay dos enfoques para llegar al sentido de la palabra pobre. Como aparece en las bienaventuranzas en griego, la palabra que se usa para pobre es la palabra ptójos. Está la palabra pénes. Pénes describe a la persona que tiene que trabajar para ganarse la vida; la definían los griegos como la palabra que describe a un hombre como autodiákonos, es decir, el hombre que subviene sus propias necesidades con sus propias manos. Pénes describe al trabajador, que no tiene nada superfluo, que no es rico pero tampoco es un indigente. Pero, como ya hemos visto, no es pénes la palabra que se usa en esta bienaventuranza sino ptójos, que describe la pobreza absoluta y abyecta. Está conectada con la raíz ptóssein, que quiere decir encogerse o acobardarse; y describe la pobreza que golpea hasta poner de rodillas. Como se ha dicho, pénes describe al hombre que no tiene nada superfluo; ptójos describe al hombre que no tiene absolutamente nada. Eso hace esta bienaventuranza aún más sorprendente. Bendito el hombre que está aquejado por una pobreza abyecta y absoluta. Bendito es el hombre que está absolutamente indigente.

Como ya hemos visto también, las bienaventuranzas no se dijeron originalmente en griego, sino en arameo. Ahora bien, los judíos tenían una manera especial de usar la palabra pobre. En hebreo la palabra es `aní o ebyón. estas palabras experimentaron en hebreo un desarrollo de cuatro etapas en su significado. (i) Empezaron significando simplemente pobre. (ii) Pasaron a significar, porque pobre, por tanto no teniendo influencia o poder o ayuda, o prestigio. (iii) Pasaron a significar, por no tener influencia, por tanto avasallados y oprimidos por los hombres. (iv) Por último pasaron a describir al hombre que, porque no tiene absolutamente ningunos recursos terrenales, pone toda su confianza en Dios.

Así es que en hebreo la palabra pobre se usaba para describir a la persona humilde e indigente que pone toda su con fianza en Dios. Es así como usa la palabra el salmista cuando escribe: < Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y le libró de todos sus temores» (Salmo 34:6). De hecho es cierto que en los salmos el pobre, en este sentido del término, es el hombre bueno al que Dios ama. «La esperanza de los pobres no perecerá perpetuamente» (Salmo 9:18). Dios libra a los pobres (Salmo 35:10). «Por tu bondad, Dios, has provisto para el pobre> (Salmo 68:10). < Defenderá la causa de los pobres del pueblo> (Salmo 72:4). «Levanta de la miseria al pobre y hace multiplicar sus familias como a rebaños de ovejas> (Salmo 107:41). < A sus pobres saciaré de pan> (Salmo 132:1 132:15). En todos estos casos, el pobre es el humilde, la persona indefensa que ha puesto su confianza en Dios.

Ahora tomemos los dos lados, el griego y el arameo, y juntémoslos. Ptójos describe al hombre totalmente indigente, que no tiene absolutamente nada; `aní y ebyón describe al pobre, humilde e indefenso que ha puesto toda su confianza en Dios. Por tanto, < benditos los pobres en espíritu» quiere decir:

¡Bendita la persona que es consciente de su total indefensión, y que pone toda su confianza en Dios! Si una persona es consciente de su total destitución y ha puesto toda su confianza en Dios, entrarán en su vida dos cosas que son como las dos caras de la misma realidad. Estará totalmente desligado de las cosas, porque sabrá que las cosas no tienen la capacidad de dar felicidad o seguridad; dependerá totalmente de Dios, porque sabrá que sólo Dios puede darle ayuda, y esperanza, y fuerza. La persona que es pobre en espíritu se ha dado cuenta de que las cosas no quieren decir nada, y Dios quiere decir todo.

Debemos tener cuidado con pensar que esta bienaventuranza considera una cosa buena la actual pobreza material. La pobreza no es nada bueno. Jesús no habría llamado nunca bendito a un estado en que las personas viven en chabolas y no tienen suficiente de comer, y en que la salud se deteriora porque todo está en su contra. Esa clase de pobreza es un mal que el Evangelio trata de eliminar. Tampoco se refiere a ser pobres de espíritu en el sentido corriente de ser faltos de carácter.

La pobreza que es bendita es la pobreza en espíritu, cuando la persona se da cuenta de su absoluta falta de recursos para enfrentarse con la vida, y encuentra su ayuda y fuerza solamente en Dios. Jesús dice que a tal pobreza pertenece el Reino del Cielo. ¿Por qué había de ser así? Si tomamos las dos peticiones de la Oración Dominical y las ponemos juntas: Venga Tu Reino.

Hágase Tu voluntad en la Tierra como en el Cielo, obtenemos la definición: El Reino de Dios es una sociedad en la que la voluntad de Dios se realiza tan perfectamente en la Tierra como en el Cielo. Eso quiere decir que sólo el que hace la voluntad de Dios es ciudadano del Reino; y sólo podemos hacer la voluntad de Dios cuando somos conscientes de nuestra absoluta indefensión, ignorancia e incapacidad para enfrentarnos con la vida, y cuando ponemos toda nuestra confianza en Dios. La obediencia se funda siempre en la confianza. El Reino de Dios es la posesión de los pobres en espíritu, porque son ellos los que se han dado cuenta de su absoluta incapacidad aparte de Dios, y han aprendido a confiar y a obedecer. Así pues, esta bienaventuranza quiere decir:

¡AH, LA BIENAVENTURANZA DEL QUE ES CONSCIENTE DE SU PROPIA Y TOTAL INDEFENSIÓN, Y QUE HA PUESTO TODA SU CONFIANZA EN DIOS PORQUE SÓLO ASÍ PUEDE RENDIR A DIOS AQUELLA PERFECTA OBEDIENCIA QUE LE HARÁ CIUDADANO DEL REINO DEL CIELO LA BIENAVENTURANZA DEL CORAZÓN QUEBRANTADO

Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación.

Tenemos que notar desde el principio al estudiar esta bienaventuranza que la palabra para llorar que se usa aquí es la más fuerte que existe en griego. Es la que se usa para hacer duelo por los difuntos, para expresar el apasionado lamento por la muerte de alguien que se ha amado entrañablemente. En la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento, se usa del llanto de Jacob cuando dio por muerto a su hijo José (Génesis 37:34). Se define como la clase de pesar que se apodera de una persona y que no se puede ocultar. No es sólo un dolor que produce dolor de corazón, sino que hace incontenibles las lágrimas. Aquí tenemos una alucinante clase de bienaventuranza:

¡Bendito el que está de duelo como aquel al que se le ha muerto un ser querido!

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