Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Mateo 26: El principio del último acto de la tragedia

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Antes de terminar este capítulo hagámonos preguntas serias con respecto a la Cena del Señor. ¿Nos abstenemos de tomar parte en ella cuando se la celebra? Si así fuere, ¿cómo justificamos nuestra conducta? ¿O sí tomamos parte en ella? Si así fuere ¿de qué modo la hacemos? ¿Concurrimos al acto de una manera inteligente, humilde y llena de fe? ¿Entendemos lo que hacemos? ¿Tenemos convicción de que somos pecadores y habernos necesidad del Redentor? ¿Nos proponemos real y firmemente el llevar una vida cristiana?

Mat 26:36-46

En los versículos arriba trascritos se describe el episodio que comúnmente se denomina “la agonía de Jesús en Getsemaní” Pasaje es este que debemos leer llenos de reverencia y admiración, porque contiene muchas cosas que no alcanzamos a comprender.

¿Por qué se entristeció y se angustió en gran manera el Salvador? ¿Qué quiso decir con estas palabras: “Mi alma está muy triste hasta la muerte “? ¿Por qué se apartó de sus discípulos y. postrándose sobre su rostro, repitió a su Padre por tres veces una férvida plegaria? ¿Por qué fue que el Hijo todopoderoso de Dios, que había obrado tantos milagros, estaba tan apesarado y agitado? ¿Por qué fue que Jesús que había venido al mundo para morir, parecía pronto a desmayarse al ver que se aproximaba su muerte? A estas preguntas puede tan solo darse una respuesta. Lo que así le oprimía el alma a nuestro Señor, no era el temor de la muerte ni de los dolores que la precediesen. Millares de hombres ha habido que sufriendo las agonías más terribles, han muerto sin lanzar un gemido, y nuestro Señor, sin duda, podía haber hecho otro tanto. Pero lo que realmente acongojaba a Jesús era el pecado del mundo que en aquellos momentos parecía gravitar sobre su alma con un peso inmenso. Cuan inmenso era nosotros no alcanzamos a concebirlo. Solo Dios sabe.

Más, por misterioso que nos parezca el pasaje de que tratamos, no por eso debemos dejar desapercibidas las verdades prácticas y preciosísimas que contiene.

Veamos cuáles son.

1. Que la oración es el mejor bálsamo en la desgracia. Jesús oró cuando se vio angustiado. Todos los cristianos deben hacer lo mismo.

En este mundo de pecado todos tenemos que libar el cáliz del pesar. “Como las centellas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción.” Job_5:7. Mas ¿qué es lo primero que hemos de hacer en la hora de la aflicción? Como Job, debemos postrarnos en tierra y adorar. Job_1:20. El primer ser a quien debemos acudir por socorro es Dios. Es un distintivo del creyente el no procurar ocultar nada de su mejor Amigo. Si así lo hiciéramos, podemos estar seguros de que nuestra plegaria será contestada. Si lo que pidiéremos fuere posible y redundare en gloria de Dios, nos será concedido. O bien, se nos librará del pesar o se nos dará gracia para sobrellevarlo, como sucedió con San Pablo. 2Co_12:9.

2. Que una de, nuestras más ardientes aspiraciones en la vida ha de ser la de someter nuestra voluntad a la de Dios. Las palabras de nuestro Señor relativamente a este asunto manifiestan un espíritu que debemos esforzarnos en imitar. Dijo El: “No como yo quiero, mas como tú.” Y después: “Hágase tu voluntad..

Una voluntad sin freno y sin el influjo de la gracia divina es en la vida del hombre una fuente de malestar. La voluntariedad se nota aun en los infantes. Es que nace con el hombre. A todos nos gusta seguir nuestro antojo. Queremos y ansiamos muchas cosas, y no nos detenemos a pensar que no sabemos lo que es para nuestro bien y no podemos escoger lo que nos conviene. Feliz el que se ha acostumbrado a no tener antojos, y a estar, en todo caso, contento con lo que posee.

Es esa una lección que se aprende muy despacio, y que no debe estudiarse en la escuela del hombre sino en la de Jesucristo. Phi_4:11.

3. Que aun los verdaderos discípulos de Jesucristo adolecen de mucha flaqueza, y que por lo tanto tienen que velar y orar para no descarriarse. Cuéntasenos en este pasaje que Pedro, Santiago y Juan dormían en tanto que debían estar velando y orando, y que nuestro Señor les dirigió estas solemnes palabras: “ Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto mas la carne enferma..

Todos los creyentes tienen en su naturaleza dos elementos heterogéneos. Aunque se han convertido y han sido renovados por el Espíritu, aún les queda mucha maldad, mucho pecado. San Pablo aludía a este hecho cuando dijo: “ Así que, en queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal habita conmigo. Porque según el hombre interior me deleito en la ley de Dios; mas veo otra ley en mis miembros rebelándose contra la ley del espíritu, y llevándome cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” Rom_7:21-23. Y la experiencia de los cristianos en todos los siglos confirma esas palabras. En su interior encuentran dos principios opuestos que luchan entre sí. a esos dos principios fue que se refirió nuestro Señor cuando se dirigió a sus soñolientos discípulos. Al uno lo denominó carne, y al otro espíritu.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti