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Mateo 3: Comienzo del ministerio de Jesús y predicación de Juan el Bautista

Mateo 3:4 Juan estaba vestido de pelo de camello, tenía un cinto de cuero alrededor de su cintura, y su comida era langostas y miel silvestre.

Juan era bien distinto a los demás líderes de su época. Mientras muchos eran avaros, egoístas y dedicados mayormente a ganar la alabanza de la gente, Juan se preocupaba solo en alabar a Dios. Habiéndose apartado de la maldad e hipocresía de sus días, vivió en forma diferente para mostrar que su mensaje era nuevo. Juan no solo predicaba la Ley de Dios, sino que la vivía.

Juan tiene que haber tenido un aspecto extraño! Mucha gente iba a oír a aquel predicador que vestía ropa excéntrica y se alimentaba con comida poco común. Algunos iban, probablemente, movidos por la curiosidad y terminaron arrepintiéndose de sus pecados al oír su mensaje poderoso. La gente puede hallar rara nuestra forma de vivir y valorar las cosas. Podemos aprovechar esa curiosidad para hablar de cómo Cristo transformó nuestra vida.

Jesus empieza su ministerio

Jesús abandonó Nazaret, el pueblo donde se crió, para empezar su ministerio terrenal. Después que Juan el Bautista lo bautizara en el río Jordán y que Satanás lo tentara en el desierto, regresó a Galilea. Entre la tentación y su traslado a Capernaum ministró en Judea, Samaria y Galilea.

Mateo 3:5 Acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán,¿Por qué Juan atraía tanta gente? Era el primer profeta verdadero en el lapso de unos 400 años. Enfrentó al rey Herodes y a los líderes religiosos, lo que no solo era peligroso sino fascinante para la gente común. Pero Juan también tenía palabras duras para con ellos: ellos también eran pecadores y necesitaban arrepentirse. Su mensaje era poderoso y real. La gente estaba esperando a un profeta como Elías y ¡Juan parecía serlo!

Mateo 3:6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.

Cuando usted se lava las manos, los resultados enseguida se notan. Pero el arrepentimiento tiene lugar en lo interior con una limpieza que no es vista en forma inmediata. De manera que Juan se valió de acto simbólico que la gente podía ver: el bautismo. El bautismo lo usaban los judíos para iniciar a los convertidos al judaísmo. De modo que la audiencia de Juan conocía bien el rito. El bautismo era señal de arrepentimiento y perdón. Arrepentirse es “cambiar de actitud”, e incluye un cambio de conducta. Es dar vuelta del pecado hacia Dios. ¿Usted se ha arrepentido del pecado en su vida? ¿Pueden ver otros la diferencia en usted? Una vida cambiada con una conducta nueva y diferente hace del arrepentimiento algo real y visible.

El río Jordán tiene unos 110 km de largo, en lo que sería la parte más importante, esto es, entre el Mar de Galilea y el Mar Muerto. Jerusalén se halla unos 30 km al oeste del río. Era el límite de Israel en la parte este y muchos acontecimientos significativos en la historia de la nación tuvieron lugar allí. En el río Jordán los israelitas renovaron su pacto con Dios. En ese mismo lugar Juan el Bautista los invitó a hacer lo mismo, esta vez a través del bautismo.

Mateo 3:7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: «¡Generación de víboras!, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera?

Los líderes religiosos judíos estaban divididos en grupos diferentes. Dos de los más prominentes eran los fariseos y los saduceos. Los fariseos se separaban de todo lo que no fuera judío y seguían escrupulosamente tanto las leyes del Antiguo Testamento como las tradiciones orales que les había llegado a través de los siglos. Los saduceos creían que solo el Pentateuco era la Palabra de Dios (de Génesis a Deuteronomio). Mayormente eran descendientes de la nobleza sacerdotal, mientras que los fariseos venían de todos los niveles sociales. Ambos grupos se rechazaban mutuamente, pero en forma conjunta se opusieron a Jesús. Juan el Bautista criticó a los fariseos por ser legalistas e hipócritas que seguían al pie de la letra la Ley mientras pasaban por alto su verdadera intención. Criticó a los saduceos por usar la religión para favorecer su posición política.

Mateo 3:8 Producid, pues, frutos dignos de arrepentimiento,

Juan el Bautista exhortaba a la gente a ir más allá de las palabras y los ritos: debían cambiar de conducta. Dios mira más allá de nuestras palabras y actividades religiosas para ver si nuestras palabras respaldan nuestras vidas y juzga nuestras palabras por las acciones que las acompañan. ¿Están de acuerdo sus palabras con sus acciones?

Mateo 3:9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: “A Abraham tenemos por padre”, porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Así como se espera que un árbol frutal dé frutos, el pueblo de Dios debiera producir una cosecha de buenos actos. Dios no usa al que dice ser cristiano pero no hace nada para demostrarlo. Como mucha gente en los días de Juan que eran pueblo de Dios solo de nombre, no hay valor alguno en nosotros si simplemente somos cristianos de nombre. Si los demás no pueden ver nuestra fe en la forma en que vivimos, quizás no somos miembros del pueblo de Dios.

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