Mateo 23: La carga de la Religión

23.25, 26: Guardar apariencias mientras que su mundo privado es corrupto

23.27, 28: Actividad espiritual para cubrir el pecado

23.29-36: Pretender que se ha aprendido de la historia pasada, pero su comportamiento presente muestra que o ha aprendido nada

Jesús mencionó siete formas para evitar la ira de Dios, a menudo llamadas «las siete calamidades». Estas siete declaraciones acerca de los líderes religiosos deben haber sido dichas con una mezcla de juicio y tristeza. Eran firmes e inolvidables. Están en vigencia cada vez que nos adentramos tanto en perfeccionar la práctica de la religión que olvidamos que a Dios también le interesan la misericordia, el amor verdadero y el perdón.

Mateo 23:1-12

Damos principio a un capítulo que contiene las últimas palabras que nuestro Señor habló dentro de las paredes del templo, que tuvieron por objeto dar a conocer lo que eran los y fariseos, y censurar severamente sus doctrinas y sus enseñanzas. Sabiendo bien que su permanencia en la tierra se acercaba a su fin, nuestro Señor ya no ocultó por más tiempo su opinión acerca de los principales maestros de los judíos. Sabía pronto habría de dejar a sus discípulos solos, como ovejas en medio de lobos, los previno sin ambages contra los falsos maestros que los rodeaban.

Los siguientes son los puntos más notables : 1. Que, en cuanto a los maestros, es importante hacer distinción i las funciones que ejercen y el ejemplo que dan. Los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés. Bien o mal desempeñaban entre los Judíos el cargo público de maestros de religión, por indigna que fuese la manera como cumpliesen con sus deberes, la dignidad de que estaban revestidos los hacia acreedores al respeto del pueblo. Empero, si bien había de acatarse su dignidad, no por eso debía imitarse su mala conducta; y aunque sus enseñanzas habían de ser atendidas y practicadas entre tanto que apegasen a las Escrituras, no debían serlo cuando estuviesen en contradicción con ese mismo libro santo. Que eso fue lo que nuestro Señor quiso decir se comprende fácilmente leyendo todo el capítulo. En él se atacan no solo la mala conducta, sino las doctrinas falsas.

Manifiesta el hombre una tendencia constante a irse a los extremos. Si no se mira la dignidad del ministro con una veneración idolátrica, hay riesgo de que se la desprecie sin rebozo. Es preciso precavernos de ambos extremos. Por mucho que desaprobemos la conducta de un ministro del Evangelio, o por mucho que sus preceptos disuenen con nuestras convicciones, menester es que acatemos su dignidad.

2. Que la inconsecuencia, la ostentación, y el anhelo de enaltecerse, son señaladamente desagradables a Jesucristo. Respecto de la inconsecuencia lo primero que El dijo de los fariseos fue que decían y no Inician: es decir, que exigían que los demás hiciesen lo que ellos mismos no practicaban. En cuanto a la ostentación dijo que hacían todas sus obras para ser mirados de los hombres. Sus filacterias (tiras de pergamino que tenían escritos textos de la Escritura y que los judíos llevaban en el brazo o en la frente) eran de un tamaño excesivo. Los flecos de sus vestidos (que Moisés había mandado a los Israelitas que usasen en memoria de los mandamientos de Dios) eran de una anchura desmedida. Num_15:38. Y hacían todo eso para llamar la atención, y para que la gente pensara que eran muy santos. Por lo que hace al anhelo de enaltecerse nuestro Señor les dijo a los fariseos que amaban los primeros asientos en los lugares públicos, y que gustaban que se les diesen títulos lisonjeros. Nuestro Señor mencionó todo eso para censurarlo. Por desgracia, los fariseos no han sido los únicos hombres que han impuesto el asceticismo a los demás, y que aparentado santidad en su traje, han cortejado la alabanza de los hombres. Los anales de la iglesia muestran que muchos cristianos han seguido sus huellas.

3. Que los cristianos no deben dar a persona alguna aquellos títulos y honores que solo pertenecen a Dios y al Cristo. No debemos «llamar a nadie Padre en la tierra..

Desde luego se deja comprender que al aplicar esta regla es preciso ceñirse a los límites que la Escritura misma establece. No se nos prohíbe tener en grande estima a los ministros a causa de las funciones que ejercen. 1Th_5:13. Aun Pablo, que fue uno de los creyentes más humildes, llamó a Tito hijo suyo en la fe, y dijo a los Corintios: «En Cristo Jesús yo os engendré por el Evangelio.» 1Co_4:15. Empero, es preciso cuidar de no dar a los eclesiásticos una posición y rango a que realmente no son acreedores. Ellos son hombres que tienen pasiones como las nuestras, y que necesitan de la misma sangre purificadora y el Espíritu Sanador. La carrera que siguen es elevadísima, mas, a pesar de esto, no son sino hombres.

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