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Mateo 5 El sermón del monte

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En la construcción del gran pantano de Hoover en América hubo hombres que perdieron la vida en aquel proyecto que había de volver una región polvorienta en tierra fértil. Cuando se completaron las obras, se pusieron los nombres de los que habían muerto en la empresa en una lápida que se colocó en el gran muro del pantano, con esta inscripción: «Estos murieron para que el desierto se regocijara y floreciera como la rosa.»

El que pelea la batalla por Cristo siempre hará las cosas más fáciles para los que vengan detrás. Para ellos habrá un obstáculo menos que superar en el camino.

(v) Además, otra cosa: no hay nadie que sufra persecución en solitario. Si un cristiano es llamado a sufrir pérdidas materiales, el fallo de los amigos, calumnia, soledad, hasta la muerte por amor, por sus principios… no se encontrará solo. Cristo estará más cerca de él que en ninguna otra situación de su vida.

La antigua historia del libro de Daniel nos cuenta que echaron en el horno, ardiente siete veces más de lo corriente, a Sadrac, Mesac y Abednego por no ceder en su lealtad a Dios. Los consejeros observaban. « ¿No echaron al fuego a tres hombres atados? -preguntó el rey; y exclamó:- ¡Pues yo veo a cuatro, desatados, paseándose en medio del fuego, y no les ha pasado nada; y el aspecto del cuarto es de hijo de los dioses!» (Daniel 3:19-25).

Como dice Browning en Christmas Eve and Easter Day -Nochebuena y el Día de Resurrección- , poniendo estar palabras en boca de un mártir cristiano de las catacumbas:

Nací débil, y no teniendo nada, un pobre esclavo; pero la miseria no podía guardarnos de la envidia del César a los que Dios había dado en Su gracia la perla de gran precio.

Por tanto, con las fieras en el circo luché dos veces, y otras tres sus leyes crueles sobre mis hijos se ensañaron.

Pero, por fin, mi libertad obtuve, aunque tardaron en quemarme vivo. Entonces una Mano descendió, y sacando mi alma de las llamas la condujo de Cristo a la presencia, a Quien ahora veo en plena gloria. Mi hermano Sergio es el que ha escrito en la pared este mi testimonio. En cuanto a mí, ya lo he olvidado todo.

Cuando un cristiano tiene que sufrir algo por su fe, es entonces cuando se encuentra en la más íntima compañía posible con Cristo.

Sólo nos queda por hacer una pregunta: ¿Por qué es esta persecución tan inevitable? Lo es porque la Iglesia, cuando es realmente la Iglesia, no tiene más remedio que ser la conciencia de la nación y de la sociedad. La Iglesia debe alabar lo bueno; pero debe igualmente condenar lo malo, y se hará todo lo posible para silenciar la molesta voz de la conciencia. No es el deber del cristiano individual el descubrir las faltas, criticar y condenar; pero bien puede ser que su misma actitud y conducta sea una condena tácita de las vidas de los no cristianos, y él no podrá escapar a su odio.

No es probable que nos espere la muerte por nuestra lealtad a la fe cristiana; pero los insultos le esperan siempre al que es fiel al honor cristiano. Las burlas le esperan al que practica el amor y el perdón cristiano. Puede que al cristiano le espere una persecución real en la industria si insiste en cumplir fielmente con su trabajo diario. Cristo sigue necesitando Sus testigos; Necesita personas que estén dispuestas, no sólo a morir por Él, sino también a vivir por Él. La contienda cristiana y la gloria cristiana siguen existiendo como entonces.

LA SAL DE LA TIERRA

 Vosotros sois la sal de la tierra; pero cuando la sal ha perdido su sabor, ¿cómo se le podrá restaurar? Ya no sirve para nada bueno, así es que se tira a la calle para que la pisoteen.

Cuando Jesús dijo esto puso a disposición de la humanidad una expresión que se ha convertido en el mayor cumplido que se le puede hacer a nadie. Cuando queremos hacer hincapié en los quilates del carácter y de la utilidad de alguien decimos: «personas así son la sal de la tierra.»

En el mundo antiguo la sal se apreciaba altamente. Los griegos llamaban a la sal divina (theion).

En una frase que en latín es una especie de trabalenguas, los romanos decían «no hay nada más útil que el sol y la sal» (Nil utilius sole et sale). En los tiempos de Jesús la sal se relacionaba en la mente de la gente con tres cualidades especiales.

(i) La sal se conectaba con la pureza. Probablemente su blancura resplandeciente sugería esta conexión. Los latinos decían que la sal era la cosa más pura, porque procedía de las cosas más puras que son el sol y el mar. La sal fue de hecho la más primitiva de todas las ofrendas que se hacían a los dioses, y hasta sus últimos tiempos los sacrificios judíos se ofrecían con sal. Así pues, si el cristiano ha de ser la sal de la tierra, debe ser un ejemplo de pureza.

Una de las características del mundo en la época en que vivimos es que han bajado los niveles. Los niveles de honradez, de diligencia en el trabajo, de responsabilidad, morales, todos tienden a reducirse. El cristiano debe ser una persona que mantenga bien alto su nivel de absoluta pureza en su manera de hablar, su conducta y pensamiento. Cierto escritor le dedicó un libro a J. Y. Simpson, «que hace que lo mejor nos resulte fácilmente creíble.» Ningún cristiano puede salirse de los niveles de la estricta honradez. Ningún cristiano puede pensar con ligereza en reducir los niveles morales en un mundo en el que en las calles de cualquier gran ciudad se induce deliberadamente al pecado. Ningún cristiano se puede permitir los gestos y términos sugestivos y soeces que son a menudo parte de la conversación social. El cristiano no se puede retirar del mundo, pero debe, como decía Santiago, «guardarse sin mancha del mundo» (Santiago 1:27).

(ii) En. el mundo antiguo, la sal era el más corriente de todos los conservantes. Se usaba para evitar que las cosas se corrompieran, y para contener la putrefacción. Plutarco tiene una manera curiosa de decirlo. Dice que la carne es un cuerpo muerto y parte de un cuerpo muerto, y, si se deja a sí misma, se descompondrá; pero la sal la conserva y mantiene fresca, y es por tanto como si se le hubiera insertado un alma nueva a un cuerpo muerto.

Así que la sal preserva de la corrupción. Si el cristiano ha de ser la sal de la tierra, debe tener una cierta influencia antiséptica en la vida.

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